Dom
7
Sep
2014

Homilía XXIII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2013 - 2014 - (Ciclo A)

Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

Pautas para la homilía

  • “Te he puesto de atalaya en la casa de Israel”

La de Ezequiel es la primera idea que nos viene a la mente al escuchar las lecturas de hoy, quizás por nuestra “deformación” predicadora. La situación concreta -con el anuncio del castigo y la muerte- se nos hace un poco complicada de entender, pero al fin y al cabo, el profeta nos recuerda que somos la voz necesaria del Padre-Madre Dios entre nuestros congéneres. Somos atalaya, somos voz, o mejor, somos megáfono para extender su amor y su perdón a los seres humanos. Esa es nuestra tarea y vocación que, sabemos de sobra, también es don y responsabilidad.

La frase que vamos a repetir en el salmo nos invita también a escuchar su voz y no endurecer el corazón. Pero las razones para que obremos de esta forma no son de contenido moral.

Es cierto que el descubrimiento de un Dios, Padre-Madre presente en mi vida, que me ama y me ha escogido, me conduce a un comportamiento concreto, en relación con Él, conmigo mismo y con los demás. Pero no es eso el centro de nuestra fe, ni mucho menos.

Simplemente “porque nos ama” y “porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo”. Ese es el porqué. Es importante que avancemos en la comprensión, pero sobre todo, en la vivencia de nuestra relación con Dios, desde un punto de vista moral, hacia otro centrado en su Amor y su elección, que es, además, convocación; por lo que les invitamos a contemplar esta posibilidad también en sus vidas.

  • “El que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley”

Y es que claro, algo que está enlazado, de forma indisoluble –como la hiedra a la pared, que dice el bolero–, a esa convocación es, entre otras cosas, entender también a los demás como hijos e hijas de Dios y por tanto hermanos, y por supuesto, tratarlos como tales.

El Nazareno nos dejó claro este punto. Todos los mandamientos se resumen en dos: “Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás al prójimo como a ti mismo. No hay precepto mayor que éstos” (Mc. 12, 30-31).

Pablo se lo recuerda a la comunidad de Roma y nos anima a vivir de esta forma. Ya sabemos qué significa y en qué consiste amar al prójimo... No hace falta mucha más explicación. También es eso, el amor, el que guía la vida de los hermanos que asumen la corrección fraterna como un instrumento al servicio del crecimiento de la comunidad. El perdón es otro nombre del Amor, ¿no?

"Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"

Y la conclusión del día: si somos hijos y hermanos podemos y debemos orar unidos y con confianza. Porque "si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

¿A que se le ocurren mil razones por las que elevar los brazos en una plegaria sincera? ¿A que como aprendimos los niños en la televisión española de los 80, "solo no puedes, con amigos, sí" es un buen lema para el que cree en el Dios de Jesús de Nazaret? ¿A qué esperamos?