Jue
6
Ago
2020
Levantaos, no temáis

Primera lectura

Lectura de la segunda carta según San Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:
No nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz:
«Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».
Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.
Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones.

Salmo

Sal 96, 1-2. 5-6. 9 R. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Reflexión del Evangelio de hoy

Tiempo de cambio

Buenos propósitos, promesas hechas, ideales escritos… Hace casi 5 meses comenzábamos un camino que no estaba previsto, un camino que, por una vez, hacíamos en todo el planeta a la vez, se cerraban puertas de las casas, de los trabajos, se cerraban fronteras, no para migrantes, para toda persona que quisiera moverse, se paraban fábricas, empresas, colegios… el reloj casi dejó de moverse, pero no, el tiempo es lo único que no dejó de avanzar y estamos en una montaña rusa en la que es difícil mantenerse en una posición.

Todo esto ¿para qué? Cuando comenzó a llegar lo que bautizaron como nueva normalidad empezó a desinflarse el estar atentos, alerta, dejamos a un lado los propósitos de cambio, las promesas hechas, los ideales los habíamos escrito en la arena y fueron borrados por la primera ola.

Las vestiduras blancas de las que habla el profeta Daniel y que se relacionan con la purificación, con el cambio, con la transformación es el vestido interior que hemos de ponernos, no ha acabado este tiempo de tránsito pero hemos de darnos cuenta de lo que ha de cambiar cuando salgamos de él.

¿Te has parado a pensar lo que necesitas transformar de ti, del mundo que te rodea? ¿Los propósitos los vas a dejar pasar o los vas a poner por obra? ¿Has escuchado a Dios en este tiempo y eres capaz de descubrir qué te pide?

Salir de nuestra zona de confort

Hemos escuchado, leído, visto… nos han contado, hemos vivido y parece que mucho ha pasado como una película en la pantalla de nuestro televisor, uno de alta definición, grande, con buen sonido nuestros sentimientos se han quedado estancados en lo que hemos percibido pero no han dado pasos para ver dónde queremos llegar después de todo esto.

Tras la transfiguración de Jesús los discípulos le plantean a Jesús quedarse donde están, porque se sienten seguros, porque, a pesar del susto, se sienten protegidos.

Tras lo vivido damos por hecho que es bueno quedarnos donde estamos, creemos que lo fácil y lo mejor es volver a nuestra normalidad y no entendemos que todo ha cambiado, que de ahora en adelante la vida no va a ser igual, que no podemos vivir asustados pero tampoco tan confiados que preferimos volver a nuestra monotonía, a nuestra rutina y no buscamos qué hacer después de lo vivido, seguimos mirando la pantalla del televisor para intentar descubrir qué es lo que nos dicen ahora que debemos hacer, o protestar por ello sin poner nada de nuestra parte para que mejore la situación.

¿Qué pasos queremos dar? ¿Qué vamos a hacer para que la vida no pase por delante de nosotros sino que seamos los protagonistas de nuestra historia dando lo mejor que somos y tenemos?