Dom
7
Ene
2018

Homilía El Bautismo del Señor

Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto

Pautas para la homilía

¿Qué vemos a la orilla del Jordán?

¿Qué vemos a la orilla del Jordán en la lectura del evangelio de hoy? A Jesús mezclado con los pecadores y la gente que deseaba retomar una relación auténtica con Dios, cultivar la “amistad con el Dios de la alianza”. Este Dios que el profeta Juan presentaba como el Dios del Juicio es experimentado y anunciado por Jesús como  el Dios amor y Padre de misericordia. No es el temor o el miedo lo que debe mover a la gente hacia su Creador sino la experiencia de sentirse amados y la respuesta a este amor gratuito con el que Dios quiere agraciarnos. Juan predica un bautismo con agua para perdonar los pecados, como signo de arrepentimiento y conversión. Pero Jesús bautiza con fuego, el fuego del Espíritu Santo. Sólo el bautismo en nombre de Jesús es eficaz porque nos injerta en el amor divino de la Trinidad. La naturaleza humana tiene cabida y acceso a ella a través de la carne del Hijo y del Espíritu Santo derramado en cada discípulo. El Espíritu Santo actúa como una especie de cordón umbilical que nos une a Dios.

La fiesta de hoy nos provoca una pregunta ¿qué hacemos con nuestro bautismo? ¿Qué reflejamos de la belleza de nuestra fe? Todo comenzó en Galilea con el profeta Jesús, con el Hijo de Dios descubierto Maestro de vida. Con el Reino de Dios inaugurado y regalado para ser aceptado en la persona de Cristo y construido según su Evangelio.

¿Qué hacemos para liberarnos de las adherencias del tiempo?

La llamada de Juan a purificar la religión de su tiempo es también válida para el nuestro. ¿Qué hace la Iglesia para purificarse de las adherencias del tiempo? Una institución que es al tiempo de origen humano y divino no debe temer el examen de conciencia. Porque los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen el derecho de acceder a Jesús y encontrarlo en sus discípulos. Muchos buscan a Dios, buscan a Cristo y no lo perciben porque se lo impedimos nosotros. Las ramas de unas actitudes poco coherentes o ensimismadas impiden a muchos ver el bosque del Reino de Dios, la belleza de la fe y sus consecuencias en la vida. El misterio de Dios queda velado, oculto para las generaciones más jóvenes que lo perciben como amenaza a su libertad y no como lo que verdaderamente es, garantía de la misma, aliado de su propio futuro.

Decimos que los católicos “bautizados” pero ¿comprometidos? Ser católico es algo más que cumplir las bellas tradiciones de los sacramentos de la infancia, el matrimonio o las procesiones de Semana Santa. Ser cristiano implica comprometer la vida entera, cada día, en la amistad con Dios y con Jesús. Vivimos en un contexto en el que la religión predominante se llama: hedonismo. Como Iglesia de Jesús tenemos una importante misión: volver a lo esencial de nuestra fe y proponerla con hechos y palabras. Construir una Iglesia en salida, profética y compasiva, no paternalista sino fraterna.  Contemplamos a Jesús pobre y medio desnudo, bajando al agua del Jordán, abriendo los cielos para todos. Así debemos ser como Iglesia, cercana a todos, sin miedos, no cerrando sino abriendo las puertas del reino y del cielo a todos. 

Ambivalencia del Jordán como signo actual

Hoy en día el Jordán es un signo ambivalente, representa las aguas donde todas las barreras y discriminaciones negativas son borradas, las aguas del bautismo que nos hace a todos hijos de Dios, hermanos en la diferencia y la pluralidad. Muertos al pecado y a la muerte eterna, vivos para la esperanza inmortal. Pero al mismo tiempo, el Jordán es frontera, terreno militar minado y peligroso en muchos tramos, desde el que dos estados se vigilan atentamente. Esta desconfianza no existe sólo allí. También en otros lugares existen infranqueables fronteras visibles o invisibles. En nuestra sociedad, en las familias, comunidades, etc. Fronteras como espacios para encuentros o desencuentros que la crisis económica  y ética pone aún más de manifiesto.

La eucaristía nos alimenta para poder contribuir a contener el odio y la violencia del mundo. Aquí nos reunimos y unimos a la entrega  de Jesús en la cruz que con su amor destruye el odio, derriba los muros y arrebata su poder a la muerte. Desde el Jordán releído en la actualidad hacemos nuestro el grito de tantos: ¡No más muertes en las fronteras!

Renovemos hoy nuestro bautismo y digámoslo con nuestras vidas: haciendo el bien siempre que podamos, luchando contra las fronteras que deshumanicen.  Disfrutemos de la vida con responsabilidad y sobre todo, comunicando la fuerza de nuestras razones para vivir con esperanza y sabiduría. En Jesucristo somos hijos amados por Dios, recibimos identidad, proyecto y futuro.