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Un nuevo fraile dominico para España en el vicariato de la provincia misionera del Rosario

17 de septiembre de 2026

El religioso venezolano pronuncia sus primeros votos en el convento-parroquia de San Pedro Mártir de Madrid, tras completar el noviciado en Sevilla

La tarde del domingo 6 de septiembre, la iglesia del convento-parroquia de San Pedro Mártir, de los frailes dominicos de la Provincia Misionera del Rosario, acogió la primera profesión religiosa de fray Johan José Araujo Serrano, O.P. La celebración, que comenzó a las 20:30 y concluyó a las 21:35, reunió a un gran número de feligreses, frailes, sacerdotes y amigos que quisieron acompañar al joven religioso venezolano en este importante momento de su camino vocacional.

La eucaristía fue presidida por fray Pedro Juan Alonso Merino, O.P., vicario provincial de la Provincia del Rosario en España. Concelebraron algunos sacerdotes diocesanos venezolanos, amigos de fray Johan y actualmente destinados en distintas parroquias de Madrid, junto a otros frailes de la comunidad conventual y del convento de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas en Madrid.

La iglesia se encontraba completamente llena. A la feligresía habitual de la celebración dominical se sumaron familiares de corazón, amigos y hermanos de camino. La familia de fray Johan, que permanece en Venezuela, no pudo desplazarse hasta Madrid, pero algunos sacerdotes venezolanos quisieron acompañarlo en nombre también de tantos vínculos que han formado parte de su historia.

La celebración estuvo animada musicalmente por el coro que habitualmente participa en la misa dominical de la parroquia a las 20:30, acompañado además por otros cantantes que se unieron para dar más vida a la liturgia. Dirigidos por fray Marcos Julio García Sánchez, O.P., prior del convento de San Pedro Mártir, varios de los cantos fueron dedicados a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden, así como a la vida misma de la Orden, teniendo en cuenta sus elementos principales.

«La misericordia de Dios y la vuestra»

Uno de los momentos más significativos de la celebración llegó con el canto del Veni Creator Spiritus, interpretado por fray Vicente Muñoz Esteban, O.P., acompañado al órgano por Joaquín Sarría, uno de los aspirantes a entrar en la Orden. Ante la comunidad reunida, fray Johan se postró en el suelo, siguiendo uno de los gestos propios del rito de profesión dominicana.

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El gesto tiene una fuerza especial. El candidato se abandona ante Dios y expresa ante la comunidad aquello que pide para continuar su camino.

La pregunta del prior es sencilla:

—¿Qué pedís?

Y la respuesta, profundamente dominicana:

—La misericordia de Dios y la vuestra de la Orden de Predicadores.

En ese momento quedaban reunidos simbólicamente muchos años de búsqueda, discernimiento, servicio y regreso a la vocación dominicana.

Una profesión celebrada en clave de fraternidad

El Evangelio proclamado aquel domingo invitaba a reflexionar sobre la corrección fraterna y sobre la responsabilidad que tenemos unos de otros dentro de la comunidad cristiana. A partir de este texto, fray Pedro Juan centró su predicación en la fraternidad, una realidad que consideró fundamental para la vida cristiana y, de manera particular, para la vida dominicana.

La fraternidad, recordó, «no es algo accesorio. Constituye la base de una vida cristiana vivida en comunidad. Frente a una sociedad en la que puede crecer la indiferencia hacia los demás y la tentación de vivir bajo el principio de “yo no me meto con nadie, que nadie se meta conmigo”, el Evangelio invita a recuperar la preocupación por el otro».

«No podemos vivir solos, porque tampoco podemos construir la felicidad aislándonos de los demás», apuntó el vicario provincial.

Fray Pedro Juan recordó que Jesús atrae especialmente a quienes se encuentran en situación de mayor fragilidad: los débiles, los desprotegidos y los pecadores. «No para culpabilizarlos, sino para acercarlos, sostenerlos y salvar al hermano».

«Desde esta perspectiva, la corrección fraterna no aparece como una condena, sino como una expresión de amor y responsabilidad», acotó fray Pedro Juan, al tiempo que manifestó que Jesús quiere una comunidad real, una comunidad que se reúna en su nombre y que sea capaz también de afrontar y resolver sus conflictos desde Él.

Fray Pedro aprovechó además el momento de la profesión religiosa para decir que estas palabras de Jesús sobre la corrección fraterna se nos daban como un regalo para reflexionar sobre la vida religiosa en comunidad, no solo sobre la vida consagrada, sino también sobre la vida de comunión con la Iglesia hoy reunida.

