Presentación de libro sobre el Monasterio de Bormujos
6 de octubre de 2026
El próximo 6 de octubre a las 20 horas se presentará el libro «El monasterio de Santa María la Real de Sevilla y Bormujos: aproximación a su historia y patrimonio» del que es autor el doctor en Historia y laico dominico Carlos José Romero Mensaque, presidente de la Sociedad Andaluza de Estudios Dominicanos y miembro del Instituto Histórico de la Orden.
Este acto se enmarca en el Cincuenta Aniversario de la venida de este monasterio a la ciudad de Bormujos.
Santa María la Real es considerado el primer monasterio dominicano femenino de Sevilla y fruto de muy distintas iniciativas: la beata María la Pobre, el cenobio de Santo Domingo el Real de Toledo, el apoyo económico de miembros de la familia real de Castilla y Aragón y también de destacados miembros de la nobleza sevillana…Todos estos factores conocidos y seguramente otros todavía por documentar hicieron que el monacato dominicano fuera una realidad.
La historia de este monasterio no es nada fácil de investigar por falta de documentación, tanto directa como indirecta, especialmente en lo que respecta a los siglos XV y XVI. En cada uno de los capítulos veremos cómo la comunidad vivió en clara precariedad económica durante toda su historia habiendo de sostener no ya solo la subsistencia de las monjas y la observancia de su instituto oracional y de culto, sino también la siempre débil fábrica del cenobio en todas y cada una de sus dependencias: iglesia, coro, celdas, dormitorios, cocina…y, además, la de los muchos empleados y sirvientes al cuidado de los distintos oficios: médico, cirujano, donados, mandaderos. Finalmente-y no menos importante- las niñas educandas y pupilas y también las señoras, normalmente viudas, que vivían también con su servidumbre en celdas y que suponían una importante ayuda económica, pero también dificultaban y no poco la vida y misión de la comunidad monástica. En definitiva, el monasterio era como una gran ciudad dentro de la ciudad.
Para ello contaban con las dotes que cada novicia debía aportar en su profesión y un conjunto heterogéneo de fincas y casas dada en tributos, los juros, las capellanías y, sobre todo, las limosnas o donativos de familias o personas concretas de la nobleza y burguesía, de donde procedían muchas pupilas y futuras vocaciones y también las pensiones de las señoras que allí vivían.
Pero esta estructura económica se acaba traumáticamente con las leyes desamortizadoras del gobierno en la primera mitad del siglo XIX. A partir de entonces Santa María la Real vive hasta tiempos muy recientes de las dotes, algunas aportaciones institucionales como, sobre todo las pensiones de las monjas mayores y de organismos nacionales y locales, el trabajo de las monjas referido a la confección y bordado y, sobre todo y ante todo los donativos particulares de personas de la feligresía que tenían una relación entrañable con la comunidad y estaban siempre muy pendientes de sus necesidades y en una gran cantidad de ocasiones se hacían cargo de dotar a las novicias.
Hoy en día también ha desaparecido todo el entramado de personas seglares que estaban empleados por la comunidad al hacerse cargo ésta de todas las funciones necesarias para el sustento e instituto. Tampoco se exige la dote para el ingreso. Ni hay distinción entre las monjas profesas y las legas. Ni la clausura, siempre fundamental, tiene las connotaciones negativas de los tiempos pretéritos… Viven de su trabajo fabricando y vendiendo dulces artesanales, así como de las pensiones de las monjas mayores y evidentemente de los donativos que tantas personas aportan en reconocimiento a su carisma y oración.
En el estudio histórico hemos querido prestar una especial atención a las personas de las monjas, conocer sus nombres y oficios, sobre todo las prioras, cómo vivían, cómo rezaban, sus momentos de alegría y entusiasmo incluso y aquellos otros de incertidumbre, de extrema pobreza, de persecución, de tener que abandonar su cenobio tanto en 1868 (aunque pudieron volver) como el traslado definitivo desde su sede de San Vicente a Bormujos…y, por supuesto, el momento de la muerte de cada hermana, que siempre es muy especial y edificante: la comunidad acompaña en el tránsito, reza, da gracias por su vida y guarda su memoria.
Un aspecto fundamental en la historia de este monasterio ha sido la agregación de otras comunidades dominicanas: primero la de Santa María de Gracia en el siglo XIX y luego, ya en los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI los de Santa María de los Reyes y Santa Catalina de Osuna. Cualquiera de ellos precisa y merece una monografía, pero por mor del tiempo, el espacio y otras circunstancias no ha sido posible hacerlo ahora.
Hoy en día la comunidad de Santa María la Real, en la línea del Concilio y de su vocación dominicana, vive centrada en la oración, el estudio y también en la misión compatible con la clausura y que se concreta en el servicio a la feligresía próxima al monasterio con la oración y culto en su iglesia, promoción de actividades en su salón de actos y especialmente en la fundación y acompañamiento de una fraternidad de dominicos seglares
El capítulo dedicado al patrimonio quiere ser un estado de la cuestión respecto a las piezas no solo de Santa María la Real, sino también de los monasterios agregados y que hoy conforman uno solo: Santa María de Gracia, Santa María de los Reyes y Santa Catalina de Osuna. Por esa razón es breve y conciso, deteniéndonos solo en algunos aspectos menos estudiados y teniendo muy en cuenta el trabajo predoctoral de Ana Pérez Tena, a la que nos remitimos en muchos aspectos y también la gentileza de compañeros especialistas en Historia del Arte como José Luis Romero Torres y María Teresa Ruiz Barrera que ha estudiado las pinturas miniadas y cartas de profesiones.
D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.