Lun
12
Dic
2016

Evangelio del día

Tercera semana de Adviento

¿Con qué autoridad haces esto?

Primera lectura

Lectura del libro de los Números 24,2-7.15-17a:

En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus.
El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo, de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.»
Y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel.»

Salmo

Sal 24,4-5ab.6-7bc.8-9 R/. Señor, instrúyeme en tus sendas

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.
El Señor es bueno y es recto,
enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21,23-27

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?»
Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído?" Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.» Y respondieron a Jesús: «No sabemos.» Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.

Reflexión del Evangelio de hoy

  •  Adviento de bendiciones

Bendiciones como las de Balaán, aunque lo que le había pedido el Rey fueran maldiciones. Balaán bendice porque una figura regia, que él ve proféticamente, reinará sobre Israel y sobre todas las naciones de la tierra; y no sólo entonces, sino incluso en 2016. Por eso Balaán bendecía y nosotros, al pensar en el que viene, bendecimos también.

Algunos, con disculpas, que ellos creen motivos, maldicen, protestan, se quejan de todo y de todos. Y, con sus maldiciones, hieren a los sencillos, a los que sólo piensan en agradecer y dar gracias. Aunque estemos envueltos en demasiadas maldiciones, el Adviento es un aviso para que no sólo no nos afecten, espiritualmente hablando, sino para que podamos ser una alternativa de vida y actitudes.

Si hay alguien que supo preparar el Adviento fue María, la Madre del que esperamos y cuyo nacimiento preparamos. María, a quien hoy celebramos en su advocación de Virgen de Guadalupe, con quien nuestras naciones hermanas de América han sabido contactar de forma tan especial. María no entendía muchas cosas, pero su postura nunca fue la de protestar, quejarse o maldecir. Todo lo contrario, lo guardaba todo en su corazón, para rezarlo, reflexionarlo y, sin entenderlo, ofrecerlo a quien ella sabía que lo entendía. Así preparó ella su Adviento, y así se convirtió en modelo de cómo preparar nosotros el nuestro.

  • Adviento de los sencillos

Nuestro Adviento no puede consistir en pedir cuentas a Jesús de su comportamiento y modo de actuar, como hacían los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo de Israel. Más bien, queremos esperar y preparar su venida como lo hacía Juan Bautista y los que, devotamente, iban a bautizarse con él. Nosotros sí sabemos de dónde provenía y en qué consistía aquel bautismo; por eso, queremos obrar en consecuencia.

En lugar de pedir cuentas, intentamos, con suma sencillez, secundar, actualizándolo, aquel primer Adviento de la historia. Pienso que quizá la mejor actitud es la sencillez de los hijos de Dios, pensando en aquellos que en fila esperaban el bautismo de Juan.

Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo de amistad, de cercanía y de diálogo y encuentro con los demás y con Dios. Vivir la sencillez es pensar menos en uno mismo y un poco más en los demás. Vivir la sencillez es poner tu confianza y seguridad en quien no puede fallarte, en quien sabes que está contigo en las duras y en las maduras, siempre; en los bienes espirituales, en las actitudes y valores evangélicos, en Jesús y en su Evangelio.

¿Soy de los que hacen preguntas a Dios o de los que se dejan interpelar por él?
En lugar de preguntar a Dios, ¿por qué no profundizo en la respuesta?