Los frailes de la Provincia de Hispania celebran en Caleruega su retiro provincial
Fray Felicísimo Martínez predicó unas jornadas centradas en la vocación, la experiencia de Dios y la vida comunitaria dominicana
Los frailes de la Provincia de Hispania celebraron del 31 de agosto al 3 de septiembre en Caleruega su retiro provincial, predicado por fray Felicísimo Martínez OP. Durante las jornadas, la oración, la reflexión y la convivencia ayudaron a profundizar en la vocación dominicana, la experiencia de Dios y la vida comunitaria, en un contexto marcado también por los desafíos vocacionales y la necesidad de renovar el impulso de la predicación. El encuentro incluyó además la renovación de la profesión de cuatro frailes estudiantes del Real Convento de Predicadores de Valencia.

Crónica del retiro de la Provincia de Hispania, por Fr. Florent Oke OP
El encuentro provincial celebrado en Caleruega se inició el 31 de agosto con la cena fraterna en un clima de auténtica convivialidad propia de la familia dominicana. Desde el primer momento se percibió un ambiente de familiaridad y comunión, enriquecido por la presencia de hermanos de las Provincias de Hispania, de México y del Rosario, signo palpable del ecumenismo interprovincial revindicado por Fr. Felicísimo Martínez, el predicador del retiro.
En un contexto vocacional delicado —marcado por la disminución del número de frailes y por el impacto creciente de la secularización, como señaló el prior provincial, Fr. Francisco Javier Carballo— el retiro ofreció un espacio de renovación interior, de clarificación carismática y de reactivación del dinamismo vocacional en los diversos contextos formativos y comunitarios en los que cada hermano se encuentra.

La jornada del 1 de septiembre se abrió con la oración de laudes, que introdujo la reflexión sobre la propia historia vocacional a partir del contraste bíblico entre luz y tinieblas (1 Tes 5,4‑5). Se nos recordó que la vocación dominicana consiste en reflejar la luz de Cristo al estilo de Santo Domingo, dejando que la experiencia de Dios ilumine la vida comunitaria y apostólica.
En la charla matutina, Fr. Felicísimo Martínez, desde una delicadeza de hermano que se propone compartir con sus hermanos su experiencia de fe y de fraile predicador, ofreció claves para profundizar en la interioridad y reactivar el carisma de la santa Predicación desde el momento vital de cada fraile. Se preguntó: ¿qué nos pasa?, ¿por qué cuesta perseverar?, ¿qué lugar ocupa Dios en nuestra vida? Preguntas que le ayudaron a identificar carencias en los valores irrenunciables necesarios para una madurez humana, cristiana y religiosa.
El ponente articuló su propuesta en tres niveles de renovación: la observancia regular o disciplinar, como marco de vida que sostiene la identidad carismática del Predicador; la conciencia moral, que permite discernir con verdad las motivaciones que cada uno da al sentido de la vida; y por último la experiencia teologal, núcleo de la vida consagrada, donde se renueva la primera experiencia personal de Dios que permite corresponder al don de la vida consagrada dominicana.
Advirtió del riesgo de convertir la vida religiosa en fariseísmo o en activismo apostólico sin raíz espiritual. A los hermanos en formación inicial les exhortó a recuperar la herencia de Fr. Humberto de Romans y Fr. Damian Byrne, cuya fidelidad creativa en el carisma de la Predicación constituye un referente para una predicación fundada en la sana doctrina y en la escucha obediente de la Palabra.
La dimensión teologal —la experiencia viva de Dios— fue presentada como el centro de la identidad dominicana, donde se aprende a vivir la predicación como disponibilidad formativa y como gozo comunitario contagioso, en términos de Fr. Edward Schillebeeckx.
Tras la primera charla, se ofreció un tiempo de reflexión personal, seguido de una oración mariana que nos adentró en el misterio de la vida humana iluminada por los misterios del rosario. El ágape del mediodía favoreció un espacio de convivencia auténtica, cuya importancia fue subrayada en la sesión vespertina.
En la tarde del mismo día, el ponente abordó la cuestión del contraste que se da entre comunidad y soledad en nuestra vida, proponiendo un equilibrio que pasa por reparar grietas y fortalecer los lazos cotidianos. Subrayó que la comunidad es un don que exige responsabilidad y que una comunidad sana es condición imprescindible para una vida consagrada de predicación fecunda y disfrutada.
Insistió en la necesidad de una convivencia teologal, que no se limite a las respuestas —a veces insuficientes— de las ciencias humanas, y destacó la importancia de la práctica cotidiana de la reconciliación como signo de madurez comunitaria. Finalmente, advirtió del riesgo de ciertas tecnologías que pueden convertir a la persona en un alma fuera del cuerpo, incluso dentro del convento. La jornada concluyó con la eucaristía con vísperas y la cena.
El segundo día siguió el mismo esquema, con algunas novedades. El tiempo de reflexión personal fue sustituido por un ejercicio de conversación en el Espíritu, seguido de una puesta en común que reemplazó la conferencia vespertina. Este diálogo permitió pasar de un nivel teórico a un nivel práctico tomando conciencia de la gracia de Dios como fuente de nuestras motivaciones. Esta misma nos permite vivir la vocación desde la gratitud, autenticidad y verdad que deben manifestarse en nuestras celebraciones, y en el ejercicio del perdón —ofrecido y recibido— como valor enriquecedor de una comunidad de predicadores que sueña unida.
Este espacio de compartir concluyó con un agradecimiento mutuo entre Fr. Felicísimo Martínez y la comunidad provincial, que le acogió como a un hermano más.
Otro momento destacable fue la renovación de la profesión de cuatro hermanos estudiantes del Real Convento de Predicadores de Valencia: Fr. Moisés Norberto Nkogo Ndong Mokuy, Fr. Ángel García Martínez, Fr. Agapito Nguema Engono Avomo, y Fr. Alejandro Pérez Castellanos. Damos gracias a Dios por sus vocaciones y por su testimonio de fidelidad y perseverancia. La celebración presidida por el Prior Provincial tuvo lugar en la iglesia del Real Monasterio de Santo Domingo de Guzmán con nuestras hermanas dominicas contemplativas de Caleruega. Tras la eucaristía, compartimos un momento fraterno en torno a una barbacoa en el jardín del convento. La eucaristía con laudes celebrada el día 3 de septiembre de 2026 puso fin al encuentro provincial.
Fr. Florent Oke, O.P.