Sáb
9
Nov
2013
No se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.
De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
Me dijo:
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Salmo

Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 R/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.

Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.

El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 9c-11. 16-17

Conforme a la gracia que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, puse el cimiento, mientras que otro levanta el edificio. Mire cada cual cómo construye.
Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:
«El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • …Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida;… y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

No se nos escapa la importancia del agua para la vida. No hay más que ver cómo se vive en aquellos lugares en los que falta el agua. Para obtenerla o para llevarla allá donde no la hay, el hombre está dispuesto a los mayores sacrificios. La falta de agua despierta la solidaridad. Nos hace entender su valor. El agua es necesaria para la vida. En el origen de la vida… está el agua.

El profeta nos habla del agua. La utiliza como símbolo de la vida. Es fácil de entender. El agua transforma y alimenta. El agua… que mana de Dios, dador de vida. El santuario.
Ezequiel nos abre a la esperanza. Nos abre a la vida. Nos abre a la alegría. Nos abre a la fuerza. Nos abre a la resurrección.

¿Quién no ha tenido momentos de sequía, de desierto, en su vida?. ¿Quién no ha tenido sed? Confiemos en el Dios de la Vida. Protector y guía seguro de los que tenemos sed. Dejemos que su corriente nos arrastre.

  • Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Al leer este texto evangélico normalmente dirigimos nuestra atención hacia los detalles: vendedores, cambistas, monedas… ¡todo salta por el aire! y un Jesús muy enfadado, echando fuera del templo a todo aquello y aquellos que convierten la casa de SU PADRE en un mercadeo haciéndole perder su dignidad.

Al releer este texto evangélico y, al margen de los detalles, se me ocurre pensar que ese templo, el templo de los sacrificios, de las transacciones y de las mercancías… ya no era necesario. Jesús rompe con él y anuncia la llegada del nuevo templo: él mismo. Y ese nuevo templo, ya no será lugar de cambio, ni de sacrificio, ni de castigo, ni de condena… sino de encuentro entre Dios y los hombres. Resurrección… agua… vida.

Para reflexionar: nosotros también somos templo... ¿viejo o nuevo?, ¿mercadeo o encuentro?