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La dimensión contemplativa de nuestra vida dominicana

30 de marzo de 2017

La dimensión contemplativa de nuestra vida dominicana

Texto de la conferencia que el Maestro de la Orden pronunció en la reunión del Consejo interprovincial de USA celebrado el 30 de junio de 1982 en Providence College

En mi primera carta a la orden, yo abría el siguiente interrogante:¿ "Quién, entre nosotros, realmente ora?". La respuesta que cada dominico le haya dado, permanece en el secreto de Dios. A cada uno le toca formulárselo. Personalmente, creo que un cierto número de hermanos experimentan hoy un verdadero deseo, una verdadera sed de oración y de contemplación, y lo prueban todos aquellos que un poco por todas partes me preguntan qué ha sido de aquella carta que hace tiempo anunciara sobre este tema. Hay también dominicos que no conocen quizá ese deseo punzante, pero que sienten de un modo confuso que alguna cosa importante falta en sus vidas. Y se preguntan qué han de hacer. Se escucha con frecuencia: "Yo no tengo tiempo", o también, "No se me ha enseñado a orar en el noviciado".

Es, pues, de la oración de lo que quiero hablarles, más bajo un aspecto particular. No hablaré de la oración en sí; no faltan libros sobre eso. Mi intento quisiera ser más realista, existencial, y partir de aquello que no podemos no vivir como dominicos, y mostrar cómo eso nos invita, nos abre a la oración privada y llega a suscitar en nosotros una relación viviente a Dios (es de este modo como designo a toda oración privada) que, desde que se intensifica, se prolonga, se convierte en mirada y amor, escucha y acogida de Dios, merece ser llamada contemplación.

Yo partiré, pues, de tres valores o elementos característicos de nuestra vida que santo Domingo estableció él mismo el día en que dispersó a los primeros frailes. A la pregunta que le dirigieran éstos: ¿ "Qué vamos a hacer a París, a Bolonia, a Roma?", él les respondió: "Predicar, estudiar, fundar conventos". Y sabemos que para él la predicación debe proceder de la abundancia de la contemplación. Como esa relación viviente a Dios se imprima en lo concreto de la vida, podremos hablar de la "dimensión contemplativa de nuestra vida dominicana". Concluiremos con algunas consideraciones sobre el "ritmo de la oración".

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