Dom
7
Jun
2015

Homilía Corpus Christi

Año litúrgico 2014 - 2015 - (Ciclo B)

Haced esto en conmemoración mía

Pautas para la homilía

Han pasado muchos años y en la historia de la Eucaristía se han ido motivando y descuidando aspectos, por eso los cristianos necesitamos recordarnos los rasgos esenciales como la primera comunidad cristianas vivía esta última cena de Jesús. Se ha destacado demasiado el aspecto sacrificial de la Eucaristía y debiéramos destacar también el aspecto de comunión fraterna, para que no sea una burla cuando participamos todos, satisfechos y necesitados, aprovechados y marginados, sin que la celebración parezca que cuestione a nadie. Si falta fraternidad sobra la Eucaristía. Para que la celebración no nos alimente el egoísmo se debe tender antes a la fraternidad vivida, a resolver injusticias, a perdonar.

La comunidad primera tenían muy claro que la celebración de la cena del Señor era un encuentro con Jesús vivo que les daba fuerza para conocerle mejor, seguirle, vivirle en la comunidad y en el mundo. Ellos no se sentían solos, ni nadie les podía quitar su comunión con Jesús, ni siquiera su muerte; no sentían el vacío de Jesús, sino que le tenían presente de otra manera: la celebración alimentaba su fe, gustando el pan de la Palabra y comiéndole, porque les ayudaba a seguir identificados con él y a vivir como él vivía.
 

  • Para ellos era una pascua preparada, pero no de sus elementos externos, ritos y sus componentes, sino de las implicaciones que iba a acarrearles. Se trataba y trata de la celebración de la vida de Jesús entregada libremente, regalada por amor, sin limitaciones desde su encarnación hasta su muerte. Una vida entregada que implica sangre derramada que no se recupera, pero que lo hace Jesús por amor total y asimétrico por nosotros (que no está en proporción con lo que nosotros le amemos a él), que el Padre resucita.
  • Esta vida entregada, tan propia de la espiritualidad de la pascua se nos entrega como pan del cielo, para que comiéndolo, asimilemos la vida de Jesús, si queremos vivir de verdad. Como el pan que comemos nos viene de fuera y dependemos de él, así hay que introducir la vida de Jesús dentro de nosotros y si no la comemos, venida del cielo, no podemos vivir. Cuando estamos sentados a la mesa, comiendo juntos varias veces al día, debiéramos pensar que todos necesitamos alimentarnos de algo que nos viene regalado, si no morimos y, también, caer en la cuenta que no somos más que nadie, ni superiores a los demás, pues dependemos todos de lo que se nos regala desde fuera.
  • Vida entregada que es expresión de la vida de Jesús, solidario con todos los hombres, que nos debe hacer solidarios a nosotros. Nos habla a los que solo sabemos comprar, de compartir lo que tenemos. Nos habla de humanidad, de abrirnos a los que tienen hambre solidariamente y a no tener más que lo justo y no acaparar más.
  • Era impensable no llevar nada a la Eucaristía para compartir, teniendo de sobra, suprimir la parte de la ofrenda era olvidar al pobre. Jesús no puede bendecir nuestra mesa si guardamos nuestros panes y peces para nosotros o es que ¿acaso basta hacer una oración general por todas las necesidades del mundo sin más o echar la calderilla al cestillo de la colecta?
  • Les empujaba a una vida solidaria y compasiva, vida de pasión por vivir lo humano, por ayudar a los más desfavorecidos y vulnerables. No valía con que les diera lástima o pena, sino que tenían actuar la compasión y mojarse con los sufren. Solidaridad con los males e injusticias que causa nuestro mundo. No basta que nos conmuevan las catástrofes, las desgracias naturales, sino que también lo hagan: el paro, la violencia de cualquier tipo, las injusticias, …. Solidaridad como verdadera caridad, que implica más que dar limosna, dar la cara, aunque te la partan como a Jesús.
  • Les quitaba, no solo el afán de posesión, sino también todo rastro de exclusión. Entendían que lo que hizo Jesús fue trabajar por la unidad, por la comunión y llamar y sentarse con los más excluidos por cualquier motivo: desde su pecado hasta su condición social fuera la que fuera. La cena del Señor, les recordaba la causa de Jesús.
  • La cena del Señor les ponía ante la realidad de nuestro Dios. Es encarnado, tiene un cuerpo, es visible se le puede tocar y comer, se relaciona, entra en nosotros por los sentidos y por eso si quiero ser mejor, debo comer y beber del cáliz, no basta hacer más sacrificios, ni ascesis; si comulgo con Jesús, tengo que compartir mi pan, ni vida, mis posesiones, …. con los demás.
  • Resaltaban también el sentido evangelizador de la Eucaristía. Nosotros que compartimos la persona de Jesús y la celebramos escuchando su Palabra, somos invitados a generar una conciencia viva misionera. No celebramos como meros espectadores para alimentarnos solo nosotros, sino para compartir el alimento que recibimos con los demás, los alejados, los cercanos, quien sean.