Dom
1
Mar
2015

Homilía II Domingo de Cuaresma

Año litúrgico 2014 - 2015 - (Ciclo B)

Este es mi Hijo Amado: ¡escuchadlo!

Pautas para la homilía

Hoy os invitamos a profundizar en las lecturas de este evangelio a través de tres paradojas.

  • Paradoja 1: Viviendo “sin reservas” nunca te encontrarás “en reserva”

El relato de Abraham siempre nos ha sobrecogido. ¡Una persona que lleva a su hijo Isaac al país de Moria para matarlo como sacrificio a Dios! Seguramente si contamos esta historia a nuestros pequeños, se imaginarán a un Dios como el de la película de King Kong, un monstruo al que los nativos le ofrecían humanos al gigante terrorífico y poderoso con los que poder aplacarle. ¡Qué lejos de la realidad!

Jesús nos muestra que Dios no quiere sacrificios con los que aplacar una supuesta ira. En Él esto no tiene cabida: choca frontalmente con su esencia, la del Amor. Marcos sitúa el relato de la transfiguración entre el primer y segundo anuncio de la pasión. Él ya sabe a lo que inevitablemente le conducirá lo que ha predicado con su palabra y sus obras a lo largo de los años. Impresionante catequesis en la que Jesús muestra con sus “vestiduras de blanco deslumbrador” a lo que conduce el darse “sin reservas”: ¡a sentirse plenamente inundado de Dios!

Esta primera paradoja hace una seria llamada acerca de los límites que ponemos a nuestra entrega. Ya sean económicos, de tiempo, de personas o de realidades concretas, … ¿Decimos continuamente un “sí” pero con condiciones? Si eres de quienes quieren reservarse algo “por si acaso” entonces puede, que algún día te quedes “en reserva”.

  • Paradoja 2: La plenitud asusta. ¿Queremos alcanzarla?

Todas las personas que componemos la humanidad aspiramos a llevar una vida plena, pero ¿en qué consiste esta plenitud? Para los que nos llamamos cristianos no cabe duda que pasa por permitir que la realidad de Dios, tal como sucedió en la transfiguración, nos inunde por completo. Sólo así nos sentiremos verdaderamente felices.

La pregunta más usual que se nos viene a la cabeza es: y ¿cómo hago esto? Pues la respuesta es bien sencilla, la hemos visto en la primera paradoja: vaciarnos de seguridades, de materialidades, de egos, para entregarnos plenamente a las mujeres y hombres de este mundo. Darse una vez, y otra, y mil veces más sin ningún tipo de reservas. Esto, lógicamente, cuesta y asusta. ¡Se trata de vivir la vida como entrega permanente! Solo entrando en esta dinámica encontramos el verdadero sentido de nuestra vida. Un sentido, que por otro lado, nada tiene que ver con tener o aparentar más, con conservarnos mejor o con preocuparnos por guardar para el mañana.

Los discípulos se asustan cuando en la transfiguración de Jesús descubren a lo que estamos llamados, ¿será por el camino o por el resultado? La felicidad, la plenitud, … ¿te asusta?

  • Paradoja 3: Una Iglesia que en ocasiones “pasa” de Dios

Moisés, Elías y Jesús. La Ley, los profetas… y de nuevo Dios diciéndonos: “este es mi Hijo Amado: ¡escuchadlo!” ¡Qué difícil fue escuchar en tiempos de Jesús a aquél que invitaba a vivir desde el Espíritu frente a la Ley! ¡Qué difícil escuchar al que apostaba encontrar a Dios en la humanidad frente a los que promulgaban encontrarlo con recetas y preceptos milagrosos!

Parece que no ha pasado el tiempo. Una parte de la Iglesia que prefiere buscar a Dios en la Ley y los profetas frente a otra que quiere ser fiel al “escuchadlo”.

La tercera paradoja supone una seria advertencia para quienes se atreven a marginar, excluir y condenar en nombre Dios. El camino para llegar hacia Él no pasa por realizar una serie de conductas y acciones seguras. No pasa por cumplir con el ir a misa, el rezar varias oraciones al día y dar limosna de vez en cuando. El trayecto seguro pasa por poner los ojos en Jesús y recorrer su sendero. Pasa por acomodar nuestra vida a la suya. Supone fiarse de su Espíritu para vivir la vida arriesgándose, confiándose, ilusionándose.

¿Y tú? ¿Te atreves a tomar las riendas de tu vida teniendo como única norma el Amor sin condiciones o prefieres no salirte de los dictados marcados por otros? ¿Eliges que te vivan u optas por vivir? Desde aquí te animo a que seas de quienes te unes a la Iglesia que se niega a “pasar” de Dios para vivir desde Dios.