Dom
27
Ago
2017

Homilía XXI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2016 - 2017 - (Ciclo A)

¿Quien decís que soy yo?

Pautas para la homilía

La relación y las preguntas

Cada domingo la Palabra de Dios nos interpela, e invita a preguntarle a Dios, permitiéndonos compartir inquietudes de fe. Con los demás. Así empieza siempre una relación de fe. La experiencia de la fe se inicia así, con una relación que conlleva la pregunta personal y comunitaria sobre Jesucristo. ¿Quien decís vosotros que soy yo? ¿Qué lugar ocupo en tu vida? ¿Qué dice y expresa vuestra vida de mí? En el Evangelio de hoy, Jesús nos hace dos preguntas: Una general: “Quien dice la Gente que es el Hijo de Hombre”. Otra, totalmente personal y comunitaria, que implica la intimidad y la relación, y que lleva a la confesión de fe: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Le pregunta al grupo de los discípulos, pero la respuesta se da en comunidad. Por esa pregunta y el modo de responder, empieza el proceso y apertura a la relación de fe con Jesucristo.

Dejarse interpelar por la Persona de Jesús hoy, es un reto para el cristiano y su comunidad

Jesús sigue vivo y nos interpela en la lectura orante de su Palabra... Y así, a Jesús lo vamos conociendo, Sólo hay un camino para ahondar en su misterio: la relación y el seguimiento. Cada uno hemos de ponernos ante Jesús, y escuchar: ¿Quién soy yo para tú? ¿Qué dice tu vida de mí? ¿Quién soy yo para vosotros? ¿Cómo me expresan vuestras relaciones? Una pregunta que no sólo nos cuestiona sobre Jesús, sino también sobre nosotros mismos. ¿Quién soy yo? ¿En quién creo? ¿Desde donde oriento mi existencia? ¿A qué se reduce mi fe?

¿Quien decís que soy yo?

Cuando escuchamos esta pregunta, podemos pensar en fórmulas doctrinales: Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo, el Redentor de la humanidad. Pero ¿basta pronunciar estas palabras para convertirnos en seguidores suyos? Podemos responder por costumbre, por piedad o por disciplina, pero parece que no es ese el sentido de la pregunta, que invita más bien a examinar la relación con Jesús, Hay cristianos que, alardean incluso de su ortodoxia, pero no conocen el dinamismo del Espíritu de Cristo... Por eso, hoy necesitamos responderle con la vida más que con palabras sublimes, porque la fe no consiste en creer algo, sino creer en Alguien. Lo decisivo en la fe, es encontrarse con Jesucristo personal y comunitariamente.

Pedro, modelo de un discípulo creyente

La figura de Pedro es modelo de creyente, con un papel fundamental en la formación de la Iglesia. Es la imagen primordial del cristiano, creyente y dubitativo; discípulo de Jesús, pero también su tentador; el que le confiesa y el que le traiciona. Todo lo cual lleva a replantear el tipo de relación que establecemos con El. A la primera pregunta de Jesús responden todos los discípulos. A la segunda sólo responde Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16)... Pero en aquí, no se manifiesta tanto el conocimiento de Pedro, sino la fe de la comunidad: ¡Tú eres el Hijo de Dios vivo! Una verdadera confesión de fe, que cobra valor con la palabra de Jesus reconociendo la revelación en la fe, y otorgando a Pedro un poder por esa misma confesión. Jesús llama bienaventurado a Pedro porque ha confesado la fe que expresa la realidad del misterio de Dios y de Jesús. La lectura de Rom 11, 33-36, habla hoy de la revelación como un misterio que nadie puede conocer por sí mismo. Todo lo hemos recibido de Él. Por eso, la fe no puede ser el resultado de una investigación humana o de una búsqueda racional, sino la respuesta a una interpelación de Dios, que siempre tiene la iniciativa en el proceso de la fe.

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

¿Quién es esa piedra? Simón recibe de Jesús el sobrenombre de piedra, como una función y un encargo de seguridad y consistencia sobre la que edificar su Iglesia. Se sigue discutiendo si las palabras. “Tú eres “piedra”, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, se refiere a la persona de Pedro o a la confesión de fe que Pedro proclama, aunque sea aquí donde fundamenta la tradición, el Primado y la infalibilidad papal. Pero la pregunta que nos hacemos es ¿donde está fundamentada la Iglesia, en Pedro o en Cristo? En Cristo, claro está. (1Cor 3,11, Ef 2,20), y eso es lo que confiesa Pedro en el evangelio de Mateo. Con esta confesión de fe, Pedro expresa su ser y su misión, convirtiéndose en prototipo de todos los creyentes. Los seguidores de Jesus que aceptamos el evangelio tenemos como roca de salvación la confesión de la fe que hace Pedro. Pero no es la confesión de un hombre solitario y cargado de responsabilidad personal para atar y desatar, porque tiene las llaves del reino de los cielos...Es la confesión de una Iglesia a la que él representa. Porque la salvación de cada uno, no depende de Pedro sino de la gracia y la misericordia de Dios, revelada en Jesucristo y a quien Pedro confiesa.