May
Homilía VI Domingo de Pascua
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros ”
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Reflexión del Evangelio de hoy
La presencia de Dios
No somos abandonados, “No os voy a dejar desamparados” (Jn 14,18). Más la realidad de Dios en nuestra vida depende de cada uno.
No podemos ser sustituidos, nadie hará por nosotros lo que nosotros tenemos que hacer.
No pretendamos ocupar el puesto de Dios. Erigirse en salvador del mundo, de los demás, es negar al mismo Dios, es ignorar la originalidad de cada hijo de Dios, de su dignidad… Anular el valor de la presencia de los otros, su competencia, es mirar sin ver, porque falta la confianza, el amor; es negar la realidad divina en cada ser humano.
Jesús miraba a sus contemporáneos con los ojos de Dios, con amor. Fue enviado por el Padre para darnos a conocer nuestra realidad; invita y propone a ser lo que somos: humanos en un proceso, camino, para crecer y alcanzar la unidad, todo somos llamados al Padre Dios. Como ya hemos dicho, no somos abandonados y se confía en nosotros, se nos mira con amor, nuestra presencia es importante. Así mismo, tener presente a Dios hace nueva nuestra manera de estar, de hacer, de ser, de mirar, de convivir.
La confianza y la presencia del Señor en nuestra vida nos hace capaces, conscientes, de reconocer la libertad y, por tanto, comprometidos, responsables y buscadores con esperanza, como comunidad, familia de Dios, estamos llamados a seguir progresando, creciendo, purificando, estar más cerca del Creador y hacer realidad la invitación del Señor: AMAR
Cumplir mis mandamientos
"Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos"(Jn14,15). Mandamientos que Jesús enseñó y “un doctor de la ley le preguntó maliciosamente: -Maestro, ¿Cuál es el precepto más importante de la ley? Le respondió: - Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente… el segundo es equivalente: -Amarás al prójimo como a ti mismo. (Mt 22,35-39).
“Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; pues si no ama al hermano suyo a quien ve, no puede amar a Diosa quien no ve.” (1Jn 4,20) Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios.
Desde el Amor, con amor es posible entender lo que estamos celebrando: La Pascua, la resurrección de Jesucristo. Sale a la luz lo que había caído en la oscuridad.
Jesús fue consecuente con lo que pensaba, sentía, vivía, con respecto al Padre y a nosotros. Abandono del propio ego por amor. El amor le plantea el porqué de la vida, el amor no es una exigencia, es la toma de una decisión en la que los demás no pueden ser ignorados y, la entrega es una puerta abierta a oportunidades, posibilidades, maneras de responder, de hacer, que no limitan, ni estrechan, todo lo contrario, son caminos de esperanza nuevos, horizonte que invita, que pareciendo entrar en la oscuridad (cuando el miedo o el temor se apodera de nosotros), se da el encuentro con la luz. Las exigencias internas del amor son sabiduría.
Cumplir los mandamientos, no es obrar lo que está mandado, sino obrar porque entiendo, pienso, comprendo, concluyo y opto por lo más coherente, veraz, que se vive, se siente, como una exigencia que acepto, la hago mía y busca el bien para todos. Las cosas de Dios se entienden mejor desde y en la realidad de la comunidad.
Pero no somos perfectos y, por tanto, no siempre el resultado será lo que pensábamos o buscábamos… ¿Qué hacer? Aprender y dar gracias: Gracias, Señor, por las oportunidades para aprender, conocer, rectificar y mostrar el amor: ya sea con el perdón, ya sea con la gratitud. Ambos son regalos del amor.
Jesús vino a enseñar, proponer, no vino a imponer.
El Espíritu de la verdad
El mismo Jesús, enseñaba, acompañaba, escuchaba y defendía. Su mensaje está inspirado en el amor a la humanidad y en el amor y confianza en Dios Padre. No con simple sometimiento, sino con una decisión responsable, una salida de sí mismo para hacer un camino (la vida) invitado por la realidad divina que es presencia de amor, presencia del mismo Dios que llamaremos Espíritu.
Durante el tiempo de Semana Santa hemos recordado y meditado sobre la reacción de los seguidores del Hijo de Dios a raíz de su muerte en la cruz: abandonan al Maestro… Más la memoria de la comunidad, que los reúne, hace presente al Señor y alcanzan la comprensión de lo vivido con Él. El Espíritu se ha hecho presente. El Espíritu que es la verdad.
La enseñanza, a nosotros, del Espíritu es la de Jesús mismo. Si seguimos viviendo en la tiniebla-muerte en vez de en la luz-vida, eso no es del Espíritu, eso no es la voluntad de Dios, ese no fue el testimonio de Jesús.
Siendo prácticos: la guerra es muerte, tinieblas, negación, deshumanización -sin dudar, es el infierno-; la mentira es oscuridad; el egoísmo es ignorar, negar a los demás… y todo mal nos vuelve ciegos. Todo esto impide y niega la presencia de Dios en nuestra vida. No dejamos que habite en nosotros el Espíritu de la verdad que nos capacita para experimentar la libertad interior, estar abiertos a recibir, acoger, el Espíritu de Dios, así como a sus criaturas. La realidad de Dios en nuestra vida no anula la individualidad de cada uno que está llamado: respeto a la identidad de cada cual que es invitado a permanecer en Dios. Jesús dijo “Yo y el Padre somos uno” esta es la meta a la que estamos llamados. La unidad del AMOR.
¿Qué es lo que Dios me pide? ¿Qué puedo aportar y hacer por los demás? Vivir es convivir, si lo cambiamos solo por competir ¿A dónde vamos?