Dom
13
Jun
2021

Homilía XI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo

Pautas para la homilía

Una luminosa Palabra se nos propone este domingo.

¿Qué tenemos que hacer hermanos?, es la pregunta que hace el pueblo a Pedro y los demás apóstoles el día del Pentecostés del Espíritu en Jerusalén. Ellos responden pidiendo conversión y bautismo personal en el nombre de Jesús Cfr Hch 2, 37-39. Dar frutos generosos de amor y responsabilidad. Comienza el mensaje apostólico a todos los pueblos de toda raza, lengua y nación. Y la respuesta ha de servir para todos los tiempos.

Ya Jesús les habló con anterioridad y lo hizo en ocasiones por medio de parábolas.

Hoy toda gira en torno al "trabajo apostólico  generoso de sembrar la Palabra". La de Jesús el Señor.

Él es el sembrador. No hay que olvidarlo.

Si queremos ser útiles en el Reino de Dios, es su Palabra la que ha de ser sembrada y esperar pacientemente su crecimiento, desarrollo y fruto.

Si la tierra es buena, y lo es. La semilla es mejor.

Mensajes claros, y evangélicos. Es su Palabra.  Se trata de una semilla buena, la única necesaria, no necesita añadidos. El Evangelio es una buena semilla que ha de fecundar y dar fruto en el corazón del ser humano.

Toda manipulación del mensaje evangélico, nos destruye, no fructifica y no nos será útil,  ni salvadores,  no serán más que discursos sobre discursos que aturden y sepultan la claridad del mensaje de salvación, no penetran en el corazón de las personas ni darán frutos creíbles en nuestras comunidades.

Hay que acoger la vida que fluye, y poner la semilla del Reino, con la esperanza de que el fruto llegará por la acción del poder de la misma  Palabra y del Espíritu.

El Reino se siembra proponiendo, esperando y cuidando el mensaje. Respetando el mensaje y el destinatario. Ha de permitir que se haga vida en el caso de que se acepte. Hasta que nace hay que saber cuidar los tiempos de espera. Si nace con fuerza, será porque se ha trabajado bien en el cuidado. Será necesario vivir en oración, respeto y libertad.

Ezequiel nos habla de la potencialidad interior que posee el humilde, capaz de transformar toda soberbia que fructifica injusticia e impiedad.

Hay que cuidar todo brote de humanidad pues ahí está el Espíritu del Señor. Su Fuerza.

«La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19)

La parábola del sembrador nos lleva a vivir siempre esperando. Pero, hay que cuidar el proceso.

Proponer la Palabra para que sea escuchada y entendida y aceptada. Oración, estudio y verdad se hacen necesarios. Es lo más pastoral, acertado y positivo.

Jesús es el camino, la verdad y la vida.

Se trata de escuchar, acoger, recibir y entender la propuesta del Reino de Dios. Jesucristo es su artífice.

Jesús dice: "Escuchad", llama la atención de los que le rodean. Algo importante va a decir.

Su palabra modifica toda realidad. Pues va  a proponer una realidad distinta, más humana, justa y adecuada para cada uno de los oyentes, o mejor de aquellos que acogen esa semilla de salvación que transforma el corazón del oyente.  El a todos nos desea que tengamos vida, y,  que esa vida sea verdaderamente humana.

En la profundidad de los surcos que cruzan y marcan nuestras vidas, aparecen  injusticias, falsedades  y sufrimientos sobrevenidos por nuestra condición humana, estas situaciones personales y muchas veces colectivas han de tener una respuesta de dignidad y valoración positiva de cada uno de nuestros hermanos. La escucha y acogida de la Palabra creará en nosotros  un corazón capaz de amar y transmitir vida, una vida evangélica, nueva, plena de valores que humanizan este mundo, nuestros mundos particulares y comunitarios con la única finalidad de hacer fructificar con energía y de modo creíble las  Bienaventuranzas del Evangelio, que nos cuidan y animan a dar frutos. Cada uno con sus carismas particulares, los que el Espíritu ha puesto en su corazón para hacer posible y visible la presencia  de una comunidad en donde verdaderamente las personas se amen, cuiden y respeten. Des frutos y señales de salvación.

El sembrador por tanto es fiel. Jesús es el sembrador. No hay otro. Los demás, servidores de la Palabra.

Toda palabra del Evangelio es transformadora en los procesos personales, gestando un nombre nuevo. Ha de conducir a la libertad que poseen los verdaderos hijos de Dios. Llevar a término el proceso de cristificación que tiene su origen en nuestro bautismo. Ese ser hijos en el Hijo.

El "escuchadle" del episodio del Jordán, es ante todo un comienzo de germinación fecunda. Es ante todo un caminar en una única dirección, Trata de sembrar en toda una esperanza de dignidad, libertad y pureza al ser humano necesitado de cambios. Hacia una comunión plena con Jesucristo, sembrador, pastor, compañero y hermano que se acerca delicadamente a sanar nuestro corazón y  entendimiento para que demos frutos capaces de gestar y desarrollar y fructificar  los distintos carismas de los que habla el  Evangelio como buena noticia de salvación que es. Haciendo nuestra,  la responsabilidad de hacer germinar todas las semillas contenidas en las Bienaventuranzas.

Cuidemos la tierra y la semilla. Seamos pacientes con los brotes. Esperemos los frutos. Y nunca desesperemos si no rinden al cien por cien. Cada uno tenemos nuestro tiempo y ritmo.

Toca sembrar, cuidar, segar, aventar, recoger y presentar los frutos. Déjate acompañar por la comunidad, ella es tu parcela, formas parte de ella. Mira al Sembrador. Espera y rinde el ciento por uno. Al menos esfuérzate.

Buen domingo.