Dom
27
Mar
2016

Homilía Domingo de Resurrección

Año litúrgico 2015 - 2016 - (Ciclo C)

Buscar los bienes del cielo

Pautas para la homilía

  • María  Magdalena testigo de la Resurrección de Jesús ante los apóstoles.

El evangelio presenta la secuencia de los acontecimientos que permitieron la experiencia y la convicción de la resurrección de Cristo según S. Juan. La primera que ve el “signo” de la resurrección, el sepulcro vacío, es una mujer que se sentía profundamente agradecida a Jesús, María Magdalena. Ella será la encargada de alertar a los discípulos del sorprendente acontecimiento. Juan, el discípulo amado y Pedro corren al sepulcro, Juan llega primero, más joven, corazón más ardoroso, pero cede la primicia de la confirmación al que el mismo Jesús había nombrado al frente del colegio apostólico, Pedro.

  • Pedro el gran testigo ante los judíos

Pedro será quien, como vemos en la primera lectura, se atreverá a proponer a los judíos la impensable noticia de que el crucificado a la vista de todos, el que había perdido su vida en lucha con los poderes religiosos y políticos de este mundo, como lo atestiguaba su vil muerte, Dios lo había resucitado y le ha constituido en “juez de vivos y muertos”. Él es el anunciado por todos los profetas; él que garantiza que seamos perdonados ante Dios. Su testimonio es consecuencia de la experiencia indudable de que Jesús de Nazaret superó la muerte está vivo. Jugarse la vida por ese testimonio nos ayuda también a nosotros a fortalecer la fe en la resurrección de Cristo.

  • Pablo señala cómo ha de ser nuestra reacción al hecho de la Resurrección: “Buscar los bienes del cielo”.

Una condición fundamental para celebrar y vivir la Pascua es la que nos indica Pablo en la segunda lectura: que busquemos sobre todo de “los bienes del cielo”, que no nos asentemos en los de la tierra como si fueran definitivos. Los bienes del cielo son aquellos más fuertes que la muerte. Ahora los poseeremos con limitaciones, después de la muerte en plenitud. Son bienes eternos como el amor, la intimidad con Dios, la verdad, la comunión entre los que convivimos...etc. Otros bienes, “los de la tierra”, según expresión del Apóstol, serán bienes; pero desaparecen con la muerte –y no aseguran el cielo -: dinero, éxito social, placeres carnales...etc. Y lo que es importante: son aquellos bienes los que nos hacer ser lo que somos como personas humanas, los que nos definen como tales. Los segundos han de estar al servicio de los primeros: ellos solos nos llevan a vivir por debajo de nuestra condición humana, o contra ella.

Seamos conscientes de que en medio de toda la miseria de nuestra existencia individual y social, existen valores que son los más auténticamente nuestros, los que aseguran nuestro triunfo definitivo; busquémoslos, disfrutemos de ellos. Son el amor, la búsqueda de la verdad, la experiencia de Dios con nosotros, el sentido de comunión con los otros. Si vivimos así hemos resucitado con Cristo.