Dom
7
Dic
2008

Homilía Domingo Segundo de Adviento

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

El camino es el Evangelio

Pautas para la homilía

  • La Esperanza, de rabiosa actualidad

Es curioso como, a veces, se van colando en nuestro propio lenguaje expresiones ajenas que escuchamos a través de los medios de comunicación y que, sin caer mucho en la cuenta de este proceso de transmisión, vamos haciéndolas nuestras. Así, leyendo los textos me venía a la cabeza la expresión “de rabiosa actualidad”, que frecuentemente la encontramos asociada con algo que está muy presente en nuestra sociedad. Me decía yo, que la Esperanza que nos proponen las lecturas de este segundo domingo de Adviento bien podríamos procurar que estuviera de rabiosa actualidad en nuestra vida.

En la primera lectura Isaías habla a un pueblo en el exilio, alejado y sin perspectiva, que se pregunta si acaso su Dios se ha olvidado de ellos. Sin embargo, el profeta les invita a pasar del exilio al éxodo, de la profecía a al sabiduría, porque su Dios ha decidido hablarles al corazón y anunciarles su presencia cercana.

En especial Yahveh-Dios se ha propuesto acariciar, de entre todos los corazones, a los más olvidados y ultrajados. Pero para poder acogerle y celebrar su venida hemos de allanar el camino, hemos de rebajar los montes de nuestro complejo de superioridad y elevar los valles del complejo de inferioridad de los insignificantes de este mundo, de los ninguneados, de los que están orillados del camino o sumidos en valle profundo de su soledad…Él/ella viene a invertir el orden, a alterar los criterios que aplicamos en esta nuestra sociedad de la cual todos somos responsables. Sólo cuando seamos capaces de igualarnos unos y otros en dignidad, derechos y oportunidades, sólo cuando la justicia social y la paz sean los ejes de nuestro andar, sólo cuando nos atrevamos a ser hijos de Dios Padre-Madre de una forma auténtica y verdadera y a amar al otro de corazón: “se revelará la gloria de Yahveh y toda criatura a una la verá”nos dice el profeta. Esa es la mejor preparación que del camino podemos hacer, esa es la manera de poner a la Esperanzade rabiosa actualidad.

 

  • Clamar y asumir el reto sin miedo

No lo podremos hacer si no nos lo creemos primero, pero si nos fiamos del profeta, somos invitados a clamar sin miedo, en lo alto y sin esconderlo, cuales son las coordenadas de este nuestro Dios en las que queremos movernos. Esa es la manera que nos transmite Juan el bautista en el evangelio, voz profética que aun en medio del desierto clame y se enfrente a los grandes clamando por la justicia para con los pueblos pequeños. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego los evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él).

Aun así, nosotros habremos de perder el miedo de denunciar las verdades incómodas. Tendremos que aprender a no ser políticamente correctos si eso conlleva la supresión de libertad y la falta de reconocimiento y participación de otros seres humanos. Asumiremos el reto que supone proclamar que una Iglesia más identificada con el sufrimiento de los que se encuentran exiliados de la VIDA con mayúscula es posible. Que el germen de esta nueva Iglesia estuvo dentro de la misma durante toda su historia y que sigue también estando hoy para continuar allanando la senda a la venida del Señor, cerca está Yahveh, preparaos…

 

  • Austeros en lo material y generosos en lo humano

Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que significaba su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas.

Llama la atención que es precisamente la ausencia de apego a las cosas materiales el signo distintivo del profeta. En tiempo de crisis quizá nos resulte más sencillo asumir esta necesaria austeridad, sin embargo, la lección de ser austeros en lo material y tremendamente generosos en lo humano es una de las primeras claves a la hora de estar preparados para acoger al que viene a hacerse uno de nosotros, del que quiere caminar junto a nosotros. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la Esperanza que el grupo de seguidores/as de Juan arraiga en su corazón.

 

  • Un día es como mil años y mil años como un día

Una última clave. En la segunda lectura Pedro nos recuerda que la lógica del tiempo de la que nos valemos tampoco coincide con la de Dios-Padre-Madre. También esta concepción temporal necesita de un ajuste para preparar un camino recto a la venida de Yahveh. Si Dios, haciendo alarde de su infinita paciencia, concede esa extraordinaria libertad al ser humano para que sea capaz de morir a lo viejo y despertar a lo nuevo: ¿quién somos nosotros para establecer otros ritmos y otras limitaciones temporales? Quizá es tiempo de creer en lo que ayer creímos imposible porque durante mucho tiempo así nos lo pareció. Puede ser que lo que dimos por perdido en el ser humano es hoy recuperado gracias a la confianza y la fe que brotan cuando somos capaces de apostar por el crecimiento y el avance de las situaciones y de las personas que parecían enquistadas y perdidas. En eso conoceremos también su llegada.