Jue
26
Mar
2026

Evangelio del día

Quinta semana de Cuaresma

Seré tu Dios

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 17, 3-9

En aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.

Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.

Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».

El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Salmo de hoy

Salmo 104, 4-5. 6-7. 8-9 R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».

Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».

Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».

Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Reflexión del Evangelio de hoy

Guarda mi alianza

Tras la fiesta de la Encarnación del Señor, vuelve a resonar en nuestros oídos la Palabra del Señor: “mantendré mi alianza contigo, como alianza perpetua”.

En todas las tradiciones religiosas, es el hombre quien trata de establecer una alianza con su respectivo dios o ídolo, y así, se establecen los sacrificios, rituales, oraciones, tratando de llegar al dios, de hacerse propicio a su benevolencia, de alcanzar su atención, y de que ese dios nos preste la atención que necesitamos.

Sin embargo, en la tradición judeocristiana es al contrario, es Dios quien sale a nuestro encuentro, el Único Dios, el Verdadero Dios, Yo Soy, YAHVE. No somos nosotros quienes tenemos que esforzarnos por alcanzar a Dios, por encontrarlo, por conseguir sus beneficios haciéndonos favorables a Él. Hay aquí una revolución copernicana, DIOS SALE A NUESTRO ENCUENTRO, es Él quien hace alianza con nosotros, y una alianza eterna.

¿Qué tenemos que hacer? La actitud de Abrán, convertido en padre de muchedumbre de pueblos, Abrahán, nos da la pauta, caer rostro en tierra y adorar a Dios como el Único Dios. Qué mejor que el tiempo de cuaresma, que estamos ya terminando, para revisar si le damos a Dios la adoración que le debemos y si nuestra vida muestra que Él es nuestro único Señor.

Saltaba de gozo pensando ver mi día

Nuevamente en el Evangelio se repiten tres palabras: Abrahán, alianza, guardar. Nuevamente se vuelve a poner de manifiesto cómo el Evangelio de Juan está en otro nivel al que no llegan los judíos, porque tienen el corazón obcecado en sus propias ideas.

Nos puede pasar lo mismo a nosotros, si nos mantenemos en ser un pueblo de dura cerviz, un pueblo que no escucha, y, por tanto, no guarda la palabra, nos quedaremos en un nivel humano y no comprenderemos lo que Jesús nos quiere transmitir.

Es muy importante en esta lectura de hoy el verbo GUARDAR. Jesús nos invita a guardar la palabra para no ver la muerte. No se trata de esconderla en un cajón para que no se pierda, se trata de observarla con la vida, de llevarla a la práctica, porque esa es la mejor manera de que grabarla en el corazón, de que no se nos olvide, de que la palabra transforme nuestra vida.

Jesús nos remite a Abrahán, el padre de la fe, quien saltaba de gozo pensando ver cumplida las promesas recibidas de Dios, y nosotros, ¿saltamos de gozo viendo que se han cumplido y que nosotros disfrutamos ya de la gracia derramada en nuestros corazones?

La alianza sellada con Abrahán se hace carne en la muerte y resurrección de Cristo que vamos a celebrar en unos días, su Pasión es la nueva alianza, que nos llevará a la vida eterna.

 

 

¿Reservas cada día algunos momentos para adorar a Dios? ¿Confías en que Dios es tu Padre, que cumple su palabra y ratifica la alianza sellada en la sangre de Cristo en cada Eucaristía?      ¿Cómo estás preparando la semana santa que está para comenzar?

Sor Inmaculada López Miró O.P.

Sor Inmaculada López Miró O.P.
Monasterio de Santa Ana (Murcia)

Soy dominica contemplativa del monasterio de Santa Ana de Murcia. A los 17 años, mientras vivía mi fe en las comunidades neocatecumenales, peregriné a Santiago de Compostela para la JMJ de 1989 y allí el Señor me mostró la vocación contemplativa. Conocí primero la vida de las monjas trapenses, pero poco después me cautivó la alegría y la riqueza en la liturgia de mi comunidad Dominicana, donde entré con 18 años abandonando los estudios de veterinaria. Me encanta la música, el cine, y la naturaleza. En mi vida de fe, profundizar en la Palabra de Dios por medio de la lectio divina y la liturgia, constituye mi alimento y mi alegría. Hacer de mi vida una predicación viva construyendo comunidad, es la mejor manera de actualizar el carisma de Domingo de Guzmán.

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