Mié
9
Ene
2013

Evangelio del día

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 11-18

Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

Salmo

Sal 71, 1-2. 10-11. 12-13 R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
postrense ante él todos los reyes,
y sirvanle todos los pueblos. R/.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según San Marcos 6, 45-52

Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.
Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.
Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.
Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.
Pero él habló enseguida con ellos y les dijo:
«Animo, soy yo, no tengáis miedo».
Entró en la barca con ellos y amainó el viento.
Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

Reflexión del Evangelio de hoy

  •  “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene”.

Nos han hecho de tal manera que en el verbo amar y en los otros verbos fuertes de nuestra existencia (perdonar, confiar…), no somos capaces de conjugarlos en activa si no los recibimos antes en pasiva. Es decir, no somos capaces de amar si no nos sentimos amados por otras personas. Los seguidores de Jesús tenemos una gran suerte. Hemos de reconocer que Él nos ha facilitado mucho las cosas. Nos ha revelado y nos ha hecho sentir que Dios conjuga el verbo más importante de la vida sobre nosotros: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. Somos los amados por Dios. Sintiéndonos amados por Dios recibimos la fuerza para amar a los demás. Hay personas que nos aseguran que no pueden amar a los demás porque nunca nadie las ha querido. Los cristianos nunca podemos alegar esta situación. Dios, principalmente a través de Jesús, nos ha amado hasta el extremo, nos ha hecho experimentar lo mucho que nos quiere. De esta manera, nos resulta más fácil cumplir con la misión para que hemos sido creados: amar, amar a Dios, amar a los demás y amarnos a nosotros.

  • “Ellos estaban en el colmo del estupor”.

A los apóstoles les costó su tiempo, ellos que como buenos judíos tenían muy arraigado lo de que no hay más que un solo Dios, dar el paso de ver a Jesús como hombre a verle también como Dios. Poco a poco, paso a paso, lo van comprendiendo. Le ven andar sobre el lago, le ven capaz de amainar el viento de la tormenta… y con lo de la multiplicación de panes y de los peces, y con tantos otros milagros que realiza delante de ellos, y con sus palabras especiales sobre el amor, el perdón, las bienaventuranzas, la muerte, la vida después de la muerte y… con su comportamiento que se salía de los cauces humanos ante todas las circunstancias en las que se ve envuelto… empiezan a intuir que Jesús es más que un simple hombre, un igual que ellos: “Ellos estaban en el colmo del estupor”.