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Dña. Carmen Calama OP invita a “alzar la mirada” ante los jóvenes migrantes

28 de mayo de 2026

La voluntaria de Balimayá participa en la serie “rostros dominicanos” antes del encuentro del Papa con proyectos sociales

Dentro de la serie rostros dominicanos, conversamos con Dña. Carmen Calama, O.P., voluntaria de Balimayá, un proyecto de acogida y acompañamiento a jóvenes migrantes y refugiados en situación de vulnerabilidad. Carmen es laica dominica de la Fraternidad Laical de Santo Domingo de Nuestra Señora de Atocha. La iniciativa, nacida en el entorno de la Asociación Atochar y vinculada a la Familia Dominicana, estará presente en el encuentro del Papa León XIV con proyectos sociales durante su visita a España.

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“En Balimayá buscamos construir hogar”

¿Qué significa acompañar a jóvenes migrantes desde una experiencia de familia, hogar y comunidad?

Significa intentar que nadie se sienta solo, compartir, crecer y hacer vida juntos. Ser familia.

Muchos de los jóvenes que llegan han atravesado experiencias muy duras: separación de sus familias, viajes peligrosos, incertidumbre, miedo y mucho desarraigo. Por eso, más allá de cubrir necesidades básicas, buscamos acompañar el desarrollo integral de la persona. Sentimos que lo importante es crear vínculos, espacios donde puedan sentirse acogidos y reconocidos como personas.

Y también hemos descubierto que la acogida transforma a todos. No es solo acompañar; es dejarnos afectar y aprender mutuamente.

En Balimayá buscamos construir hogar: un lugar donde compartir la vida cotidiana, celebrar, escucharnos, preocuparnos unos por otros y caminar juntos.

“La fraternidad verdadera se construye encontrándonos en las diferencias”

¿Qué vínculo tiene Balimayá con la Familia Dominicana y qué aporta esa sensibilidad al proyecto?

Balimayá nace desde personas muy diversas, algunas vinculadas a la Familia Dominicana y otras no, pero creo que la sensibilidad dominicana está muy presente en la manera de situarnos ante la realidad.

La tradición dominicana tiene mucho que ver con la escucha, el encuentro y la defensa de la dignidad humana. También con estar cerca de las fronteras humanas y sociales. El carisma nos invita a escuchar profundamente la realidad humana y ponernos al lado de quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.

En Balimayá, eso se concreta en algo muy sencillo: mirar a cada persona con respeto, escuchar su historia y caminar junto a ella.

También nos inspira la dimensión del encuentro y del diálogo que está en la raíz dominicana. Compartimos vida con jóvenes de distinta procedencia, cultura y religión y descubrimos cada día que la fraternidad verdadera se construye encontrándonos en las diferencias desde el respeto y la dignidad compartida.

Nuestro vínculo con la Familia Dominicana también se concreta en las distintas comunidades de dominicos y dominicas que nos sostienen y acompañan de muchas maneras: ofreciendo cercanía, apoyo, espacios, escucha y también una forma concreta de mirar la realidad. Gracias a todas por vuestro apoyo.

“Cuando una persona deja de sentirse invisible, recupera la confianza”

¿Qué heridas, dificultades o esperanzas encontráis en los jóvenes que acompañáis?

Encontramos heridas profundas relacionadas con la soledad, el desarraigo, y la inseguridad y dificultad para encontrar un lugar en la sociedad. La espera de papeles, la precariedad y muchas dificultades que genera la propia Ley de Extranjería hacen que vivan con mucha incertidumbre. A eso se suman prejuicios o situaciones de racismo cotidiano que les hacen sentir cuestionados o invisibles.

Además muchos llegan siendo muy jóvenes y cargando con las expectativas de sus familias.

Pero junto a esas heridas encontramos una enorme capacidad de esperanza y de resistencia. Nos impresiona su fuerza para volver a empezar y seguir adelante, su capacidad de cuidar unos de otros, de trabajar, de soñar y de reconstruirse incluso después de experiencias muy difíciles.

También encontramos esperanza en las relaciones que se crean. Cuando una persona deja de sentirse invisible y se sabe acogida y reconocida, recupera la confianza y la esperanza en el futuro.

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“La hospitalidad y la acogida también son una forma de predicación”

Balimayá estará presente en el encuentro del Papa con proyectos sociales. ¿Qué supone para vosotros que el Papa conozca esta realidad, aunque sea de forma breve?

Lo vivimos con mucha gratitud y también con mucha humildad.

Balimayá es una experiencia pequeña y muy cotidiana, sostenida por personas que creen en la acogida y en la fraternidad. Que esta realidad pueda estar presente en un encuentro así nos parece una forma de dar visibilidad no solo a nuestro proyecto, sino a tantas iniciativas que acompañan silenciosamente a personas migrantes.

Con este encuentro el Papa hace un reconocimiento a la acogida, el cuidado y la fraternidad como parte esencial del Evangelio. Nos alegra que el Papa pueda acercarse a esa realidad concreta que tantas personas viven cada día. La hospitalidad y la acogida también es una forma de predicación.

El Papa quiere encontrarse con realidades concretas de exclusión, migración, pobreza y vulnerabilidad. Un gesto claro de Iglesia que sale al encuentro, a las periferias y que pone en el centro a las personas más frágiles. Y en este contexto es donde se da el encuentro con Balimayá.

Siento que es una manera de representar a todos los jóvenes que forman o han formado parte de Balimayá, y a quienes sostienen el proyecto cada día creyendo que otra forma de convivir es posible.

“Antes que migrantes son personas concretas”

¿Qué mensaje os gustaría que la sociedad escuchara sobre los jóvenes migrantes que llegan a nuestro país?

Que antes que migrantes son personas concretas, con nombre, historia, heridas y sueños.

A veces la migración se habla y vive desde el miedo o desde cifras abstractas, pero cuando uno convive de verdad con las personas cambian muchas miradas y muchos prejuicios. Diría “Alzad la mirada”, alcemos la mirada para reconocer en el otro, en el que es diferente, la persona que hay en él con las mismas inquietudes, preocupaciones, derechos y sueños que cualquiera de nosotros.

Nos gustaría que la sociedad pudiera acercarse más al encuentro real con los migrantes que llegan. Porque cuando compartes vida descubres jóvenes con una enorme capacidad de esfuerzo, de cuidado, de esperanza y de deseo de construir un futuro digno.

Y también creemos que la acogida no empobrece una sociedad; al contrario: la hace más humana. Basta con alzar la mirada.