Santo Domingo y una vida que nace de la comunidad

Estas palabras también hicieron que se llevara la mirada a Santo Domingo de Guzmán. «Desde los comienzos de la Orden, la comunidad ocupó un lugar central en la vida de los frailes. Santo Domingo quiso que la predicación de la gracia brotara de una vida comunitaria y contemplativa. La predicación dominicana no debía ser una tarea aislada, sino el fruto de una vida compartida: hermanos que oran, estudian, conviven, disciernen y se preocupan unos por otros», dijo el vicario provincial.

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En ese contexto, la profesión de fray Johan adquiría un significado particular. El camino que comenzaba de nuevo no era un camino individual, sino una incorporación a una fraternidad. Fray Pedro Juan invitó a fray Johan a no olvidar nunca esta dimensión comunitaria de su vocación: vivir siempre en comunidad y hacer de la preocupación por el hermano uno de los centros de su vida dominicana.

Una historia vocacional que vuelve a encontrarse

La profesión del 6 de septiembre era, además, el resultado de una historia que comenzó muchos años antes. Johan José Araujo Serrano nació el 22 de noviembre de 1991 en Guanare, estado Portuguesa, Venezuela, en el seno de una familia cristiana. En 2011 ingresó en la Orden de Predicadores y realizó los estudios de filosofía en el Instituto de Teología para Religiosos (ITER) de Caracas.

Después de culminar esta etapa de prenoviciado, en la que terminó de estudiar filosofía, dejó la Orden e ingresó en el Seminario Diocesano San Buenaventura de Mérida, enviado por la diócesis de Guanare, a la que pertenece. Allí realizó sus estudios de teología. Fue ordenado diácono el 19 de mayo de 2018 y, unos meses después, presbítero, el 12 de diciembre de ese mismo año.

Durante cuatro años ejerció como párroco de la parroquia Inmaculada Concepción de Guanare. Posteriormente fue enviado a España, al servicio pastoral de la diócesis de Cádiz y Ceuta, donde durante tres años fue párroco de Nuestra Señora del Valle de Ceuta.

Fue durante esos años cuando la Orden de Predicadores volvió a ocupar un lugar importante en su camino. Johan retomó el contacto con la Provincia del Rosario a través de las Hermanas Dominicas Venezolanas de Santa Rosa de Lima, quienes se encontraban de paso por Madrid rumbo a recibir una casa que les ofrecieron en Orense para instalarse allí con una comunidad. Ellas sirvieron de enlace para que conversara con fray Marcos, promotor vocacional del vicariato, ambos sostuvieron conversaciones para su regreso a la Orden; cabe destacar que él había tenido también experiencia con la Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo, en la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia, es decir, podría decirse que nunca se salió o se alejó de la Orden. Fray Johan además tiene una hermana religiosa dominica en Venezuela @dominicasvzla es su hermana menor.

 

Aquel reencuentro dio paso a un nuevo discernimiento y finalmente a la decisión de regresar a la Orden. Tras un tiempo de prenoviciado, unido todavía al servicio pastoral que realizaba en Ceuta, fue enviado al convento de Santo Tomás de Aquino de Sevilla, de la Provincia de Hispania.

Comenzó el noviciado el 7 de septiembre de 2025, junto a otros seis frailes. Un año después, concluido este tiempo de formación, regresó a Madrid para realizar sus primeros votos.

Y así, el 6 de septiembre de 2026, prácticamente un año después de comenzar el noviciado, fray Johan pronunciaba su profesión religiosa en San Pedro Mártir.

Un abrazo que expresa una historia compartida: ¡bienvenido a casa!

Después de la profesión llegó uno de los momentos más cercanos y familiares de la celebración. Fray Johan recibió el abrazo de los frailes de la comunidad conventual, de los otros hermanos de la Orden que habían venido a acompañarlo y de los sacerdotes diocesanos amigos que quisieron estar a su lado.

Fue un abrazo que expresaba la acogida a una nueva etapa, pero también la historia compartida que había hecho posible llegar hasta allí.

Posteriormente, fray Johan realizó una sentida acción de gracias. Con palabras cargadas de gratitud fue recordando a quienes habían acompañado su camino vocacional y a tantas personas que, de una u otra manera, habían dejado huella en su historia.

La celebración concluyó, pero la fraternidad continuó fuera del templo. Frailes, aspirantes, laicos dominicos de este convento, algunos de los hermanos laicos dominicos de la fraternidad laical de Nuestra Señora de Atocha, jóvenes de la parroquia y amigos compartieron un sencillo momento fraterno. La jornada terminó así como había comenzado: en comunidad.

Una comunidad reunida alrededor de la eucaristía, de Santo Domingo y de una vocación que, después de recorrer caminos diversos, vuelve a pronunciar ante Dios y ante sus hermanos una misma petición:

«La misericordia de Dios y la vuestra de la Orden de Predicadores».