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La Comunidad Intercongregacional de Dominicas en Canarias quiere ser “semilla de esperanza” junto a las personas migrantes

23 de junio de 2026

Hermanas de cuatro congregaciones dominicas participan en la serie “rostros dominicanos” tras vivir en Gran Canaria la visita del Papa León XIV a España

Dentro de la serie rostros dominicanos ante la visita del Papa León XIV a España, conversamos con la Comunidad Intercongregacional de Dominicas en Telde, Gran Canaria, formada por hermanas de cuatro congregaciones de la Familia Dominicana. Su misión está especialmente vinculada al acompañamiento de personas migrantes en la isla, una realidad que ha estado muy presente en la etapa canaria de la visita del Papa.

La comunidad está integrada por hermanas de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia, la Congregación Santo Domingo, la Congregación Romana de Santo Domingo y las Dominicas de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción. Desde Gran Canaria, comparten vida, oración y misión al servicio de quienes llegan a las islas en situación de vulnerabilidad.

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“Queremos acompañarles y ayudarles a recuperar su dignidad”

Formáis parte de una comunidad integrada por hermanas de distintas congregaciones dominicas dedicada al acompañamiento de personas migrantes en Gran Canaria. ¿Cómo nace y cómo se vive este proyecto comunitario?

Somos una comunidad que ha surgido de un camino de Alianza que cuatro congregaciones de la familia dominicana iniciamos en el 2022 y que, entre otros pasos dados, en 2025 respondemos juntas a un grito de nuestro mundo que nos desafía.

Iniciamos nuestra andadura como comunidad en el mes de septiembre de 2025. Nace como respuesta a la realidad migratoria que vivimos; donde las personas están desorientadas y perdidas queremos acompañarles y ayudarles a recuperar su dignidad y su proyecto personal. Desde ahí hemos iniciado procesos de integración haciendo camino con otros. Queremos dar respuesta en este momento de la historia a lo que las personas que llegan a nuestras tierras, en concreto a Gran Canaria, necesitan.

Nos encontramos con las personas migrantes en diferentes realidades: En la acogida de Caritas, desde las parroquias que participamos, en la comisión de arraigo donde les acompañamos en la regularización de sus papeles, desde las duchas para personas que viven en la calle, desde pastoral penitenciaria acompañando a los chicos que están internos por haber colaborado guiando las pateras; desde el Corredor de Hospitalidad tenemos como objetivo acompañar a chicos que, al haber cumplido los 18 años en un centro de acogida, quedan en situación de calle. Estos chicos son invitados a ir a la Península donde serán acogidos en entidades de Iglesia, para hacer su proceso de integración en esta nueva realidad de su vida. Tratamos de acompañarles para dar respuesta a los sueños que cada uno trae.

Todo esto lo vivimos en comunidad al estilo de Domingo de Guzman. Somos una comunidad para la misión, donde nos sentimos sostenidas y enviadas a ser predicación con nuestros gestos y palabras, desde lo oración y la acción en medio de esta realidad sufriente.

“Experimentamos que es posible vivir el don de la fraternidad”

¿Qué aporta que esta misión sea compartida por distintas congregaciones de la Familia Dominicana?

Somos una Comunidad Intercongregacional de Dominicas en Telde, Gran Canaria. La formamos: Gertrudis Rodríguez Congregación Santo Domingo, Petri Peloche y Rosi Lorenzo de las Misioneras de la Sagrada Familia, Amparo Urzainqui de la Enseñanza de Inmaculada Concepcion.

El hacer un camino de entrega y servicio juntas en la misión, el compartir nuestras vidas en la comunidad, nos enriquece como Familia Dominicana desde los distintos carismas propios de cada Congregación. En este camino intentamos ir dando respuesta a lo que la Iglesia nos está pidiendo como Vida Consagrada: estar abiertas a la realidad y caminar con otras y otros.

Sin conocernos entre nosotras, fuimos convocadas por nuestras congregaciones a formar comunidad y llevar un proyecto común de vida y misión, en una sociedad donde el individualismo y los intereses personales prevalecen. Experimentamos y testimoniamos que es posible vivir el don de la fraternidad desde la búsqueda, el discernimiento, el diálogo y el amor en lo cotidiano de cada día.

“Las palabras del Papa León XIV nos han dado vida”

La visita del Papa a Canarias ha estado muy vinculada a la realidad migratoria. ¿Cómo ha vivido la comunidad este acontecimiento?

Antes de que el Papa llegara a Canarias hemos participado en la preparación que como Iglesia diocesana se ha implicado para llevar a cabo esta entrañable acogida.

Como comunidad y como dominicas hemos participado en los diversos actos que se han celebrado en Gran Canaria: en el puerto de Arguineguín, en la Catedral de Santa Ana y en la Eucaristía celebrada en el estadio. En esta última como ministras de la Eucaristía.

Todas las celebraciones han tenido la mirada puesta en la realidad migratoria. Junto con la gente hemos vivido la alegría de escuchar al Papa León XIV que nos invitaba a vivir la “MISERICORDIA con gestos pequeños. No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos…

Cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf. Gn 1,27).

Este drama que viven las personas migradas, debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante. Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc. 10,31-32)

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera”.

Las palabras del Papa León XIV nos han dado vida. Han despertado nuestro corazón. Nos han ayudado a vivir nuestro seguimiento a Jesús desde lo que las personas más sencillas necesitan de nosotras.

“La eucaristía fortalece y nos envía”

Las hermanas estuvisteis presentes en el encuentro con religiosos y agentes de pastoral en la catedral de Las Palmas. ¿Qué significó para vosotras participar en ese momento de Iglesia?

Para nosotras participar en este encuentro como religiosas y agentes de pastoral en la catedral ha supuesto tomar conciencia que junto a nuestro compromiso hecho gestos y acción está la vivencia de la eucaristía que fortalece y nos envía a vivir al estilo de Jesús en este momento concreto de la historia. Sentimos la alegría y la emoción del mensaje que íbamos recibiendo, palabras pronunciadas para cada una de nosotras y nosotros.

“Queremos ser semilla de esperanza”

Como dominicas, ¿cómo entendéis vuestra misión junto a las personas migrantes que llegan a Canarias?

Nos sentimos llamadas y enviadas por el Señor de la Vida, ante esta realidad sufriente.

Nosotras, con otros y otras, queremos ser semilla de esperanza para que las personas que han dejado su tierra y su casa puedan hacer realidad su proyecto de vida.

En este momento concreto de nuestra historia queremos dar respuesta al estilo de Domingo de Guzman que vendió sus libros, lo más valioso que tenía, para saciar el hambre y las necesidades de aquellas personas que lo necesitaban.