Dom
19
Ago
2012

Homilía XX Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2011 - 2012 - (Ciclo B)

Yo soy el pan vivo bajado del cielo.

Pautas para la homilía

  • La preparación del Banquete

La sabiduría de la que habla el libro de los proverbios es descrita con elementos positivos como el ser justo, actuar en consecuencia, un don que se adquiere y perfecciona en un contexto de vida. No es la persona que atesora muchos conocimientos intelectuales y por tanto es equiparable a un gran erudito en diversas artes y ciencias.

La persona que porta sabiduría en la biblia es la que hace lo correcto, posee una disposición interior que se ve reflejada en las experiencias humanas, como una realización personal. Es quien posee grandes dotes en la relación con los demás, en definitiva es un saber vivir en todos los ámbitos de la vida humana. Se pueden tener conocimientos en diversas materias, pero deben estar en virtud de ponerlas en práctica en la vida cotidiana y sencilla.

La prudencia, el saber estar, comportarse, hacer lo correcto son aspectos significativos de la sabiduría bíblica. Y se ponen de manifiesto en esta narración de proverbios: simbolismos, imágenes, detalles... Intentan reflejar una perfección en todo lo que rodea al gran banquete. Los invitados tienen una gran relevancia, para el anfitrión que es quien convoca y prepara este convite.

  • Cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor

Vivir de acuerdo a unos parámetros de vida cristiana es lo que se pretende, desde la visión del texto de Efesios. Tomar en consideración cualidades propias de la sabiduría como la sensatez, saber vivir el momento actual de nuestra vida, que en consecuencia corresponde a cada uno de nosotros construir nuestra propia biografía histórica.

Aprovechar el momento presente en el que vivimos en Cristo puede estar indicando una centralidad de vida, pero además podemos vivirlo en clave de celebración, en clima festivo, puesto que participamos junto a Cristo de una vida en el Espíritu.

La alegría podría ser la tónica dominante en nuestra experiencia cristiana, pues así lo fue viviendo Jesús en su propio contexto de vida. Sentarse a la mesa junto con personas mal vistas, era para Jesús uno de los momentos importantes, para extender el Reino de Dios, ya en este mundo.

La gracia que nos comunica Dios a través de Jesucristo estaría orientada a emplearnos a la tarea de ser seguidores del maestro y vivirlo con alegría, entusiasmo, no de forma triste y anodina. La transmisión de la vida en el Espíritu puede implicar una autenticidad de vida que redunda en nuestro propio ámbito histórico. Así también nosotros podremos ser portadores de gracia que nos viene de Cristo, y de ahí que puede ser el testimonio más autentico que se espera de nosotros.

  • El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

El texto de Juan es importante, pues nos da una serie de nociones sobre el verdadero significado de la Eucaristía. Jesús mismo se identifica como el pan bajado del cielo, manifestando con ello la propia vida y su origen divino.

La vitalidad que desprende el Evangelio implica la entrega de una vida, el sacrificio realizado por Jesús. Pero no solo perdona los pecados y reconcilia al mundo, sino que otorga una vida en máxima plenitud, en abundancia, no encuentra ni limites, ni precedentes, está abierto a todos.

El mismo Jesús se da a comer, y en la comida que compartimos participamos con Él de la gracia excelsa de Dios. La revelación que emplea Dios es la encarnación, la venida al mundo bajo el ropaje humano, y es una toma de partido por el ser humano. La utilización de los elementos sapienciales mediante la comida, son un signo inequívoco de compartir el banquete del Reino de Dios.

Este compendio mostrado por Juan contiene los aspectos centrales de nuestra fe cristiana: la encarnación, la pasión y muerte de Jesucristo, donde se ve la verdadera humanidad de Jesús, comparte un amor tan grande que siendo Dios, adopta la condición humana y se entrega a dicha causa. Pretende mostrar el mayor gesto profético de la historia: La Eucaristía, verdadero vínculo que nos une como pueblo de Dios.

Pero no podemos olvidar en ningún caso el hecho de la resurrección de Jesús, un aspecto esencial que forma parte de la participación del banquete que anticipa la vida eterna, que ya se ha iniciado, pero que se cumplirá en el último día. La escatología que remite a los últimos tiempos, comienza desde este momento presente, y así lo hacía Jesús al compartir mesa con todo tipo de personas, sin importar su condición, ni su situación de vida. De esta manera el banquete se convierte en el mayor signo del Reinado de Dios en este mundo.

Cuando participamos activamente de la Eucaristía y comulgamos a Jesús, podemos experimentar una interrelación máxima: Jesús está en nosotros, pero a la vez nosotros estamos en Él. Es una permanencia reciproca que otorga un cenit de vida, sin precedentes, que cambia radicalmente la vida de cada uno de nosotros.

La vivencia que se produce en esta relación sin precedentes, es una vida total en el ser humano, que va encaminado a la totalidad del mundo, es una Palabra que se ofrece en su Cuerpo y Sangre, para introducirnos en una perspectiva trinitaria de un profundo calado interior. La fuente de la vida que proviene del Padre, se transmite a través del Hijo que se encarna y habita entre nosotros, y además nos envuelve en la verdadera vida en plenitud por el Espíritu Santo.