Dom
10
Jul
2016

Homilía XV Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2015 - 2016 - (Ciclo C)

Amarás al Señor, tu Dios; y al prójimo como a ti mismo

Pautas para la homilía

Las lecturas de este domingo tienen un contenido bien claro: la necesidad de tener en la vida unos valores a los que referirnos personal y comunitariamente. Valores que además de estar escritos en tablas de piedra, en libros sagrados y otros documentos están escritos en nuestros corazones desde el día en que llegamos a este mundo. Valores que tenemos que poner en juego si queremos ser felices y hacer un mundo feliz. La lectura del evangelio de hoy, la magnífica parábola de “el buen samaritano” – resumen de todo el evangelio-, además nos pone de relieve que el amor, la compasión, la generosidad, el desinterés y la misericordia hacia el necesitado son valores humanos que tienen que formar parte de los seguidores de Jesús y también de todas las personas y sociedades. Hay alguien –Jesús de Nazaret- que vivió de manera plena esos valores por eso fue “cabeza de este cuerpo que es la Iglesia”. La iglesia debe se hoy el referente de esos valores (“sacramento de salvación”, que diría el Concilio Vaticano II) ; “Iglesia samaritana” que diríamos en este domingo. Pero estos valores por ser humanos son también patrimonio de toda la humanidad.

  • Peligros del mundo sagrado

Una de las enseñanzas de las lecturas de hoy, sobre todo del evangelio, es el peligro de anular con las leyes religiosas los valores humanos más esenciales. El sacerdote y el levita son muy observantes de las leyes religiosas pero analfabetos en valores humanos. El samaritano, tal vez es suspenso en el cumplimiento de las leyes religiosas pero es sobresaliente en valores humanos. Los papeles del sacerdote, el levita y el samaritano se pueden repetir en nuestras comunidades cristianas hoy. La iglesia ha de ser samaritana; y las personas y las comunidades. Una iglesia no samaritana sería una Iglesia muy cuidadosa por una buena teoría religiosa y muy amante del culto, pero que, cuando en la vida se presentan situaciones humanas comprometidas, da un rodeo, se refugia en el templo, e ignora la compasión. Y puede haber personas que no militan en ninguna religión y son espléndidos en valores humanos. El Papa Francisco habla con frecuencia de la necesidad de superar este desfase poniendo por delante siempre la misericordia y la compasión. Precisamente lo que hizo el buen samaritano.

  • La compasión, valor dominicano

Celebramos el Jubileo Dominicano: 800 años de la fundación de la Orden de Predicadores. Y es bueno recordar la importancia de la compasión en Santo Domingo y en los dominicos y dominicas. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando Santo Domingo en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España. Y fue el 21 de Diciembre de 1511 cuando el dominico Antonio de Montesinos pronunció su famoso sermón en plena eucaristía denunciando los atropellos cometidos con los indígenas americanos por los colonos españoles (“¿Éstos no son hombres?¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos?”). Y es en este momento cuando dominicos y dominicas en todas las partes del mundo mantienen fundaciones en donde su principal objetivo es la “compasión”. La compasión es un valor esencial en cualquier parroquia dominicana y hace del evangelio un “proyecto civilizatorio”. “Compasión en las fronteras de la vida” fue el lema que una parroquia de dominicos y dominicas escogió para sus celebraciones de Semana Santa y Pascua. Compasión que no se queda en un gesto de ayuda sino que se indigna, descubre las raíces del sufrimiento y trata de sanarlo.

  • “¿Qué te ha pasado Europa?”

Hoy aparecía en la prensa una viñeta en la que un grupo de personas que huían de la violencia y la pobreza se aproximaban a las fronteras de Europa (por cierto señaladas con concertinas) y decían: “tenemos mucha suerte porque vamos a llegar a países cristianos en el año de la misericordia”. Pero Europa ya no es lo que fue. El Papa Francisco se lamentaba hace poco: “¿Qué te ha pasado Europa?”.Fue en la entrega que se le hizo del premio Carlomagno. Se refería al cierre de fronteras ante la llegada de refugiados, decretada por los altos cargos de la CEE. ¿No estamos repitiendo la historia del sacerdote y el levita? Mientras tanto miles de voluntarios arriesgan su vida como el buen samaritano para paliar el sufrimiento de unos seres atrapados entre las fronteras de Europa y las de la miseria y la guerra. No me resisto a repetir las palabras del Papa Francisco en su discurso: “Sueño una Europa joven capaz de ser aún madre porque respeta la vida; sueño una Europa que se hace cargo del niño, socorre al pobre y a los que buscan refugio; sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos; una Europa donde ser inmigrante no sea delito sino invitación a un mayor compromiso con la dignidad del ser humano; sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso con los derechos humanos ha sido su última utopía”.

  • Jesús, “el buen samaritano”

Jesús no solo hablaba sino que hacía. Si hay algo que se repite en los evangelios son la cantidad de gestos en los que obra desde unas entrañas conmovidas. Es compasivo como el Padre es compasivo. Respira esa compasión en los encuentros de oración ante el Padre y vuelca esa compasión a lo largo del día. En algunos momentos esa compasión es tan fuerte que se vuelve indignación con los causantes del sufrimiento, en su mayoría líderes religiosos. Por eso terminará su vida asesinado. El obispo brasileño Helder Cámara decía: “Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista”. Oscar Romero también padeció por ser samaritano. Se repite la vida de Jesús en los samaritanos de hoy día. Pero como dice Pablo hoy Jesús no deja de ser para nosotros el que va delante: “la imagen de Dios invisible”, “la cabeza de la iglesia”, “el primero en todo”. El no deja de ser nuestro líder, nuestro ·superstar” (que decían los jóvenes hace años) y tenemos la suerte de hacer su memoria cada domingo en la eucaristía e identificarnos con él compartiendo su espíritu samaritano.