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Santo Domingo de Scala Coeli (Córdoba) acoge un retiro para laicos dominicos

7 de febrero de 2023

Dirigido por Fr. José Antonio Segovia, O.P. Han participado 25 personas de Baena, Madrid, Sevilla, Bormujos y Córdoba

  La necesidad de la vuelta a las raíces de la conversión, la oración misericordiosa y apostólica y la predicación para la salvación de las almas, por parte de las fraternidades laicales dominicanas, ha sido el hilo conductor del retiro para laicos dominicos celebrado este pasado fin de semana en Santo Domingo de Scala Coeli, Córdoba, dirigido por Fr. José Antonio Segovia, O.P.

  Durante tres días, 25 hermanos de las fraternidades laicales de Santo Domingo de Henares, de Baena; San Martín de Porres, de Madrid; Santa Catalina de Siena, de Sevilla; Amigos de Dios, de Bormujos; y Santo Domingo de Scala Coeli y P. Posadas, de Córdoba, han compartido reflexiones, diálogos y celebraciones en torno a “La oración apostólica: vínculo y compromiso”.

  En sus reflexiones, Fr. José Antonio Segovia, aprovechando además que en este año 2023 se cumplen y vamos a celebrar el 600 aniversario de la fundación de Scala Coeli por San Álvaro de Córdoba, ha mostrado cómo este convento fue la cuna de la reforma de la Orden Dominicana en España. Desde su fundación, Scala Coeli fue y sigue siendo actualmente una casa de oración y conversión, un retornar a las fuentes que están en Cristo crucificado, como así señala San Pablo en su primera carta a los corintios: “nosotros predicamos a Cristo Crucificado”. San Álvaro siguió el lema dominicano de “hablar con Dios para hablar de Dios”; contemplar y dar lo contemplado, llevando al prójimo la Salvación experimentada en la contemplación de Cristo.

La oración alivia nuestro cansancio

  En otro momento, el P. Segovia se preguntaba en voz alta ¿para qué sirve rezar?, ya que, en una sociedad como la actual, donde se acepta como criterio casi único la eficacia, el rendimiento y la producción no es extraño que surja la pregunta por la utilidad y eficacia de la oración. Pero, seguidamente, aportaba varias respuestas: la oración es eficaz porque nos hace más creyentes y humanos, nos abre los oídos del corazón para escuchar con más sinceridad a Dios, va limpiando nuestros criterios y nuestra conducta de aquello que nos impide ser hermanos, alienta nuestro vivir diario, reanima nuestra esperanza, fortalece nuestra debilidad y alivia nuestro cansancio.

  Y, desde el carisma dominicano, la oración surge en Santo Domingo como una relación apostólica y misericordiosa, motivada por las necesidades y la contemplación del drama humano en sus múltiples manifestaciones, sintiendo dichas necesidades como una herida. El paso de la contemplación a la súplica constituye una dimensión original que Domingo cultiva en su vida de oración. Ella expresa, sin duda, su talante compasivo.

Y esa misión de la “salvación de las almas” es la que hoy también continúan todos los miembros de la familia dominicana, en sus diversas ramas, a través de los medios que le son propios a la Orden: la predicación, la oración, el estudio y la vida fraterna.

  Pero, ¿qué significa en el lenguaje y análisis vital actual el término “salvación de las almas”? Para encontrar una respuesta lo más correcta posible es preciso tener en cuenta y hacer memoria de la personalidad de Santo Domingo y de sus experiencias históricas. La salvación de las almas que él coloca como objetivo último de su labor apostólica y de la Orden por él fundada se refiere al hombre integral y comprende también la salvación de este hombre en el más acá histórico. Es el hombre concreto de carne y hueso el que debe ser salvado.

  Una obra de misericordia es “orar por todos”. Esto invita a vivir la oración, no sólo como una experiencia de amor de Dios, sino como un servicio de amor a los seres humanos. Algunos piensan que orar y obrar son cosas contradictorias, creen que en lugar de orar por otro, mejor sería ayudarle y poner personalmente manos a la obrar para mejorar su situación. Pero la oración por los otros es algo más que una alternativa a la acción. Amar al otro y orar por él son dos caras de la misma moneda. Sin oración la acción es a menudo ciega. Pero también se puede decir que la oración puede ser una coartada para rehuir el compromiso personal. Entonces nuestra oración pierde su valor. Luchar y contemplar son las dos caras de la misma moneda.

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  Pero hay más: la oración produce un efecto que nos resulta imposible describir. Oramos porque confiamos en que Dios escucha nuestra oración y en que Dios puede ayudar al otro. Pero sabemos que con nuestra oración no podemos forzar a Dios a que actúe como queremos. Debemos dejar siempre a Dios la última palabra sobre su modo de reaccionar a nuestra oración.

  Finalmente, el P. Segovia reflexionó sobre la oración como vínculo y compromiso que expresamos en el lema de la Orden de Predicadores: “alabar, bendecir y predicar”. “Orar”, alabando: puesto que el esfuerzo humano puede conseguir muy poco sin la ayuda de Dios, lo más importante para un predicador es ser una persona de oración. “Convivir”, bendiciendo: con un estilo de vida sencillo luchamos por estar abiertos y ofrecer nuestro apoyo a todo aquel que necesita ser acogido, predicando desde nuestra vida comunitaria. Y “evangelizar” predicando con la propia vida: proclamar la verdad del Evangelio en toda su integridad, con tal claridad que permita al que escucha considerar todo bajo la luz de Jesús. Los dominicos a lo largo de nuestras vidas, estudiamos y meditamos la Palabra de Dios, con el fin de interpretar los signos de los tiempos y predicar de la forma más apropiada a la sociedad contemporánea.

  Como punto final a las reflexiones del fin de semana, Fr. José Antonio Segovia, relacionó las diez actitudes necesarias para mantener vivo el espíritu de Santo Domingo: misericordia y pobreza; oración apostólica; itinerancia interior y exterior; estudio de la Verdad; testimonio de vida; entrega hasta la muerte; libertad, responsabilidad y creatividad; humildad, promesas y cuidado mutuo.

  Además de las reflexiones propias del P. Segovia, se realizaron diversos diálogos en grupos y al completo, así como diversas oraciones y eucaristía en la Capilla.

  En definitiva, un retiro que ha supuesto la vuelta a la normalidad de los encuentros de los laicos dominicos en Scala Coeli.

D. Antonio-Jesús Rodríguez Hernández, OP

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