Dom
3
Feb
2013

Homilía IV Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2012 - 2013 - (Ciclo C)

Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación

Comentario bíblico
de Fr. Gerardo Sánchez Mielgo - Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)



Primera lectura: (Jeremías 1,4-5.17-19)

Marco:Vocación de Jeremías y primeras visiones.

Reflexiones

1ª) ¡Vocación de un profeta consagrado al ministerio!

Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles. La persona y la misión del profeta Jeremías ha llamado siempre la atención. Es el símbolo de una llamada ejemplar por todas las circunstancias que la rodean. Dios tiene un proyecto global para toda la humanidad y lo realiza en el tiempo, conforme a su intachable e impecable pedagogía. Elige a sus profetas, a sus ministros cuando y de la forma que él sabe es la mejor. A Jeremías le ha llamado desde antes de nacer para una misión importante ante su pueblo y ante las naciones. Pablo evocará esta vocación de Jeremías cuando trata de describir la suya propia en su carta a los Gálatas: Cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por pura benevolencia, tuvo a bien revelarme a su Hijo y hacerme su mensajero entre los paganos (1,15-17). La Escritura nos revela que la llamada de Dios para cualquier misión es siempre gratuita y para el servicio de los demás. La ejecución de la misma acarreará no pocos sufrimientos y dificultades a los enviados. Pero la gratuidad y las dificultades son la garantía de su autenticidad. Jeremías es un verdadero profeta porque ha recibido su vocación como un don que le empuja a la fidelidad. Los creyentes, profetas, sacerdotes y reyes con Cristo desde el bautismo, son enviados al mundo para proclamar las maravillas de Dios entre los hombres. Y esta tarea también les acarreará no pocas dificultades y sufrimientos.

Segunda lectura: (1 Corintios 12,31-13,13)

Marco:El contexto es el himno a la caridad. Pero recuérdese el contexto inmediato en que Pablo coloca este himno: una comunidad dividida, entre otras cosas, porque algunos de sus miembros se vanaglorian de los carismas recibidos. Pablo expresa en este himno dónde radica la fuerza constructiva y unitiva de la comunidad: el amor a todo precio.

Reflexiones

1ª) ¡La autenticidad de los carismas está sometida a la realidad del amor!

Podría tener todos los dones... repartir en limosnas todo lo que tengo... si no tengo amor, no soy nada y de nada me sirve. El apóstol expone dos contenidos principales: en primer lugar, la supremacía de la caridad sobre todas las demás virtudes y actitudes cristianas. Los corintios ambicionaban los carismas mejores y los carismas que proporcionaran a la persona mayor prestigio en la comunidad. Esos carismas proceden del Espíritu y, por lo tanto, son necesarios para la comunidad. Pero el mal uso que de ellos se hace, desvían la finalidad original. En segundo lugar, Pablo recurre a la caridad. Esta virtud central de la experiencia cristiana es el test más acabado y más seguro de la autenticidad de la presencia y actuación del Espíritu. Con ello todos los dones alcanzan su perfección y su utilidad común para los demás. Pablo recoge un elenco amplio de actuaciones ostentosas y llamativas que podrían atraer la atención de los miembros de la comunidad y convertirlos en líderes. Pero son engañosos si se pretende poseerlos y ejercitarlos al margen de la caridad. El ejercicio silencioso de esta virtud central del cristianismo es el mejor testimonio para los hombres y mujeres de ayer y de hoy (12,9-16). Y el autor de la Primera Carta de Juan, otro de los documentos más acabados que poseemos en el Nuevo Testamento sobre el amor, afirma entre otras cosas: Amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados (1Jn 4,7-10)

Evangelio: (Lucas 4,21-30)

Marco: Estancia de Jesús en la sinagoga de Nazaret, donde ha proclamado solemnemente su programa de acción. El fragmento de hoy recoge el resultado y las reacciones de los presentes.

Reflexiones

1ª) ¡Dios está ya actuando la definitiva salvación. Es necesario abrirse y acogerla!

Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. La presencia de Jesús en la historia es interpretada como el hoy permanente de Dios en su actuación a favor de la humanidad. Esta espiritualidad del hoy de Dios aparece ya anunciada en la teología deuteronomista y en el Salmo 91: Hoy si escucháis la voz del Señor no cerréis vuestro corazón a su palabra y a su actuación. Después de la proclamación de Isaías, en que se anuncia el tiempo de la salvación como presencia del Profeta que trae la salvación y hace presente el año de gracia del Señor, Jesús afirma escuetamente: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Jesús hace presente el tiempo establecido por el Padre para la salvación de la humanidad. Y lo perpetúa durante todos los siglos hasta que vuelva glorioso.

2ª) ¡De la admiración al rechazo y al intento de asesinato!

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios... Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos... El escándalo que se produce radica en esta paradoja: a Jesús le conocen bien, ha vivido con ellos y ha trabajado con ellos durante muchos años, conocen bien su procedencia. ¿Cómo es posible que éste sea el Profeta esperado para la plenitud de los tiempos, el Mesías anunciado desde antaño? Por eso se producen dos reacciones entre los oyentes: una primera, de admiración y una segunda, de rechazo. Este encuentro en la sinagoga de Nazaret marca escuetamente el destino de Jesús. Su ministerio será una alternancia de admiración y de rechazo. Él mismo advertirá más adelante, exclamando lleno del Espíritu Santo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos (Lc 10,21-22). Según el testimonio unánime de los evangelistas, Jesús habría afirmado: os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra y entre los suyos. La vocación profética es una llamada gratuita de parte de Dios y no un derecho familiar o hereditario y, por eso, ha de ser siempre un hombre libre. Jesús ha llevado la misión profética a su máxima perfección. Hoy como ayer la autenticidad profética exige esta actitud de total libertad frente a las presiones de intereses a menudo en desacuerdo con su verdadera misión. Los cristianos en medio del mundo son puntos de referencia críticos porque desde el bautismo son, como Jesús, profetas, sacerdotes y reyes. Tarea nada cómoda ni nada fácil. Por eso se trata de un signo de autenticidad.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. El final del relato es sobrecogedor e inquietante. Es una de las afirmaciones más trágicas, relacionadas con Jesús, que encontramos en los relatos evangélicos. Para pertenecer al verdadero discipulado la razón de ser paisano suyo no tiene valor ninguno. Sólo lo pueden ser, responde Jesús, los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen o la hacen realidad en sus vidas. La Iglesia de hoy ha de entender sinceramente que para pertenecer al grupo de los discípulos no hay privilegios. Todo es gratuito como punto de arranque y todo es responsabilidad sincera como puesta en marcha. Si los cristianos, en medio del mundo, viven esta doble experiencia serán testigos convincentes y creíbles del Jesús que sigue vivo.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)