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Catalina, maestra de vida en el espíritu

29 de abril de 2021

santa catalina hozana

Dicen que el tiempo presente escucha a los maestros, pero más escucha a los testigos, y que, si escucha a los maestros es porque son, también, testigos. Este es el caso de Catalina, declarada Doctora de la Iglesia, o sea, Maestra, por ser testigo excepcional, por tener una sabiduría que, en su caso, le viene por su experiencia de Dios y por su vida de fe.

¿Quién era la carismática Catalina de Siena? Joven influyente, aguerrida, mediadora: ¿cómo influyó en su tiempo y cómo hoy inspira concretamente el cotidiano de mujeres y hombres de todas las edades? Estos serán algunos de los tópicos presentes en el inédito itinerario en línea de siete días: “Catalina de Siena, maestra de vida en el espíritu”. Este itinerario es lanzado por los Dominicos en Hozana para dar a conocer a Catalina de Siena, cuyas características hacen de su magisterio no sólo su enseñanza escrita, sino un testimonio de vida que resuena con fuerza en nuestro tiempo. A partir del 29 de abril quienes se inscriban a este itinerario recibirán gratuitamente una serie de siete meditaciones, una interesante propuesta que combina espiritualidad e historia.

7 días con Santa Catalina de Siena en Hozana

En la misa de exequias de la santa, el fraile –maestro en teología– que debía hacer el panegírico correspondiente, al no poder casi hablar por el gentío presente, exclamó: Catalina no necesita nuestras predicaciones, porque bastante predica y se da a conocer por sí misma”; y bajó sin acabar o, mejor dicho, sin ni siquiera comenzar su oración». En efecto, la vida de Catalina es su primera predicación, su primer magisterio es su vida. Esa fe vivida se vuelve doctrina, pensamiento, explicación... Ambas cosas, la palabra y el ejemplo forman la completa predicación de Catalina. Por eso es maestra de vida, enseña con su palabra y con su vida.

Más aún, Catalina es maestra de vida en el Espíritu. Y ¿cómo se enseña la vida en el Espíritu? Simplemente, siendo espejo y siendo instrumento para que la vida del Espíritu llegue a otros. Raimundo de Capua, confesor y primer biógrafo de la santa, confiesa: «ella era verdaderamente para nosotros una madre que nos paría de día en día del seno de la mente, esperando hacernos a imagen y semejanza de Cristo, y los nutría asiduamente con el pan de la sana y útil doctrina».

El magisterio vital de Catalina, según este testimonio, es su maternidad espiritual. Ahora bien, la maternidad física es una posibilidad que sólo ofrece el cuerpo de la mujer. Es un espacio de receptividad: puede recibir a «otro ser» en su intimidad, hacerle sitio y nutrirlo para que crezca, hasta que, cuando madura suficientemente y puede comenzar a ser autónomo, lo hace salir. El útero femenino es, pues, un espacio de acogida y de nutrición, y a la vez, un motor de autonomía para que el otro pueda ser otro, autónomo. Catalina, en realidad, sin ser madre biológica, ha sido madre espiritual, y mucho. Es en el seno de la mente, como dice Raimundo, donde Catalina paría a sus hijos, y este espacio es lo que ella ha llamado la «celda interior». En efecto, esa celda interior fue su espacio de receptividad para consigo misma, y para con Dios, para encontrarse y encontrarlo y también para recibir a los demás. Solo descubriendo la verdad de nosotros mismos y la bondad de Dios, podemos acoger y nutrir a los demás. Por eso la celda interior, es en Catalina, un espacio de fecundidad apostólica. No hay fecundidad, ni vida nueva en el Espíritu, sin interioridad receptiva.

Por otro lado, es verdad que la mujer sola no engendra la vida, pero una vez engendrada, la mantiene y la nutre en su cuerpo mediante la sangre. Da la vida, dando su sangre, pues por la sangre le llega al hijo todo alimento materno. La sangre en la mujer es signo de vida entregada. Este tema no es ajeno a nuestra santa porque, como dijera Pablo VI: «¿Quién habló de la sangre como Catalina?» La sangre es la entrega de la vida en el amor, la de Jesucristo, el primero, pero en Él, también la de ella misma. Ella no se cansaba de ofrecer su vida sacerdotalmente para lavarle la cara a la Iglesia y llevar la paz al mundo. No hay fecundidad, ni vida nueva en el Espíritu, sin entrega generosa de la propia vida.

De este modo, desde la celda interior y con la sangre, Catalina paría y nutría en sus hijos a Cristo, esto es, plasmaba y modelaba la belleza de la figura de Cristo en cada uno. Es nuestra tarea también, como predicadores, como testigos, la de ayudar a despertar y a formar en los demás la figura de Jesús. Dicen que el tiempo presente escucha a los maestros, pero más escucha a los testigos, y que si escucha a los maestros es porque son, también, testigos. Mirando este testimonio, aprendamos e imitemos, para que este magisterio de vida continúe. Para comenzar el itinerario de siete días con “Catalina de Siena, maestra de vida en el espíritu”, inscribirse en Hozana.

Fray Germán Pravia OP, de Hozana