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Profundización en cuestiones de vida fraterna, conventos y solidaridad en la Orden de Predicadores

  Aunque hoy ha habido algún momento para que trabajaran las comisiones, la mayor parte del tiempo hemos estado reunidos en asamblea plenaria. El Maestro tenía interés en que volviéramos a tratar asuntos que no habían quedado suficientemente hablados ni aclarados, como se manifestó en el número de abstenciones que hubo en las votaciones orientativas (de las que hablamos en la crónica del viernes, día 19). En concreto hemos vuelto sobre dos asuntos: la necesidad que tiene la Orden de conventos y casas; y la solidaridad con aquellas instituciones subvencionadas por la curia.

El convento facilita que la predicación se exprese como propia de la comunidad

  Para nuestra misión necesitamos conventos y casas. Por sí mismo, un convento no garantiza la calidad de la vida fraterna. Del mismo modo que una familia puede tener una casa y no un hogar, nosotros podemos tener un convento, pero no una fraternidad. Con todo, el convento ofrece mayor estabilidad y permite una serie de elementos fundamentales para nuestra vida, que no pueden darse en las casas: la elección de superiores, que haya capítulo conventual, una adecuada representatividad en los capítulos provinciales. El convento facilita que la predicación se exprese como propia de la comunidad, así como la itinerancia, sin romper el ritmo de nuestra oración diaria.

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  Estas dimensiones están en peligro en algunas partes de la Orden. Una provincia necesita dos o tres lugares (conventos) donde la vida dominicana se pueda vivir más plenamente. Necesitamos conventos donde los hermanos sean formados, no por uno o dos hermanos, sino por toda la comunidad, mostrando así los distintos modos de ser un predicador. Una de las razones por la que los jóvenes son atraídos es la dimensión conventual de nuestra vida.

  Algún hermano notó la tendencia que hay en algunas provincias a sacrificar las comunidades pequeñas que, a veces, pueden tener una influencia apostólica importante. Muchos insistían en la importancia de la misión. Hubo quien dijo que no debemos hacer de los conventos algo cuantitativo y legal. Otro dijo que la vida común nos identifica como dominicos. Necesitamos de la vida común para ser predicadores. En cualquier caso, en grandes o pequeñas comunidades, tiene que haber vida fraterna. Por tanto, un número mínimo de frailes en la comunidad es importante.

  Se cerró el debate sobre conventos y casas y se abrió de nuevo el de la solidaridad. Se comenzó por notar que unas 12 entidades de la Orden son vulnerables; por ejemplo, no son capaces de asegurar, por ellas mismas, la formación inicial y, a veces, tienen necesidades materiales sin cubrir. La vulnerabilidad alcanza a algunas instituciones bajo el cuidado directo del Maestro. Esto hizo que volviéramos a preguntarnos por la necesidad de las contribuciones de las provincias a la Curia general.

Hermanos en la Orden

  Se dejó claro que en el cálculo de esas contribuciones se descuentan los gastos de formación, de sanidad y de solidaridad. Se insistió en la necesidad de ser transparentes a todos los niveles, tanto las instituciones que reciben subvenciones, como las provincias a la hora de presentar sus cuentas para el cálculo de las cuotas. La solidaridad parte del principio de que somos hermanos en la Orden antes de ser hijos de una provincia. Y de que hay muchas instituciones, necesarias para la misión de la Orden, que nunca serán rentables.

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  En el habitual coloquio de la tarde hemos seguido, en cierto modo, hablando de dinero y de solidaridad. Fray Juan Luis Medievilla, síndico de la Orden, nos ha puesto al corriente de las grandes necesidades del edificio de Santa Sabina, donde está la Curia general. En este edificio emblemático, la Curia se ha gastado muchas de sus reservas, y aún hace falta gastar más. El edificio necesita ser renovado. Además de las dificultades económicas, nos encontramos con dificultades legales.

  La basílica, del s. V, es propiedad del estado italiano, pero como la tenemos en usufructo, los gastos de mantenimiento son nuestros. Lo que urge ahora es rehabilitar un pabellón conocido como “Ala Passarelli”. Para no aburrirles con detalles técnicos, me limito a informar que el Síndico de la Orden ha solicitado varios millones de euros para estos arreglos. Se hará una campaña de recogida de fondos y se informará a las distintas ramas de la Familia Dominicana.

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  Por último, se ha informado de la situación de la primera Universidad de la Orden en África, concretamente en Nigeria. Se trata de un proyecto ambicioso, para el que también se requiere dinero. El estado nigeriano no ayuda a las universidades privadas, pero para nosotros es una oportunidad de predicar la verdad y combatir el error. Sólo cuento un detalle. En Nigeria hay muchas universidades privadas, que son propiedad de iglesias pentecostales. Ahí se adoctrina a los jóvenes. Muchos católicos entran en esas universidades como católicos y salen como pentecostales. Las otras órdenes religiosas ven con simpatía e interés este proyecto nuestro. Por supuesto, una de las facultades de la Universidad será la de teología.

  Esta mañana, al acabar la eucaristía, me he enterado del fallecimiento de nuestro hermano fray Flannan Aidan Hynes. Al comenzar, a las nueve horas, la primera sesión plenaria del día, el moderador ha informado a todos de este triste acontecimiento. Flannan, aparte de otros cargos en la Orden, trabajó durante muchos años en un barrio pobre y marginal de la ciudad de Montevideo. ¡Descanse en paz!

  El predicador de hoy, en la fiesta de Santa María Magdalena, ha sido fray Saulius Rumsas, de la Provincia de Francia. Magdalena va de madrugada al sepulcro, ha dicho. No espera al día para buscar a Jesús. Se pone en camino cuando hay tinieblas, cuando todo parece oponerse. Porque lo que la mueve es el amor. También para nosotros Dios parece estar en tinieblas, pero no debemos cansarnos de buscarlo.

Fr. Martín Gelabert, O.P.