Dom
12
Jun
2011

Homilía Domingo de Pentecostés

Año litúrgico 2010 - 2011 - (Ciclo A)

Recibid el Espíritu Santo

Pautas para la homilía

Es Pentecostés, y lo que sucedió en Jerusalén ha sucedido sobre nosotros en el bautismo y la confirmación; sigue sucediendo cada día que nos abrimos al Espíritu y sucederá plenamente al final de los tiempos. ¿Lo presentimos? El Espíritu Santo vino para quedarse y colmarnos. Nos empuja a saltar las barreras del miedo, abriendo puertas y ventanas, saliendo a las calles del mundo para anunciar el amor de Dios y el amor a Dios. “Un fuego produce otro fuego, una luz produce otra luz”.

No cabe aburrimiento ni desesperación en quien tiene el Espíritu de Jesús, quien se deja trabajar y llenar por el Espíritu tiende a reproducir el estilo del joven y laico dominico, el Beato Pier Giorgio Frassati, quien se propuso: “Vivir y no ir tirando”. Este lema es una buena propuesta para todos nosotros al final de la Pascua. A menudo cuando nos preguntan cómo estamos, contestamos: “tirando”. ¿Qué actitud necesitamos cultivar para no ir sólo tirando? Existen alternativas: queremos vivirnos y desvivirnos, como hizo Cristo; como María, los apóstoles y los santos hombres y mujeres de todas las épocas. Vivirnos y desvivirnos y por tanto: relacionarnos. Porque en el fondo son las relaciones con las personas las que dan valor a la vida. A imagen de la Trinidad, somos porque nos relacionamos. Y en las relaciones tenemos el momento y el espacio para “vivirnos y desvivirnos” como Jesús.

Alentados por el testimonio valiente de los hombres y mujeres santos, que se mantuvieron fieles al Espíritu nos preguntamos: ¿Quién encontrará en su vida una motivación suficientemente grande para apostarlo todo por ella? ¿Quién está dispuesto a firmar a Dios un cheque en blanco? ¿Quién tendrá sabiduría y fortaleza para tener o buscar una meta clara y correr tras ella? En la vida, sobre todo cuando somos jóvenes, resulta muy conveniente no tanto llegar deprisa o ir rápido, cuanto saber a dónde vamos. ¿Qué quieres hacer con tu vida? ¿A dónde vas? De un modo u otro todos terminamos dando nuestra vida a algo o a alguien. ¿A quién quieres dar, regalar tu vida? También puede suceder que se consuma o malgaste como un cigarrillo tras otro. Entonces el humo del tiempo irá dejando tan solo una huella de ceniza.
Hermanos, que sepamos a dónde vamos, a quién estamos dando nuestra vida. Busquemos con altura de miras algo que merezca la pena y la alegría, para vivir con pasión encendiendo a nuestro paso lo inesperado. Debemos pasar por el mundo encendiendo luces y no apagándolas.

Que María, mujer llena del Espíritu Santo sea un modelo, un apoyo. Ella que supo esperar y vivió tantos años en el anonimato también tuvo sus momentos decisivos. Aparentemente tenía muy poco pero la luz que alumbró y que encendió cambió el rumbo de la historia. Ella nos enseña que siempre es posible comenzar de nuevo.

“Vivir y no ir tirando” eso queremos, ¿lo queremos? Ven Espíritu Santo, haznos capaces de creer y arriesgar. Ven Espíritu Santo, haznos estremecernos de alegría en el encuentro con el Padre y el Hijo, para que contribuyamos a la santificación del mundo, globalizando los motivos reales para la esperanza y la alegría.