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Revista CR: La resistencia, para no perderse uno mismo y servir a los demás

1 de noviembre de 2019
Etiquetas: Estudio

Revista CR: La resistencia, para no perderse uno mismo y servir a los demás

No es una necesidad solo de nuestro tiempo, siempre ha sido saludable tomar distancia, ser espectador y analizar, tomar conciencia de la vida que vivimos, de los datos que manejamos, de los valores en los que creemos y de las valoraciones que concedemos, de nuestra realidad: la de cada uno y de todo lo que le rodea.  

En todos los tiempos hay circunstancias, hechos (políticos, sociales, religiosos), que reivindican del ser humano respuestas, posturas, opciones, de resistencia. ¡No!... no aceptar situaciones que degradan la vida, que puedan sellar el corazón con la amargura, que nos aíslen de nosotros mismos y de los demás…, ¡resistir! 

         Resistir contra aquello y aquellos que pretenden lo inhumano y, siguiendo la línea de pensamiento de V. Frankl, no olvidar la capacidad intrínseca del ser humano para buscar continuamente el sentido de la vida bajo todas las circunstancias: “El sentido incondicional, sin embargo, viene acompañado del valor incondicional de cada persona. Esto es lo que garantiza la cualidad indeleble de la dignidad humana. Al igual que la vida continúa siendo potencialmente significativa bajo cualquier condición, incluidas las más deplorables, el valor de cada persona permanece también con ella” (La voluntad de sentido) ¿Quién puede negar al ser humano su libertad?: “El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física”.

         Resistir, permanecer y no perderse, ni diluirse en las tinieblas de los hechos, ni abandonar el timón de la propia nave, ni dejarse llevar en un mar de incertidumbres que pretende, incluso, confundir el día y la noche…

         Resistir, para saber por qué hacemos lo que hacemos, vivimos cómo vivimos. Saber el “porque” significa el comienzo de la libertad y la oportunidad de encontrar el sentido en nuestra vida. Saber el “porque” es una responsabilidad ética de todo ser humano. Si ahondamos lo suficiente, alcanzaremos las dos cosas que más nos motivan: el amor y la conciencia. “La verdad es que el amor constituye el objetivo último y más elevado que el hombre puede aspirar”

         Resistir, para no perderse uno mismo y servir a los demás en conciencia y con amor. De nuevo V. Frankl tiene algo que decir: “El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda. Conoce el “porque” de su existencia y podrá soportar cualquier “cómo”. (El hombre en busca de sentido

         Emulando el poema de R. Tagore que decía: Yo dormía y soñaba / que la vida era alegría. / Me desperté y vi /que la vida era servicio. / Serví y vi / que el servicio era la alegría.   La vida, en muchas ocasiones, pide y exige capacidad de resistencia. Resistir es oportunidad de comprobar de qué somos capaces y seguir adelante. La resistencia se convierte en alegría, era la alegría.

 

Número Nº 530 (septiembre-octubre, 2019)

LA RESISTENCIA, para no perderse uno mismo y servir a los demás.

         Resistir, no referido a aguantar, a resignarse, adoptar una postura de tozudez o cerrazón. Resistir, más bien, en relación con perseverancia, esfuerzo, constancia. Resistir, desde y por una motivación que en sí mismas es un valor por el que merece la pena permanecer, continuar, perseverar, que invita a la esperanza. Resistir, no es una postura irracional, es algo razonable, conveniente, enriquecedor, respuesta de fidelidad y propuesta de libertad y liberación.

         Planteada esta cuestión para un dialogo, inmediatamente apareció otro término: resiliencia, crecer desde la adversidad. “La resiliencia es la capacidad de un grupo o de una persona de afrontar, sobreponerse a las adversidades y resurgir fortalecido o transformado”. (Anna Forés y Jordi Grané). La resiliencia, el arte de rehacerse. “Resiliencia” significa, literalmente, “elasticidad”. También es definida como “capacidad de adaptación” o “capacidad de resistencia” (Monika Gruhl) 

          El fracaso y el éxito, la derrota y el triunfo, el sufrimiento o la felicidad… ¿De quién y de qué dependen? Podríamos afirmar que depende, con frecuencia, de uno mismo. Si me empeño en que algo salga mal, puedo tener la seguridad de que saldrá mal. Según sea la razón y el sentido de mi vida, así será mi vida, como yo la haga.

