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"La cruz solo cobra pleno sentido si somos capaces de llevar las de nuestros hermanos"

  El Movimiento Juvenil Dominicano se ha vuelto a reunir esta Semana Santa para celebrar la ya conocida Pascua rural. Desde el pasado miércoles 17 hasta el domingo 21 de abril, casi cuarenta jóvenes del MJD, procedentes diversas zonas de España, han colaborado con pueblos cercanos a Caleruega para que se pudieran celebrar los oficios del triduo pascual, acompañados por tres sacerdotes dominicos y otros tres frailes estudiantes. Se han dividido por comunidades de misión, según los lugares de celebración: Espinosa de Cervera, Ciruelos de Cervera, Briongos de Cervera, Santa María del Mercadillo y Quintanarraya. El encuentro comenzó el miércoles por la noche con una oración de envío, celebrada en la capilla del convento de Santo Domingo.

  El Jueves Santo comenzó con una oración en el monasterio homónimo, junto con las monjas dominicas de clausura. A continuación, tuvo lugar un taller de formación y reflexión, impartido por Almudena y Rosabel, jóvenes del grupo Espiga (Sagunto), acerca de Dios Padre: cómo Él se hace presente en ese día del amor fraterno y cómo nosotros podemos acercarnos a Él por medio de una oración tan sencilla como el Padrenuestro. Tras celebrar la Cena del Señor, cada comunidad en su pueblo correspondiente, volvieron a juntarse con las hermanas de Caleruega para celebrar la hora santa, preparada asimismo por el grupo Espiga.

La cruz solo cobra pleno sentido si somos capaces de llevar las de nuestros hermanos

  El taller del Viernes Santo fue impartido por Isabel Górriz, hermana dominica de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción, sobre Dios Hijo y las cruces del mundo: terminaron construyendo una cruz formada por pedazos de las propias cruces, contemplando así cómo la cruz solo cobra pleno sentido si somos capaces de llevar las de nuestros hermanos. Seguidamente se realizó una dinámica para cultivar la confianza en el otro. Por la tarde tuvieron lugar el oficio de la Pasión del Señor. Ya en la noche se celebró la celebración penitencial, que estuvo acompañada de cantos e instrumentos, así como otros símbolos temáticos.

  El Sábado Santo, día de espera y desierto, fue iniciado con el taller de Rafa y su tocayo, pertenecientes al grupo Chipos (Valencia): trataron del tema de Dios Espíritu Santo, sobre cómo actuó en nuestro pasado, liberándonos de nuestras ataduras, y cómo sigue actuando en el presente y seguirá en el futuro. Se hizo en formato de «desierto»:meditaron por parejas el Sábado desde el punto de vista de los apóstoles, los fariseos, María y Jesús. Por la tarde, se compartió un café y tentempié en el monasterio de las monjas. Por la noche, la tan esperada vigilia pascual, con la simbología y misterio tan característicos de que goza.

  Finalmente, llegó el Domingo de Pascua, en el que celebraron la famosa procesión del encuentro entre la Virgen y su Hijo resucitado y la misa pascual. Los frailes dominicos del convento calerogano abrieron las puertas de par en par a los jóvenes: estos comieron en algunas ocasiones en el comedor y dispusieron de estancias para celebrar los distintos talleres.

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