Dom
19
Feb
2012

Homilía VII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2011 - 2012 - (Ciclo B)

Mirad que realizo algo nuevo, no penséis en lo antiguo.

Pautas para la homilía

Como en los domingos anteriores, el evangelio de Marcos sigue presentándonos la función salvadora de Jesús: la llamada a la conversión que siempre va unida a la acción sanadora porque para él era la autentica liberación de los males, tanto físicos como morales, que aquejaban a los hombres y mujeres a los que se dirigía.

El evangelio de hoy es muy rico en detalles significativos, todos ellos tienen una intencionalidad muy clara, poniendo de relieve la novedad mesiánica que rompe esquemas del pasado y libera al hombre de opresiones, miedos y prejuicios.

  • Jesús les proponía la palabra en casa.

Es una novedad, ya no es en un lugar sagrado como el Templo o la Sinagoga, es un ámbito nuevo no ligado al poder o a la autoridad de la clase dirigente. Después, a lo largo de su vida ministerial, le veremos a Jesús enseñando y curando en sitios diversos, más allá de lo convencional y nos dirá que no solo el Templo es sagrado, sino la comunidad de los hermanos que se reúnen en su nombre, y sobre todo los pobres, los necesitados de ayuda son lugares donde está Dios y donde le podremos encontrar.

  • Llegaron cuatro hombres trayéndole un paralítico…. Viendo la fe que tenían…

Le traen un paralítico, es decir un hombre, invalido, hundido en la pasividad que tiene que ser llevado a la pequeña casa por cuatro amigos de una forma muy laboriosa. Jesús ve su fe, se da cuenta del esfuerzo que han realizado y, sin que hablen, sin que le pidan nada, llama hijo al paralítico, le perdona sus pecados. La fe para Jesús a lo largo del evangelio siempre tiene un componente afectivo, no es un asentimiento puramente racional, es ante todo la confianza y la seguridad en un Dios que ama y comprende a sus hijos.

Por eso esta escena de la curación del paralítico nos enseña el poder de la fe y cómo hemos de situarnos en nuestras relaciones con Dios, y más en concreto como debe ser lo que llamamos la oración de petición. En general nosotros la centramos en exponer, con muchas palabras, nuestros deseos, esperando soluciones muy elaboradas por nosotros mismos ante situaciones concretas. Pero solemos olvidar que debemos tratar a Dios como a un Padre a quien exponemos nuestra angustia y preocupaciones, a veces sin palabras, y no le tenemos que decir nada nuevo sino estar ahí en silencio, porque ya de antemano conoce nuestras necesidades y sale a nuestro encuentro. Así era la fe de aquellos hombres.

  • Hijo, tus pecados te son perdonados

La intencionalidad de Jesús al decir “tus pecados te son perdonados”, es muy clara En la figura del paralítico nos ha querido mostrar, una vez más, el mensaje de liberación mesiánico. Al perdonar los pecados va más allá del hecho concreto de la curación de una enfermedad puntual, busca la curación que podíamos llamar integral de la persona y asegura al paralítico que Dios le perdona sus pecados. Las enfermedades de este tipo eran una maldición de Dios, un castigo por el pecado suyo o familiar. La consecuencia para el enfermo era el estigma social, el sentirse diferente, que conducía a la culpa y la angustia paralizante. Todo esto, y mucho más, estaría presentes en la mente de Jesús al curarle y devolverle la paz interior, la dignidad perdida, la liberación de prejuicios y culpas. Con el perdón de sus pecados este hombre encontró a Dios y se ha encontrado a sí mismo.

  • ¿Quien puede perdonar los pecados sino Dios?

Jesús, el profeta nuevo que aparece en Galilea, se presenta como el Hijo del hombre que habla en nombre de Dios y perdona los pecados. Esto alarma y escandaliza a los letrados, que pasaban por ser gente sensata, vigilantes de la conducta ajena con la disculpa de defender la ley, pero desconocedores del amor de Dios, que también estaba en las Escrituras. Su religiosidad se centraba en el cumplimiento estricto de la ley y la norma. Para ellos el perdón era fruto del esfuerzo humano y no de la gratuidad que viene de un Padre que es amor. Esto no cuadraba con sus ideas, por eso acaban diciendo: “Este blasfema, ¿quien puede perdonar los pecados fuera de Dios?”

Jesús se da cuenta de sus pensamientos, pero no viene a discutir, ni a condenar a nadie. Sabe que existe el pecado y la culpa, pero le interesa mostrar la novedad de la compasión del Padre, siempre dispuesto al perdón. Por eso les dice: ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder para perdonar los pecados… Entonces le dijo al paralítico:

  • Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa...

El paralítico se levantó. Es una persona nueva que encuentra un camino nuevo a seguir, se ha liberado de lo antiguo, de la culpa, de sus miedos sociales y recelos, que le condenaban a la pasividad, ya no es el que no espera nada de los demás ni de “sí mismo” Ha recuperado su autoestima, se ha sentido amado por un profeta, que no sabe quien es, pero que le llama hijo y le habla en nombre de Dios. En resumen, ha encontrado la confianza en sí mismo y en un Padre que al ofrecerle el perdón liberándole de sus taras le invita a caminar y asumir sus responsabilidades.

  • Se quedan atónitos y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto nada igual.

Ante esta frase final del relato evangélico, los cristianos de hoy, con la fe más adulta que los paisanos de Jesús, no podemos permanecer en un estado de asombro, ni quedar atónitos ante sus milagros, hemos de avanzar un poco más, con el dinamismo que nos exige la fe, para ponernos al servicio del Reino.