Dom
14
Dic
2008

Homilía Domingo Tercero de Adviento

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

El testimonio de la luz

Pautas para la homilía

  • ESPIRITU

En la 1ª lectura de este tercer Domingo de Adviento se nos revela la vida de todo bautizado.

Jesús mismo, en la sinagoga de Nazaret hace suyas las palabras del Profeta Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí”, pero de igual modo estas podrían haber sido dichas por Juan el Bautista o por la Virgen María, los tres grandes personajes del Adviento. Y también ¿cómo no? podrían o deberían ser dichas por cada uno de los cristianos.

El Espíritu está en nosotros y nos envía a dar la Buena Noticia a los que sufren, es decir,  a todo hombre, porque ¿hay algún ser humano que no sufra?

Y esto es lo propio del Adviento anunciar, comunicar la Buena Noticia de que el salvador está ya a la puerta o mejor que está en medio de nosotros aunque no le reconozcamos (Evangelio)

  • ALEGRÍA

Cuando un cristiano toma conciencia de que es portador de esta Buena Nueva no puede menos que decir: “desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios” (1ª lectura).

Alguien que sabía de esta realidad a plenitud era Pablo, el Apóstol de los gentiles, por eso no podía por menos que exhortar  a todos “estad siempre alegres” y da alguna norma práctica para ello: “en toda ocasión tened la acción de gracias” “no apaguéis el Espíritu” “sed constantes en orar. Guardaos de toda formas de maldad” (2ª lectura). Nosotros, podemos vivir todas estas indicaciones porque es el mismo Espíritu el que está sobre nosotros y porque el que nos ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

  • PARADOJA

El Bautista humilde, consciente de que también sobre él está el Espíritu, sabe de su realidad, no es ser  la luz, sólo testigo; él sabe y proclama “no soy el Mesías, no soy el profeta”(Evang.), soy testigo de Otro más grande. Esto constituye toda su gozosa misión.

Juan, el que se goza con la voz del novio; el que se goza en que Jesús crezca y él disminuya; el que se sabe testigo de la luz, no la luz, sólo su anuncio; un anuncio gozoso que culminará en la autoproclamación de Jesús: “Yo soy la luz del mundo”. Esta luz que ya está en medio de nosotros aunque el mundo la desconozca es la que volverá a brillar de manera nueva en esta próxima Navidad.