Dic
Homilía IV Domingo de Adviento
Año litúrgico 2013 - 2014 - (Ciclo A)
“ Le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros ”
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Reflexión del Evangelio de hoy
“Le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros”
De vez en cuando nos sorprenden los prodigios. Unos terminan por ser racional e intelectualmente explicados. En otros perdura su asombroso misterio: “Ella, María, esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”.
Es admirable la espera de María. Es la suya una espera transcendente. Más allá, y más por encima, de las esperas inmediatas e inmediatamente satisfactorias que pueblan nuestros anhelos. Ella espera la acción de Dios; el acontecimiento discreto, profundo e íntimo, del Misterio haciéndose vida de su vida. Y de todos estos acontecimientos desbordantes de nuestra capacidad de entendimiento participa, confiado, José, su esposo.
Ambos, María y José, nos animan con su actitud a abrirnos humildes y confiados al Misterio que siempre está viniendo a nuestras vidas, que nos envuelve y nos habita.
“Le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros”
Todos vamos creciendo en el conocimiento de las grandes preocupaciones que habitan las inquietudes de la humanidad de hoy: la violencia destructiva, la injusticia inicua, la nefasta distribución de la riqueza, la demoledora intransigencia, las enfermedades persistentes, la mortífera contaminación ambiental…
Pocos de la familia humana nos detenemos a pensar la gran cuestión: “¿Estamos solos, perdidos en los sobrecogedores espacios siderales? ¿Somos no más que un efímero resplandor engendrado por la nada y fagocitado por ella? ¿Hay alguien que nos origine y sostenga, que nos explique y espere?
Benedicto XVI en uno de sus primeros escritos magisteriales hacía una personal confesión de fe: “Una corriente de Amor, que es Alguien, atraviesa el tiempo y el espacio, y viene a nuestro encuentro”. Ciertamente esta es nuestra fe, que hoy se hace gratitud y adoración por esta cercanía salvífica del Misterio a nuestra vida y fragilidad.
“Le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros”
Esta presencia de Emmanuel entre nosotros abre nuestra vida a una esperanza inimaginable por ser única. Gracias a Él, a su acción entre nosotros y en nuestra historia, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia, en los que la vida sea vida-sin-amenaza-alguna, en los que la comunión de amor sea por siempre universal y duradera.
Hoy, en vísperas de la Natividad de Emmanuel, quisiéramos ser testigos y ofrenda de esta esperanza para la gran familia humana. Será necesario para ello traducir en gestos de amor verdadero este Misterio de Encarnación y Redención. Solo un amor firme y cada día renovado será capaz de mantener encendida la esperanza. Sin duda que encierra verdad esta consideración que alguien nos ofrece: “Cuando uno se siente amado no teme esperar, aunque la espera deba prolongarse a lo largo de toda la vida”.