Dom
2
Feb
2020

Homilía Presentación del Señor

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Luz para alumbrar a las naciones

Pautas para la homilía

Ley y Templo

Dos ritos prescritos por la ley de Moisés se nos muestran en el evangelio: la purificación de la madre y la presentación del hijo primogénito.

La presentación de Jesús es la que da título a la celebración litúrgica y nos hace fijarnos en su profundo significado. El hijo primogénito es consagrado a Dios, es decir, es declarado posesión suya, entregado a su servicio. El evangelista, quizá intencionadamente, dice de la ofrenda de la purificación pero no menciona el rescate del hijo (una determinada suma de monedas) para acentuar el sentido total y efectivo de la consagración.

Lucas le da importancia al lugar: el Templo de Jerusalén. Es el centro de la vida religiosa de Israel. También podemos ver en éste evangelio que el itinerario de Jesús tiene su meta en Jerusalén, donde tendrá lugar la pasión, muerte y resurrección. Jesucristo será el Nuevo Templo para todos los pueblos.

Luz para alumbrar a las naciones

Simeón y Ana, guiados por el Espíritu Santo, dan testimonio del significado salvífico de Jesús. Aguardaban el consuelo y la liberación de Israel y, ahora, contemplan con sus propios ojos el cumplimiento de la promesa. Bendicen, alaban, dan gracias y pregonan con gozo a todos la buena nueva. Son la nítida imagen de los que ya sienten la salvación.

Simeón responde a la inspiración del Espíritu Santo con un precioso cántico que se recita en la oración litúrgica de Completas. El anciano ve colmada su vida, puede partir de la vida en paz porque ha visto la salvación prometida en el niño que sostiene en sus brazos: luz para alumbrar a las naciones.

Se ha cumplido lo anunciado por Isaías: “Levántate y resplandece, que ya se alza tu luz.” “Yo te hago luz de las gentes para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra.”

En éste día, la liturgia nos propone tomar cirios encendidos e ir al encuentro de Cristo. Iluminados, portadores de la luz, iluminemos, para que todos lleguemos a contemplar la luz eterna.

Señal y signo de contradicción, bandera discutida

Ante Jesucristo nadie puede quedar indiferente. El encuentro con Él provoca ineludiblemente un posicionamiento, obliga a tomar una decisión. No por haber sido elegido (pertenecer al Pueblo de Israel o al Nuevo Pueblo que es la Iglesia) se reciben los frutos de la salvación, sino porque se toma la decisión de optar por seguir a Jesucristo.

Hoy Jesucristo te ofrece su luz; tómala y decídete a iluminar tu vida. Deja que tus obras resplandezcan. Opta por el camino que lleva a la luz y rechaza las sombras de muerte. La decisión que se toma ante la llamada de Cristo, descubre los sentimientos del corazón.

La Fiesta de la Presentación cierra el ciclo de los misterios de la infancia de Jesús. Dentro de poco, el 25 de marzo, Solemnidad de la Encarnación, volveremos a esperar la Navidad.