         Hay una fábula de Charles Péguy que nos cuenta que un monje en una peregrinación a Chartres atraviesa una cantera de piedra y se encuentra con un transportista rompiendo piedras "¿Qué está haciendo, señor?", pregunta. Le responde: - Ya ves, rompo piedras, es duro, tengo dolor de espalda, tengo sed, tengo calor. Estoy haciendo un trabajo secundario, soy un hombre secundario. Se encuentra con otro, y le hace la misma pregunta: - Y bien! Me gano la vida... No he encontrado otro trabajo para alimentar a mi familia y estoy muy feliz de tener este. Finalmente, se encuentra con un tercer "rompe piedra" sonriente y radiante que realiza su tarea con vigor y entusiasmo:
Reiterando la misma pregunta, respondió con un brillo en sus ojos: - Yo, señor, estoy construyendo una catedral...

         El cómo se vive lo que hacemos, según esta fábula, lo expresa cada cual. Así como el sentido que se da a la vida permite o no, en situaciones trágicas, abrirse a los aspectos positivos de la existencia o no.    

         El fracaso y el existo, la derrota y el triunfo, el sufrimiento y la felicidad, no son invenciones o cuestiones de la imaginación, son experiencias del ser humano. Y de lo que se trata es de que esas experiencias no hundan a la persona, ni la paralicen, ni la adormezcan, ni la desesperen, ni la debiliten, ni la acomoden en la resignación, se trata de resistir. Lo mismo, cuando todo lo dicho amenaza o viene desde fuera y se puede ser víctima… No hay que abandonarse, resistir la dureza de las condiciones exteriores. Y puede ser a título individual o colectivo, sea lo que sea, beneficio propio o necesidad de la colectividad, de la comunidad, resistir. El resistente no anhela el dominio, ni la colonización, ni el poder. Quiere, ante todo, no perderse a sí mismo, pero, de una manera muy especial, servir a los demás. Esto no debe confundirse con la protesta fácil y tópica; la resistencia suele ser discreta. (J. M. Esquirol)

         La resistencia, por tanto, fortaleza ante las dificultades que puedan venir del exterior, de nuestro entorno, y de nuestro interior, de nosotros mismos.  Existir es, en parte, resistir. Así se afirma que el hecho de resistir no es una cuestión circunstancial, es algo más: es una manera de ser, un movimiento de la existencia humana, pero, sobre todo, como condición de posibilidad, de lo contrario se puede caer en un “aguantarse”, “no queda más remedio”, en una resignación paralizante y agotadora que oscurece y adormece, imposibilita, invalida. Resistencia tampoco es inmunología, por tanto, todo aquello que deshumaniza, en cualquier contexto de nuestra existencia, no puede pasarse por alto. Llegamos al extremo de que el resistente es capaz de renunciar a muchas cosas e, incluso, in extremis, a su propia vida. Esto es un hecho donde hay un convencimiento, una confianza –fe-, una creencia de que “vivir bien” no lo es todo. 

         Convencimiento, confianza, creencia, que alertan ante la tentación de abandono, de la indiferencia, de dar por perdido o agotado el sentido, el valor, la esperanza, que en circunstancias no contaminadas por el poder, la mentira, la venganza, el egoísmo, la injusticia, etc. … inspiran nuestra vida, nuestra existencia, nuestros compromisos.

         Un convencimiento, confianza, creencia, que nos hace conscientes del valor de los demás, de los que nos acompañan, de los que amamos. “Cuanto más hermosos y ricos son los recuerdos, más dura resulta la separación. Pero la gratitud transforma el suplicio del recuerdo en una callada alegría. Uno no lleva en si el hermoso pasado como si fuera un aguijón, sino como un valioso regalo.” Es la reflexión de D. Bonhoeffer en la prisión militar de Berlin-Tegel, en la Nochebuena de 1943.

         La resistencia, para no perderse uno mismo y servir a los demás. Decisión y opción que está más allá de la obligación, del cumplimiento, del deber, es un acto de responsabilidad.  Es un signo cristiano, consecuencia del amor. El amor no mira lo que está mandado, ni lo que es una obligación, ni lo que está “bien visto” (cfr. Lc 6, 27-38; Mt 5, 38-48). El amor siente y expresa gratuitamente el deseo de bien para el otro; es una toma de postura, una opción, por el prójimo.    

         “¿Quién se mantiene firme? Sólo aquel que no utiliza como norma suprema su razón, sus principios, su conciencia, su libertad, su virtud, sino que es capaz de sacrificarlo todo cuando la fe y la sola unión con Dios le exhorta a una acción de más alta obediencia y responsabilidad, aquel cuya vida no quiere ser nada más que la respuesta a la pregunta y a la llamada de Dios. ¿Dónde están estos responsables?” (D. Bonhoeffer)

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