Jun
Evangelio del día
“ Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto ”
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes 21, 17-29
Después que hubo muerto Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías tesbita para decirle:
«Levántate, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaría. Ahora se encuentra en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella. Le hablarás diciendo: “Así habla el Señor: ‘¿Has asesinado y pretendes tomar posesión?’ Por esto, así habla el Señor: ‘En el mismo lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán los perros también tu propia sangre’”».
Entonces Ajab se dirigió a Elías diciendo:
«Así que has dado conmigo, enemigo mío».
Respondió Elías:
«He dado contigo. Así, por haberte vendido, haciendo el mal a los ojos del Señor, yo mismo voy a traer sobre ti el desastre. Barreré tu descendencia y exterminaré en Israel a todos los varones de la familia de Ajab, del primero al último. Dispondré de tu casa como de la de Jeroboán, hijo de Nebat, y de la de Baasá, hijo de Ajías, por la irritación que me has producido y por haber hecho pecar a Israel. También contra Jezabel ha hablado el Señor diciendo: «Los perros devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael”, y los perros devorarán a los de Ajab que mueran en la ciudad y las aves del cielo a los que mueran en el campo».
No hubo otro como Ajab que, instigado por su mujer Jezabel, se vendiera para hacer el mal a los ojos del Señor. Actuó del modo más abominable, yendo tras los ídolos, procediendo en todo como los amorreos a quienes el Señor había expulsado frente a los hijos de Israel.
Ajab, al oír estas palabras, rasgó sus vestiduras, se echó un sayal sobre el cuerpo y ayunó. Con el sayal puesto se acostaba y andaba pesadamente.
Llegó a Elías tesbita la palabra del Señor:
«Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? No traeré el mal en los días de su vida, por haberse humillado ante mí, sino en vida de su hijo».
Salmo de hoy
Salmo 50 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh, Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
“Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva”
El fragmento del 1er. Libro de los Reyes que hoy contemplamos, es continuación del que vimos ayer, en el que Ajab, rey de Israel, desea caprichosamente unas tierras de Nabot, aledañas a su palacio, y este no quiere ni venderlas ni cambiarlas por otra parcela, ya que son el legado de sus padres. Jezabel, esposa de Ajab, consigue, con artimañas y el perjurio de unos sicarios, que hagan lapidar a Nabot hasta morir, y así Ajab se apropia de esas tierras.
Dios manda a Elías al palacio de Ajab para reprocharle su pésima conducta y el pecado de robo y asesinato que él había consentido, anunciándole el castigo que el Todopoderoso le va a imponer a él, a su esposa y a toda su familia; lo que hizo que Ajab, compungido, se arrepintiera de lo sucedido e implorara clemencia a Dios.
Dios, en su infinita misericordia, ante el arrepentimiento de Ajab, que se humilla y reconoce su culpa, lo perdona y lo libra de la muerte violenta con que lo había amenazado.
En el texto vemos que Ajab se viste de saco como sayal y ayuna como signos externos de arrepentimiento, junto a una actitud apesadumbrada, y Dios, Padre benevolente, que quiere que todos los hombres se salven, acepta sus muestras de dolor por sus faltas y lo acoge otorgándole el perdón.
Siempre el Señor está abierto al arrepentimiento, sea cual sea el pecado cometido, siempre que exista, como dice el catecismo, un sincero propósito de no volver a pecar, y abre sus brazos para acogernos y continuar otorgándonos ese amor infinito con el que siempre nos regala, y que se manifiesta en Jesús en su vida y obra, y su entrega incondicional por todos nosotros.
Tal como el salmista nos recuerda en el salmo 50, que clama al Señor “Misericordia porque hemos pecado”, reconociendo la bondad y compasión del Padre, que con un arrepentimiento sincero, borra en nosotros toda culpa.
“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”
En el capítulo 5º del evangelio de Mateo, Jesús muestra a sus seguidores cuáles son sus líneas generales en el anuncio del Reino de Dios. Sube al monte y comienza con las Bienaventuranzas, a lo que sigue una actualización de muchos de los preceptos que los judíos tienen en la Torá, dando una nueva visión de los mismos.
En el fragmento que hoy contemplamos, Jesús nos pide una de las cosas más difíciles, desde el punto de vista humano, ya que se enfrenta a la reacción provocada por los instintos más genuinos del hombre, nos pide amar a los que nos provocan daño, nos odian o nos persiguen, cuando nuestro instinto natural sería totalmente contrario.
Da una serie de razones para justificar su aseveración, pues el Padre celestial hace salir el sol para malos y buenos, y manda lluvia sobre justos e injustos; si sólo amamos y tratamos a nuestros amigos, no tiene ningún mérito, lo realmente difícil es lo contrario.
Jesús nos pide que no nos dejemos arrastrar por nuestros instintos naturales. Él sabe de sobra que anular nuestros instintos es prácticamente imposible, pero lo que nos pide es que no respondamos de la misma manera a los que nos agreden de cualquier forma. Que hagamos un ejercicio de templanza y, siguiendo su ejemplo, perdonemos a los que nos ofenden y no respondamos con nuestra ira.
Nos anima a intentar ser perfectos, ya que el Padre es perfecto, y esa perfección únicamente se alcanza sirviendo a Dios con un corazón perfecto, basado en la fe y en la justicia, es decir, amando a Dios con todas nuestras fuerzas, lo que nos permitirá crecer en nuestro camino de fe. Y así conseguiremos amar a nuestros enemigos enfocando a la perfección del amor y de la misericordia.
¿Nos dejamos llevar por nuestros instintos o confiamos que Dios nos ayude a resistirnos a los mismos? ¿Cuán difícil nos resulta perdonar?