Ene
Homilía III Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres ”
Pautas para la homilía de hoy
Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
"El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande"
La tierra de Galilea en tiempos de Isaías vivió el destierro y la guerra; estaba sumida en tinieblas, bajo la sombra de la opresión, sin alegría y sin esperanza. En esta situación el profeta Isaías proclama el gran cambio: brilla la luz, renace la alegría, llega la liberación. El protagonista no es otro que el Dios de la paz, que interviene de forma eficaz en la historia de su pueblo.
Este acontecimiento salvador es el que evoca Mateo en el evangelio para describir el inicio del ministerio de Jesús. Jesús es la verdadera luz que trae alegría y liberación. Él anuncia el Evangelio, la buena noticia de la presencia y acción de Dios, y lo hace con palabras (enseñando) y con signos (curando).
Esto se realiza en Cafarnaúm, en Galilea que es tierra de paso y mezcla de pueblos, en el margen de la sociedad judía, lejos del centro religioso (Jerusalén).
No es solo un hecho histórico que recordamos, sino memoria del ministerio de Jesús en nuestra vida, en este presente histórico tan diverso de aquel, pero a la vez con tantos parecidos: situaciones de oscuridad, tristeza y desesperanza; vida y necesidad en los márgenes de la sociedad; tierra de mezcla de pueblos, de ideas, de criterios…
Pero, ¿somos capaces de percibir esa luz, esa buena noticia que nos llena de alegría y esperanza? Haremos bien en mirar nuestras vidas y nuestro entorno, en reconocer las situaciones de oscuridad, de tristeza, de ausencia de paz y esperanza. Porque en estas circunstancias, en la vida concreta de cada uno y de su Iglesia, Dios se hace presente: nos enseña y cura, proclama la buena noticia y es luz para el camino. Sí, hoy Dios sigue salvando.
Hoy sigue llamando
Y como entonces, hoy sigue llamando a muchos a colaborar con él. La invitación de Jesús a esos primeros discípulos encierra cierto misterio: «venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Dice el texto que aquellos hermanos pescadores respondieron de forma radical: dejaron todo y lo siguieron. Hoy sabemos que el camino no fue tan sencillo. Ir tras Jesús, seguirle, implica conocerle, escucharle, configurarse con él, tener sus mismos sentimientos, preferir a los mismos que él prefirió, tener la misma relación con el Padre que él tuvo, padecer como él padeció…
Sólo entonces podremos ser pescadores de hombres, evangelizadores que anuncian el Reino de Dios con palabras y con hechos, capaces de portar luz y esperanza, y liberar de todo mal y dolencia en este momento de la historia.
Una fortaleza que parece olvidarse a veces, es que este camino de discípulos y apóstoles no lo realizamos solos. Siempre lo vivimos con otros hermanos, lo recorremos en comunidad.
Vivir la comunión requiere un aprendizaje que realizamos todos los días de nuestra vida. Días en los que tenemos que estar muy atentos a las pequeñas interferencias que se van mezclando en nuestro vivir y creer. En la comunidad de Corinto, nos dice la segunda lectura, había discordias y divisiones. Los protagonismos y los "egos" a veces ocultan al que debería ser el verdadero protagonista de nuestras vidas: Cristo. Él es el que nos ha llamado por nuestro nombre, el que ha tocado nuestras vidas y nos ha hecho renacer en el bautismo, el que nos ha enseñado y curado.
Él nos ha llamado para ser sus discípulos, y así después, poder afrontar la misión de proclamar el evangelio del reino.
Discípulos y testigos de la Palabra de Dios
Que tengamos que dedicar un día extraordinario a la Palabra de Dios parece una broma, pues escucharla, vivirla y transmitirla debería ser la verdadera marca del cristiano, debería ser lo ordinario en nuestra vida creyente. Sin embargo, tal vez debido a la historia eclesial, es la gran desconocida para una gran parte de los bautizados en la fe católica.
Como los primeros discípulos, los actuales también caminamos en pos de Cristo escuchando su Palabra. Es esta Palabra la que nos enseña, nos guía, nos cura… ilumina nuestra vida para configurarla con aquel que es el centro de la vida y la fe: Dios Padre.
Somos los primeros receptores de la Palabra que Dios, testigos de primera mano de la encarnación de esa Palabra en Jesús (algo que celebrábamos hace solo unas semanas). Si afinamos nuestro oído y nuestro corazón para reconocer su Palabra, entonces seremos capaces de acogerla y dejar que habite en nosotros. El discípulo ha de estar habitado por la Palabra y ser dócil a ella, dejándose interpelar y transformar.
Solo entonces, cuando somos buenos discípulos, podremos ser testigos de la Palabra, podremos, como hizo Jesús, proclamar el evangelio del Reino con palabras y hechos.
Miremos nuestra vida como creyentes y preguntémonos qué lugar ocupa la Palabra de Dios en muestras vidas, cómo asumimos el camino de discípulos y testigos.
Que el Señor nos abra el oído y el corazón para escucharle, y transforme nuestras vidas para mostrarle. Os invito a orar con palabras de santo Tomás de Aquino, para que el Señor nos conceda la gracia de escuchar y vivir su Palabra.
Ven, oh Espíritu Santo,
dentro de mí,
en mi corazón
y en mi inteligencia.
Concédeme tu inteligencia
para que pueda conocer al Padre
al meditar la palabra del Evangelio.
Concédeme tu amor,
para que también hoy,
impulsado por tu Palabra,
te busque en los hechos
y en las personas que encuentro.
Concédeme tu sabiduría,
para que sepa cómo vivir y juzgar,
a la luz de tu Palabra,
aquello que hoy acontece.
Concédeme la perseverancia
para penetrar pacientemente
el mensaje de Dios en el Evangelio.
Santo Tomás de Aquino