María Petra Giordano, monja dominica, es declarada venerable
El Papa León XIV ha autorizado el decreto de virtudes heroicas de esta religiosa de la Orden de Predicadores, nacida en Nápoles y fallecida en Bibbiena
El Papa León XIV ha autorizado la promulgación del decreto de las virtudes heroicas de la sierva de Dios María Petra Giordano, monja profesa de la Orden de los Predicadores. Con este reconocimiento, la religiosa dominica pasa a ser venerable sierva de Dios.
La decisión fue comunicada el 18 de junio de 2026 por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tras la audiencia concedida por el Santo Padre al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos.
María Petra Giordano, OP, monja dominica del monasterio de Bibbiena
María Petra Giordano, O.P.
María Petra Giordano, de nombre civil Nicoletta, nació en Nápoles el 4 de julio de 1912 y falleció en Bibbiena, Italia, el 21 de junio de 2006. El decreto vaticano la presenta como monja profesa de la Orden de los Predicadores.
Según la biografía publicada por el Dicasterio para las Causas de los Santos, Nicoletta creció en una familia cristiana marcada por la devoción mariana, especialmente por la Virgen de Pompeya y la oración del Rosario. En Roma frecuentó la basílica dominicana de Santa María sopra Minerva, donde vivió como terciaria dominicana y fue madurando su vocación.
Más tarde ingresó en el monasterio dominicano de Santa Maria del Sasso, en Bibbiena, donde tomó el nombre de María Petra. Emitió la profesión simple en mayo de 1936 y la profesión solemne al año siguiente.
En su comunidad desempeñó diversos servicios, entre ellos la formación de las novicias, el oficio de ecónoma y el de priora del monasterio. También participó en la revisión de las constituciones de la Orden de Predicadores para adecuarlas a las orientaciones del Concilio Vaticano II.
El Dicasterio para las Causas de los Santos subraya que María Petra Giordano vivió las virtudes cristianas y practicó los consejos evangélicos con fidelidad constante. Su vida estuvo marcada por la oración, el servicio a la comunidad y una profunda entrega a Dios.
La Orden de Predicadores ha acogido este reconocimiento como un motivo de alegría, especialmente para las monjas dominicas, cuya vida contemplativa forma parte esencial de la misión de predicación de la Orden.