La sinodalidad centra el XXI Simposio de Teología Histórica en Valencia
El XXI Simposio de Teología Histórica aborda la comunión y la misión de la Iglesia hoy en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer
La Facultad de Teología San Vicente Ferrer de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha celebrado el XXI Simposio Internacional de Teología Histórica bajo el título Ubi floret Spiritus: comunión y sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia.
El acto inaugural estuvo presidido por el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, quien subrayó que la sinodalidad “no supone una ruptura con la tradición de la Iglesia”, sino que se encuentra enraizada en ella. En este sentido, destacó como referencia fundamental la eclesiología del Concilio Vaticano II, base de toda reflexión actual sobre el carácter sinodal de la Iglesia.

Benavent explicó que los grandes conceptos conciliares —la Iglesia como misterio, como pueblo de Dios y como comunión— constituyen el fundamento sobre el que se articula la sinodalidad. “Se trata de una manera de vivir en la Iglesia”, afirmó, capaz de responder a los desafíos evangelizadores del presente.
En la mesa inaugural participó también el prior de la Provincia de Hispania de la Orden de Predicadores, Fr. Javier Carballo OP, en su calidad de vice gran canciller de la Facultad.
Por su parte, el rector de la UCV, José Manuel Pagán, advirtió del riesgo de entender la sinodalidad como un fin en sí mismo. Recordó que su verdadero sentido es ser un medio para la búsqueda de la verdad, evitando reducirla a un simple consenso o equilibrio de opiniones. “La comunión auténtica no consiste en coincidir, sino en converger hacia aquello que nos trasciende”, señaló.

El decano de la Facultad, Santiago Pons, destacó que la Iglesia vive un momento decisivo en la recepción del camino sinodal, que exige transformar la cultura pastoral. En continuidad con el magisterio reciente, afirmó que este proceso supone un desarrollo fiel de la eclesiología del Concilio Vaticano II.
La conferencia inaugural corrió a cargo del obispo de Solsona, Francisco Conesa, quien insistió en que toda reforma eclesial debe partir de una renovación espiritual. “Sin esa renovación, cualquier cambio estructural queda vacío”, advirtió.
Un solo corazón y una sola alma hacia Dios
En la mesa redonda sobre espiritualidad intervino el dominico Fr. Julián de Cos OP, quien propuso comprender la sinodalidad como una experiencia espiritual concreta que puede vivirse en la vida comunitaria. Inspirándose en la Regla de san Agustín, subrayó la importancia de vivir “un solo corazón y una sola alma hacia Dios”.
Según explicó, esta unidad se realiza de modo privilegiado en la oración y en la eucaristía, donde la comunidad eleva conjuntamente su vida hacia Dios. Esta experiencia, lejos de ser teórica, genera fraternidad real, supera divisiones y fortalece la confianza mutua en comunidades que viven con autenticidad la vida litúrgica.
Fr. Julián insistió en que la sinodalidad no es una idea abstracta, sino una realidad que se puede experimentar en parroquias y comunidades que cuidan la celebración, la participación y la vida espiritual. No es una utopía, sino una experiencia que exige preparación y apertura al Espíritu.

El simposio ha contado también con la participación de teólogos como Myriam Wijlens y Dario Vitali, así como con diversas mesas redondas sobre espiritualidad, eclesiología, cultura del encuentro y ecumenismo.
Durante el encuentro se han presentado más de treinta comunicaciones, que serán publicadas próximamente, consolidando este foro como un espacio de reflexión teológica en diálogo con los retos actuales de la Iglesia.