Evangelio del día
Octava semana del Tiempo Ordinario - Año Impar

Del día 27 de Febrero al 5 de Marzo de 2011

Danos hoy nuestro pan de cada día

Introducción a la semana

Termina esta semana la serie de textos que nos ofrece, por ahora, el libro del Eclesiástico, recogiendo aspectos muy variados de su enseñanza sapiencial. Invita a la conversión –que permite una digna alabanza a Yahvé- mientras alienta la vida en nosotros, pues, según la convicción del Antiguo Testamento, en el abismo de la muerte ya nadie puede alabar al Señor. Son los convertidos, los “justos”, los que experimentan el gozo de estar reconciliados con él y ensalzar su nombre.

Reconoce este escrito el valor religioso de una conducta recta, fiel a los mandamientos divinos, pero subraya también el de una ofrenda generosa ante el altar –en plena sintonía con ese comportamiento-, es decir, el de un sacrificio acorde con el querer y el obrar de Dios para con nosotros. Quien así se comporta “verá la salvación de Dios”, experimentará su amor de predilección.

El sabio se preocupa además por la suerte de su pueblo, amenazado por sus enemigos, y pide para él la compasión de Dios, a fin de que se cumplan las antiguas profecías en su favor. Reconoce la responsabilidad de ese pueblo en sus propios males, pero acude confiado a la misericordia y al perdón divinos, de los que tantas manifestaciones ha habido en el pasado. En efecto, la sabiduría de Dios no sólo ha mostrado su grandeza y su poder en las maravillas de la creación, sino que se ha hecho también patente en toda la historia de la salvación. Tantos hombres de bien como se cuentan en esa historia merecen el elogio de quien los recuerda, un elogio que se traduce en reconocimiento de la acción providente de Dios en ellos. No cabe duda, Dios ama a su pueblo desde siempre y para siempre.

Saber esto y obrar en consecuencia: he ahí la expresión de una auténtica sabiduría. Desearla, gozar con ella, contemplándola y practicándola sin apartarse jamás de su camino: tal es el ideal del verdadero sabio israelita, cuyo corazón rebosa de alegría al experimentar la dulzura que se encuentra en el cumplimiento de los mandatos del Señor.

Fray Emilio García Álvarez

Fray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

Días de la semana