Mar
21
Abr
2015

Evangelio del día

Tercera Semana de Pascua

Mi Padre os da el verdadero pan del cielo

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51-59

En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas; -«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.» Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: -«Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: - «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: - «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró. Saulo aprobaba la ejecución.

Salmo

Sal 30. 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21 ab R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: - «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • No les tengas en cuenta, Señor, este pecado

Admirable analogía la que se establece entre el testigo Esteban y el mismo Jesús el Señor; el Espíritu de Dios Padre animó por completo el recorrido vital del Maestro, así como para la primera comunidad Esteban es un creyente lleno asimismo del Espíritu. El martirio del diácono reproduce con intención la muerte del Nazareno, y por eso contempla la gloria de Dios: si ha visto, puede ser testigo, y a fuer de veraz y fuerte, ocupa el primer rango en la innumerable relación de testigos de la muerte y resurrección que han vigorizado siempre al Pueblo de Dios. Claro exponente de predicación del Evangelio con la fuerza del Espíritu, porque está más que acreditado en la historia de la comunidad creyente que cuando pretendemos predicar desde nuestros planes y gran despliegue de recursos institucionales y técnicos, nuestra evangelización adolece de corto recorrido y nula credibilidad. Solo desde el Espíritu del Señor Jesús podemos blasonar de valentía y desparpajo a la hora de decir a nuestro mundo el evangelio. Solo desde el Espíritu de Jesús caemos en tierra para dar fruto y nuestro perdón se torna en acta acreditativa del estilo compasivo y humanizador de nuestra comunidad creyente. Hijos de un Padre rico en misericordia no tenemos otra opción que ser transmisores de compasión y amor restaurador; pero, para esto, es obligado estar en la órbita fecunda del Espíritu del Señor, no bajo otra supuesta protección.

  • Mi Padre os da el verdadero pan del cielo

El discurso del pan de vida concluye con el abandono de muchos discípulos y la confesión de Pedro (Señor ¿a quién vamos a acudir? Solo tú tienes palabras de vida eterna), reacción provocada por el trenzado de afirmaciones que hace Jesús sobre el nuevo maná y el alimento que garantizó la supervivencia en el largo camino del desierto. Jesús se manifiesta como el verdadero maná, el Pan de la vida, realidad y símbolo de quien es alma y la vida de la comunidad de seguidores, que no tiene reparos en afirmar que la autoría de aquella maravilla del camino hacia la Promesa no se debía a Moisés sino al Padre de todos, el del cielo.

Nosotros, los creyentes de hoy, en tanto comunidad de hermanos, haremos bien en hambrear este pan que es alimento y trabajo fraterno a la vez, convocatoria y cemento aglutinador de iguales, Jesús mismo y regalo perenne del Padre para que el Pueblo de Dios no pierda nunca el horizonte al que nos lleva este alimento: ser de hecho y derecho imagen y semejanza de nuestro Padre para humanizar nuestra historia en el nombre del Señor, en la mejor proyección de esperanza que nos marca el Reino de Dios entre nosotros.

El Pan de la vida es un pan partido, repartido y compartido ¿son éstas las formas de nuestra iglesia en el momento presente?
¿Cómo experimentamos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesús renueva nuestra Iglesia y nuestro mundo?