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El cardenal Carlos Amigo presidió la celebración de la Traslación de Santo Domingo de Atocha

“La fiesta del traslado de Sto. Domingo es recuerdo, es sentido profundo de Dios, es hablar con Dios y hablar de Dios”

  El miércoles 24 de mayo, tuvo lugar en todos los lugares del mundo donde la Orden de Predicadores está presente, la celebración de la festividad de la Traslación de Santo Domingo. Esta memoria recuerda el traslado del cuerpo de Domingo de Guzmán, por orden del Papa Gregorio IX a su nuevo sepulcro en la actual Basílica de Santo Domingo en Bolonia.

  La eucaristía de la Basílica Nuestra Señora de Atocha de Madrid estuvo presidida por Carlos Amigo Vallejo, O.F.M., cardenal franciscano y arzobispo emérito de Sevilla.

  La celebración comenzó con una procesión por el claustro de la basílica, en la que la imagen de Santo Domingo fue portada por miembros de la Cofradía del Rosario y de la Fraternidad Laical de Santo Domingo de Hispania, mientras se entonó el himno de la Familia Dominicana.

  Durante la homilía el cardenal señaló que en aquella traslación “había un olor especial, el olor no es simplemente una percepción sensitiva. Aquí hay una huella, aquí se me está hablando, aquí se me está descubriendo. La huella que está dejando Domingo de Guzmán es la de aprender a  vivir el misterio de la encarnación del hijo de Dios”. Invitó también a recordar, como en cualquier celebración, ya que  “recordar es pasar por el corazón, y si recordamos la fiesta del traslado de Sto. Domingo es recuerdo, es sentido profundo de Dios, es hablar con Dios y hablar de Dios, hablar con aquél que es lo más íntimo de mí y lo más grande de mi existencia”.

El miércoles 24 de mayo, tuvo lugar en todos losCarlos Amigo Vallejo, O.F.M.

  Para terminar la celebración, don Carlos, quiso animar a dominicos y dominicas a seguir con la tarea encomendada por su fundador: “recordad ese olor de Cristo, que siempre se reflejaba en la obra, en la vocación, en la predicación de nuestro padre Santo Domingo”.

  La celebración, que tuvo presencia de numerosos miembros de la Familia Dominicana, concluyó con un canto a la Virgen de Atocha y con el himno del Jubileo 800 años de la Orden de Predicadores.