Dom
28
Jun
2026

Homilía XIII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

El que pierda su vida por mí, la encontrará

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Reflexión del Evangelio de hoy

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles"

En el contexto del discurso de misión, Mateo incluyó varios grupos de sentencias o exhortaciones:

1.- Grupo de sentencias: Mateo plantea la alternativa de tener que elegir entre Jesús y la propia familia (Mt 10,37), manifestado en el triple estribillo: “no es digno de mi”. Se trata de una alternativa muy dolorosa y arriesgada, pues en aquella época la familia era el grupo social que daba sentido a la vida de los individuos, y por tanto la ruptura con ella suponía un desarraigo social casi completo.

2.- A continuación, viene un 2º grupo de exigencias que es la de romper con las propias seguridades (Mt 10, 38), simbolizada en la actitud de tomar la cruz y seguir a Jesús. Esta expresión refleja una profunda comprensión del seguimiento como un camino de unión con Jesús.

3.- En una tercera exigencia o exhortación Mt propone un cambio en la escala de valores de los discípulos; en el AT el ideal era buscar la vida, Jesús les propone que imiten su entrega para poder alcanzar así una vida en plenitud.

4.- Mt concluirá el discurso de su misión refiriéndose a la recompensa que les espera a los que acogen a los mensajeros del evangelio: los apóstoles, representantes de Jesús: “quien os recibe a vosotros a mí me recibe” (Mt 10,40), los profetas, que ejercían un ministerio itinerante que era la predicación, los justos, cristianos procedentes del judaísmo, que intentaban vivir en el seno de la Iglesia cristiana su fidelidad a la ley de Moisés y los pequeños, grupo de los discípulos en proceso de maduración.

Mateo habla de estos cuatro grupos dando a entender que en esta tarea misionera los enviados no son solo los apóstoles, sino también los profetas, los justos y los pequeños; es decir, que la tarea de anunciar el evangelio pertenece a toda la comunidad.

"El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará"

Las palabras que leemos en el evangelio de este día parecen duras y exigentes. 

¿Será que Jesús nos está invitando a no amar a nuestros padres, a no amar a nuestros hijos?  Eso estaría en contradicción con el 4º mandamiento de honrar a padre y madre, y no puede ser posible que haya contradicción en los mismos mandamientos.

No se trata de no amar a nuestros padres o de no amar a nuestros hijos, sino más bien de que ese amor no nos aleje del amor de Dios, por eso dice: “el que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mi” (Mt 10, 37). La invitación no es a no amar sino más bien, a tener clara nuestras prioridades, como dice el primer mandamiento de la Ley de Dios. “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Por eso, no se trata de no amar a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros hijos, sino de que eso no nos aleje del amor de Dios.

¿Nos parece pesado esto que nos pide Jesús, esto de amarlo por encima de nuestra familia, de tomar la cruz, de renunciar? Si es así, la respuesta está en el amor, es porque quizás amamos poco. Hay una anécdota que le sucedió a la Madre Teresa de Calcuta cuando un famoso fue a ver el trabajo que ella estaba realizando, este famoso le dijo que lo que estaba haciendo ella, él no lo haría ni por un millón de dólares, ella le dijo que ella tampoco lo haría por un millón de dólares, sino que lo hacía por amor, porque el amor suaviza las exigencias. El propio San Agustín decía también que el amor hace suave los preceptos.

Dos reflexiones finales al hilo de lo que hemos ido comentando: Jesús no nos pide no amar a nuestra familia, sino que eso no interfiera en nuestro amor a Dios. Y si nos parece pesado lo que nos pide Jesús, es porque quizás le amamos muy poco.

 

¿Qué personas, seguridades o intereses ocupan hoy el lugar que debería tener Jesús en mi vida ¿Cómo puedo vivir en lo cotidiano el llamado a “tomar la cruz” y servir a los demás, incluso en los gestos más pequeños?