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Fr. Bruno Cadoré: “Anunciar al mundo la alegría de que Dios está en medio de nosotros”

6 de junio de 2019

  En 2019, el monasterio de dominicas de Santo Domingo el Real de Madrid está celebrando el VIII centenario de su fundación, con los privilegios de ser el primero y único que Domingo de Guzmán fundó en España, de la rama femenina, y el segundo de los fundados por el Santo en el mundo.

  Con ese motivo el pasado viernes 31 de mayo se celebró una eucaristía de acción de gracias presidida por el maestro de la Orden, fray Bruno Cadoré, quien quiso hacerse presente para recordar el día en que el mismo Santo Domingo decidió la fundación de un Monasterio en la Villa de Madrid.

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  Fr. Bruno estuvo acompañado de monseñor David Martínez de Aguirre, obispo de Puerto Maldonado y secretario del próximo Sínodo; el prior provincial de Hispania, Fr. Jesús Díaz Sariego, y el prior provincial del Rosario, Fr. Bonifacio Solís, además de un buen número de frailes dominicos y sacerdotes vinculados con la comunidad. A la celebración asistieron hermanas de vida contemplativa de los monasterios de Caleruega, Segovia, Toro y Alcalá de Henares que quisieron acompañar a la comunidad de Santo Domingo el Real.

  La pila bautismal de Santo Domingo ocupó un lugar principal en la celebración, desde la cual los asistentes pudieron renovar su bautismo al inicio de la celebración.

Anunciar al mundo la alegría de que Dios está en medio de nosotros

  En la homilía Fr. Bruno se refirió al pasaje de la visitación como modelo de lo que debe ser la predicación del dominico: anunciar al mundo la alegría de que Dios está en medio de nosotros. El Maestro de la Orden recordó que en el aniversario del Monasterio “celebramos, desde el corazón de la Orden que son las monjas, la fidelidad con la que las hermanas han escuchado, seguido, transmitido en este monasterio y todos la llamada a la generosidad del don de sí mismo, a este Dios que viene a escribir su historia en nuestra historia. A vincular su historia a la de los hombres”.

 

  Finalizó su homilía dando las gracias a las hermanas porque: “al velar en el corazón de la Orden para escuchar los pasos de aquel que viene, estáis velando por toda la Orden para que nadie olvide nunca de sacar la fuerza de su generosidad apostólica desde la contemplación de las obras de Dios, de la venida de Dios en nuestra historia. Un profundo agradecimiento por esa vigilancia en el corazón de la vocación de toda la Orden. Él viene, hay que escuchar”.

Una vida escondida, oculta a los ojos de los demás en silencio

  Al finalizar la celebración sor Dominica, en representación de la comunidad de Santo Domingo el Real, agradeció la larga historia del Monasterio, recordó a las monjas que durante siglos han vivido en el Monasterio, agradecía también a la Familia Dominicana y a todos los que se habían hecho presentes: “Celebramos los 800 años de esta comunidad por donde han pasado multitud de hermanas, mujeres que han entregado su vida a Dios por amor a Él y a sus hermanos, cuya fidelidad al “sí” pronunciado al Señor fue constante. En una vida escondida, oculta a los ojos de los demás en silencio, sin necesitar ver el fruto de su entrega porque para ellas su mejor recompensa era saber que su vida centrada en el Señor era manantial de eficacia apostólica por su oración y ofrenda, por la luz que como faros y antorchas iluminaron la oscuridad de otros”. Una historia de fidelidad y entrega que debía continuar confiando en el Señor que llama a seguir adelante sin tener miedo.

  Finalmente, una hermana del Monasterio de Alcalá la Real dio las gracias en nombre de su comunidad, nacida hace siglos como fundación del Monasterio de Madrid: “a vosotras que habéis sido nuestra madres y maestras, os damos gracias”.