Dom
17
Nov
2019

Homilía XXXIII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

Pautas para la homilía

Como ocurre con los otros evangelios sinópticos (Mc 13 y Mt 24-25), Lucas concluye la predicación de Jesús en Jerusalén con un discurso escatológico (= sobre el fin del mundo) y lo hace en tres momentos: el primero es el que describe la lectura: la destrucción de Jerusalén, el segundo: el tiempo de la misión o la Iglesia y el tercero será la venida del Hijo del hombre que traerá la plenitud del Reino de Dios.

El texto que hoy nos ocupa relata la última visita de Jesús a Jerusalén, donde algunas de las personas que le acompañaban “ponderaban la belleza del Templo”. Jesús, en cambio, siente algo distinto, ve que en ese lugar grandioso no se acoge a Dios, no descubre la presencia de Dios por ningún lado, siente un rechazo hacia él, por eso dice: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Porque en ese lugar que todos contemplan no se vive la fe en Dios de forma sincera, no se escucha el clamor de los que sufren, los más importantes para Dios y, por tanto, desde ese lugar sagrado se está engañando a la gente y por eso dice Jesús: “todo eso será destruido”.  Podríamos reflexionar sobre si esa misma situación que se encontró Jesús en su época ¿no se la encontraría actualmente?.  

Para Lucas la destrucción de Jerusalén es el fin de toda una etapa de la historia de la salvación, pero no es el signo de la llegada del fin, porque lo que pretende Lucas no es tanto describir los acontecimientos que van a suceder en el futuro, sino dar a los creyentes de su comunidad la fuerza y el coraje para que puedan vivir el seguimiento de Jesús, en medio de las pruebas y dificultades en el presente, porque lo que le interesa a Lucas es que pongamos nuestra atención en el presente, vivido, eso sí, a la luz del modelo y el ejemplo que nos ha legado Jesús.   

Sabemos que vivir el presente, siendo seguidores de Jesús, no es fácil; no lo fue para Jesús, por eso dijo: “todo será destruido”, y no lo es para nosotros que estamos anclados en una religión con muchos siglos de historia, pero en muchos aspectos caduca y que no genera la vida que Dios quiere introducir en el mundo, pero el propio Jesús nos dice que tenemos que perseverar porque “con nuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.

¿Qué es lo que podemos hacer para perseverar?:

  • Primero: no desviarnos del Evangelio: eso significa buscar siempre el reino de Dios y su justicia y no nuestro propio beneficio
  • Buscar siempre el bien de todos y no sólo el nuestro.
  • Dar sentido a nuestra oración no con palabras vacías que no dicen nada, sino llenarlas de contenido con nuestro ejemplo, como lo hizo Jesús, que siempre predicó con el ejemplo.
  • No ser tan reacios a aceptar los cambios, escuchando los gritos de la gente que sufre, estando abiertos ante lo nuevo que pueda venir y no tan reticentes y a la defensiva.
  • No exigiendo a los demás lo que no estamos dispuestos a dar nosotros.
  • Asumir que el seguimiento de Jesús no es un camino fácil, de éxitos y glorias, sino que será un largo trayecto de dificultades y luchas.
  • Asumir cada uno nuestras responsabilidades: a nadie se nos pide más de lo que podemos dar pero es importante no delegar en los otros la tarea que nos corresponde a cada uno.

Jesús nos diría hoy en día: dejémonos de lamentos, nostalgias, desalientos o resignaciones y empecemos a dar testimonio: “tenemos que dar testimonio”, porque “con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas”.