Lun
29
Ago
2016
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2,1-5:

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Salmo

Sal 118 R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

¡Cuánto amo tu voluntad!:
todo el día estoy meditando. R/.
Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña. R/.
Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos. R/.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus leyes. R/.
Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra. R/.
No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo habla metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se habla casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecia a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
-«Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró:
-«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre:
-«¿Qué le pido?»
La madre le contestó:
-«La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
-«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy en la Iglesia recordamos el martirio de San Juan Bautista, la voz de que precedió a la Palabra. Y en esto, en ser voz de la Palabra, es en lo que nos vamos a centrar gracias a la lectura de la primera carta a los corintios y del evangelio de san Marcos.

  • «Vine a vosotros a anunciaros el testimonio de Dios»

Pablo no se presenta ante la comunidad de Corinto como alguien erudito -y eso que tenía formación suficiente para hacerlo-, sino como uno que sabe que el verdadero conocimiento está en Jesucristo. Es decir, Pablo no quería comunicar sus palabras y su saber, sino que quería predicar a Jesucristo, la experiencia del que fue crucificado y resucitó. Pablo se deja ser voz de la Palabra, pues así es como más fiel será a la predicación del kerigma y mejor mostrará la manifestación y el poder del Espíritu.

  • «Cuando lo escuchaba, lo escuchaba con gusto»

Intencionadamente no me detendré el martirio del Bautista, pues bien conocido es el final de la cabeza de éste sobre una bandeja por el baile de la hija de Herodías ante el rey Herodes. Por el contrario, sí intentaremos contemplar el martirio de Juan, el Bautista, en cuanto modelo de cómo hacerse voz de la Palabra por un detalle en el relato del evangelista Marcos: «(…) lo escuchaba con gusto». ¿Cómo puede ser que alguien nos diga nuestro pecado y, sin embargo, seamos capaces de escucharlo con gusto? No cabe más respuesta que pensar que las palabras que salían por la boca de la voz que clama en el desierto eran palabras inspiradas. No se prepara un camino para él ni quiere que lo oigan a él; Juan prepara los camino a Jesús y no quiere otra cosa que la gente escuche la palabra que sale de su boca, palabra inspirada por el Espíritu de Dios.

En Pablo y Juan Bautista se ve el resultado que tiene negarse a sí mismo y amar a Dios pues, como leemos en la meditación sapiencial del salmo, quien ama y medita la voluntad del Señor siempre está acompañado por Él y siempre está siendo instruido para ser más sabio, docto, sagaz y evitar toda senda mala

¿Amo la voluntad de Dios contemplando su Palabra?
¿Soy voz de la Palabra o la enmudezco?