Mar
8
Ene
2013

Evangelio del día

Dadles vosotros de comer

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Salmo

Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8 R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre. R/.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 34-44

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».
Elles replicó:
«Dadles vosotros de comer».
Ellos le preguntaron:
«¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».
Él les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».
Cuando lo averiguaron le dijeron:
«Cinco, y dos peces».
Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.
Los que comieron eran cinco mil hombres.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Dios es amor” podría ser el resumen de la Carta de san Juan. Amor eficaz que nos ha amado primero, eficacia mostrada en el envío de su Hijo al mundo para salvar al mundo. Esto es lo que seguimos celebrando en esta segunda semana de Navidad.

El Evangelio nos muestra una de las manifestaciones de ese amor de Dios, hecho compasión y misericordia, en la multiplicación de los panes y los peces. De tal forma impactó a los discípulos que lo narran los cuatro evangelistas.

  •  “Tu problema es mi problema”

Esta es la lección que nos recuerda hoy Jesús en sus palabras a los discípulos. Con toda su buena voluntad intentan resolver el problema que detectan en aquella muchedumbre seguidora de Jesús aplicando una lógica humana, y así se lo expresan a Jesús: “Estamos en despoblado. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer”. Pero, Jesús coloca la lógica humana en su sitio y resuelve el problema a lo divino, como Hijo de Dios, ante el asombro y perplejidad de los discípulos.

Los discípulos pensaban que aquel problema no iba con ellos, sino sólo con la muchedumbre. Y Jesús les hace ver que, ni en este momento de hambre, ni cuando nos encontremos con personas robadas y apaleadas a la vera de los caminos de la vida, el problema es exclusivo de ellos. Esa es la lógica humana de: “es tu problema”, “ese no es mi problema”. Eso no lo aceptó nunca Jesús. La solidaridad y fraternidad son actitudes fundamentales en el Reino que él vino a instaurar. El problema de la muchedumbre es de ellos y vuestro, les dice Jesús.

  •  “Tenemos un problema”

“Dadles vosotros de comer”. Así es Jesús. Así es su compasión. Se compadece, una vez más, y, en lugar de expresar un bello sentimiento de cercanía, pasa a la acción y hace ver a sus discípulos que compartir lo que se tiene, por poco que sea, con el que tiene menos todavía que nosotros y por eso sufre, puede ser milagroso. La abundancia de lo poco –panes, peces, ropas, euros- sigue haciendo milagros entre muchas personas necesitadas.

Conozco a una persona que, quizá por pura galantería, cuando alguien le dice: “Amigo, tengo un problema”, corta inmediatamente a su interlocutor para añadir: “Perdona, tenemos un problema”. Esto es lo que hizo Jesús. Esto es lo que hace Dios, y no precisamente por galantería, sino porque es Dios y su atributo primero es la misericordia, como nos recuerda hoy Juan en la Primera Lectura.