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Homilía I Domingo de Cuaresma
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ No tentarás al Señor, tu Dios ”
Introducción al Evangelio del día
Comenzábamos el miércoles, con la imposición de la ceniza, el tiempo de Cuaresma. Los 40 días previos a la Pascua. Un tiempo para ordenar y prepararnos para la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Un tiempo penitencial, un tiempo donde acentuar la necesidad de la conversión, y reconocer lo que nos separa de Dios, de los demás y de nosotros mismos… y tratar de poner los medios para cambiarlo, de modo que nuestra vida se parezca más a lo que debería ser según nuestra fe.
La cuaresma regresa cada año como una invitación. Como una memoria de deseo y de sed. Regresa año a año con las preguntas que en tantos momentos del año arrinconamos y no tenemos tiempo a afrontarlas. Por ser un tiempo especialmente marcado para la introspección, nos trae la capacidad -siempre que quiera vivirse bien- de volver a pasar por el corazón nuestros más profundos anhelos en la vida.
Las tentaciones del desierto que este Domingo escuchamos, nos ayuda a eso, a mirar con verdad y hondura nuestra realidad débil que se ve tentada tantas veces en nuestra vida por una mentira: que la felicidad y la plenitud pueden alcanzarse al margen de Dios. Las tres tentaciones de Jesús, son las mismas tres que todo ser humano vive, cada cual a su modo, pero las tres mismas: el tener, el parecer y el poder.