Dom
12
Nov
2017

Homilía XXXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2016 - 2017 - (Ciclo A)

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Pautas para la homilía

Salir al encuentro con aceite en las lámparas…

            Hermanas y hermanos, la cosa tiene tela… El mundo a nuestros ojos tiene mucha zona de vacío, mucha cuneta, mucha muerte… Constatar esto, no nos engañemos, no es pesimismo, es realismo. La gente sufre, se la traga una espiral de violencia establecida y una suerte de abuso normalizado, aceptado como única alternativa. Mirar para otro lado, retraerse, hacer análisis sesgados o tibios, no denunciarlo o justificarlo ideológicamente supone hacer nuestra una de las traiciones más gruesas que podemos hacer a ese buen Jesús al que decimos amar, tal que fieles esposos y esposas.

            Ante este panorama, afirmar que queremos salir al encuentro del esposo, verbalizar que sus desvelos son los nuestros, asegurar que nos estamos movilizando, que estamos tomando nuestras lámparas y andamos, merece análisis. No para cuestionar si es cierto o no, seguro que es verdad que ese es nuestro impulso, faltaría más; sino para repensar una vez más, desde dónde lo hacemos y cómo.

            Salir al encuentro del esposo, que en limpio significa interesarte decididamente por un tú, por un otro u otra, por un tú sufriente y roto, y hacerlo a la ligera, de forma improvisada, somera, voluntarista o ampulosa, pero sin hacer pie y sin tener claro desde dónde, es, ya lo dice el Evangelio, una actitud insensata y necia. Bien podría ser un movimiento bienintencionado, que aun así, en algún momento deviene virtualmente estéril. Salías pretendiendo ser lámpara y luz, pero tarde o temprano descubres que no llevabas aceite… Da la impresión, de que ser capaz de identificar un cuándo(…porque no sabéis el día ni la hora…), un dónde y un cómo (…y se pusieron a preparar sus lámparas…) supone funcionar con unas herramientas que permiten el reconocimiento mutuo y conjuran la necedad de vivir a base de encuentros estériles. Recordemos que Jesús dedica duras palabras a quienes que no fueron capaces de cuidar y preparar sus lámparas para el momento “…no os conozco…”.

            Quizá las claves de este otro modo de vivir el encuentro con el esposo -con la humanidad de forma más auténtica y verdadera- vengan de la Sabiduría.Y aquí la primera lectura no es nada ambigua. La sabiduría es radiante e inmarcesible, no caduca, no se acaba. Estupendo ¡qué gran noticia!..., pero para verla “fácilmente” es necesario amarla, buscarla y desearla. Salir al encuentro del tú, y hacerlo desde la sabiduría que anticipa la riqueza de encontrar, quizá supone que en mi mente y corazón tiene que existir la necesidad y el amor por ese tú. Requiere optar, estar dispuesta a que ese tipo de presencia, muchas veces sufriente, rota y dolorosa, entre en mi vida, tenga hueco en mí y sea mirada por mis ojos. Es algo mucho más recioque un buenismo políticamente correcto, que una piedad diligente, es “madrugar” por y para el encuentro con lo humano, es no cansarse de buscarlo. Es no huir de las situaciones desesperadas. Es pronunciar palabras necesarias y hacerlo sin cobardía. Es situarse dónde toca, es pensar siempre dónde se detendría el esposo, dónde mora la Sabiduría, dónde se está más cerca de lo verdadero, de lo que vale la pena. Es alojarse en lo que no es estéril. Cancelar reserva en el espacio que nos traiciona…Es estar preparadas, lúcidos, presentes.

            Hermanos y hermanas: Pongámonos a tiro de la Sabiduría que va de un lado a otro buscando. Consideremos nuestro cuándo, nuestro cómo, nuestro desde dónde. Seamos en Verdad. Aprendamos a SER y hacerlo en plenitud.