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Diez jóvenes españoles descubren en Guinea Ecuatorial que el mejor viaje es el que acerca a los demás

7 de agosto de 2026

Un grupo de voluntarios scouts de Badajoz comparte un mes de servicio, convivencia y fraternidad en Bioko, junto a las parroquias de Santa Maravillas y Santa Beatriz y los niños del Orfanato

Diez jóvenes scouts procedentes de Puebla de la Calzada, Montijo y Valdelacalzada, en Badajoz, han compartido durante todo el mes de julio una experiencia de voluntariado en Malabo, Guinea Ecuatorial, acompañados por Justo Fermín Luengo, párroco de Puebla de la Calzada. Tras haber participado en los últimos años en experiencias similares en Perú, el grupo ha centrado buena parte de su misión en el acompañamiento de los niños de un orfanato, donde han impartido clases de refuerzo, organizado juegos y dinámicas y compartido la celebración de la fe, además de llevar ropa, juguetes y ayuda económica. La experiencia se ha extendido también a otras realidades sociales de Malabo y, sobre todo, les ha permitido descubrir una forma distinta de vivir, servir y encontrarse con los demás. Fr. Roberto Okón Pocó, O.P., recoge en esta crónica la huella que estos jóvenes scouts han dejado durante unas semanas en las que llegaron dispuestos a ayudar y regresan a España conscientes de haber recibido mucho más de lo que esperaban.

El voluntariado: cuando el verano se convierte en un regalo de amor

Cuando pensamos en el verano, es fácil imaginar playas, piscinas, viajes, fiestas, parques de atracciones o unos merecidos días de descanso junto a la familia y los amigos. Es la época del año en la que muchos aprovechan para desconectar de la rutina y disfrutar de unas vacaciones. Sin embargo, el verano también puede ser una oportunidad para mirar más allá de nosotros mismos, para descubrir que existen personas que esperan una sonrisa, una mano tendida o simplemente alguien con quien compartir la vida. El voluntariado nos recuerda que el mejor viaje no siempre es el que nos lleva a un lugar exótico, sino el que nos acerca al corazón de los demás.

Eso es precisamente lo que han vivido diez jóvenes españoles de Badajoz, acompañados por el padre Fermín, durante el último mes entre nosotros. Dejaron atrás la comodidad de sus hogares, a sus familias, sus amigos y sus planes de verano para regalar su tiempo y su cariño. Y, sin darse cuenta, terminaron recibiendo mucho más de lo que dieron.

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Han sido semanas llenas de encuentros, abrazos sinceros, sonrisas compartidas y una convivencia que ha dejado una huella imborrable en todos. El pasado viernes 31 del pasado mes de julio emprendieron el camino de regreso a España. Se marcharon físicamente, pero una parte de ellos permanece aquí, en cada persona con la que compartieron la vida. Y ellos también regresan con un pedacito de nosotros en el corazón.

Durante este mes conocieron algunos de los rincones más bellos de nuestra isla. La subida al majestuoso Pico Basilé fue una experiencia inolvidable. Entre el cansancio de la caminata y las risas por quién llegaba primero a la cima, comprendieron que las mejores vistas siempre exigen esfuerzo. También disfrutaron de la vuelta a la isla, atravesando Baney, Puente Cope, Riaba, Moka, Luba y la maravillosa playa de Arena Blanca, donde el mar regaló uno de esos atardeceres que parecen detener el tiempo y que todos quisieron inmortalizar en una fotografía, aunque sabían que ninguna imagen podía recoger toda la belleza del momento.

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Pero el verdadero paisaje que conquistó sus corazones fue el humano. Su labor en la parroquia de Santa Maravillas estuvo marcada por la cercanía, la alegría y el servicio. Sin embargo, fueron los días compartidos en el Orfanato los que dejaron las emociones más profundas. Allí descubrieron que un partido, una canción, un cuento o un simple abrazo pueden cambiar el día de un niño. Y quizá la anécdota más entrañable fue comprobar cómo algunos pequeños comenzaron siendo tímidos y, al cabo de pocos días, corrían hacia ellos gritando sus nombres para recibirlos con los brazos abiertos.

Su residencia en la parroquia de Santa Beatriz también se convirtió en un verdadero hogar. Desde allí salían cada mañana con ilusión y regresaban cada noche cargados de historias que compartir. No faltaron los partidos de fútbol del mundial, sobre todo la final con la victoria de España, en casas de familias generosas que les abrieron no solo sus puertas, sino también sus vidas. Las cenas improvisadas, las fiestas compartidas, las largas conversaciones y la hospitalidad de tantas personas hicieron que cada encuentro se transformara en una auténtica celebración de la fraternidad.

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El voluntariado tiene esa maravillosa capacidad de derribar fronteras y demostrar que el amor es un lenguaje universal. Estos jóvenes llegaron con la intención de ayudar, pero terminaron enseñándonos que la verdadera riqueza nace del encuentro, de la sencillez y de la entrega desinteresada. Gracias por vuestro ejemplo, por vuestra alegría y por recordarnos que el verano también puede ser el tiempo en el que florecen la solidaridad, la esperanza y el amor. Que Dios bendiga vuestro camino y permita que nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Hasta pronto.

Fray Roberto Okón Pocó, O.P.