Dom
25
Sep
2011

Homilía XXVI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2010 - 2011 - (Ciclo A)

Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios

Pautas para la homilía de hoy

Reflexión del Evangelio de hoy

  • No hay evangelización sin la creación de comunidades comprometidas

Estamos acostumbrados a que durante el año desfilen por nuestras parroquias o iglesias conventuales cientos de personas de todas las edades: bautizos, comuniones, confirmaciones, matrimonios, defunciones, fiestas de santos…Todas profesan su fe con los labios pero … ¿Cuántas de esas personas perseveran haciendo comunidad en torno a nosotros”? ¿Cuántas de esas personas están comprometidas en una lucha por la justicia y por la paz? Hace unos días nos decía Gustavo Gutiérrez en Caleruega, comentando los versículos finales del Evangelio de San Mateo, que no había verdadera evangelización si solo nos quedábamos en el anuncio de unos valores y no fomentábamos el discipulado, o el seguimiento de Jesús, haciendo comunidades comprometida con los valores de Jesús en la opción por los mas pobres. Y eso es válido para nuestras parroquias, iglesias conventuales, colegios y nuestras mismas comunidades de frailes y monjas. El sentido de la parábola del evangelio es claro: lo importante no es hablar sino hacer. Y el hacer se vive al interior de la comunidad cristiana y en el compromiso con mejorar el mundo que nos rodea con acciones palpables.

  • Los publicanos y las prostitutas en la delantera del reino de Dios

La parábola de Jesús pone al descubierto la falta de compromiso de sus interlocutores –escribas y fariseos- en la lucha por el reino, en la lucha por un mundo mejor y mas justo. Nos muestra además cómo los que eran considerados pecadores por el aparato religioso eran, en realidad, los únicos atentos a la llamada del reino. La conversión no es un asunto de solemnes proclamas o de prolongados ejercicios piadosos, sino una llamada impostergable a la fraternidad porque todos somos hijos e hijas queridos rodeados del cariño del Padre y poseedores de su Espíritu. Las palabras de Jesús herían la sensibilidad religiosa de las autoridades judías que se consideraban auténticos seguidores de Dios e inigualables hombres de fe, porque colocaba delante de ellos el testimonio de aquellas personas que eran consideradas una lacra social: las prostitutas y los publicanos. Estas eran profesiones terriblemente despreciadas, y quienes las ejercían eran considerados personas asquerosas e inadmisibles entre la gente de bien. Jesús ridiculiza todas esas valoraciones lanzadas desde los pedestales del sistema religioso y muestra, con los hechos que le rodean que la realidad es otra. La viejecita que echa una monedita en el peto del templo está mucho más comprometida que el rico religioso que echó una gran cantidad haciendo alarde de ello. La mujer que derrama sobre Jesús un caro perfume en la cena ha entrado mucho más en el Reino que los aristócratas que le invitaron a cenar. En los publicanos y las prostitutas tal vez veía Jesús “su humillación, un corazón más abierto a Dios y a su perdón, menos orgullo y prepotencia que en escribas y sacerdotes y sobre todo una comprensión y cercanía mayor a los últimos de la sociedad” (Pagola). Al final de la vida lo que importa será “lo que hicisteis a uno de estos pequeños” (Mt. 25,40) ¿Quiénes son hoy los “publicanos” y las “prostitutas” a quienes debemos de dar preferencia en nuestra tarea pastoral? ¿Quiénes son esos pobres que como decía Romero “me enseñaron a leer el Evangelio”?

  • Eucaristia y compromiso social van íntimamente unidos

Podría recordarse hoy –como Gustavo Gutiérrez nos lo recordó en Caleruega- que eucaristía (acción de gracias a Dios) y compromiso social van esencialmente unidos. Así nos lo quiso presentar San Juan en su evangelio cuando omitió la acción de gracias sobre el pan y el vino y colocó en su lugar el lavatorio de los pies como señal de servicio. Precisamente en este domingo nos ofrece San Pablo un precioso texto en su Carta a los Filipenses que nos recuerda esta actitud de servicio de Jesús (“se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo”) que debe impulsar “las entrañas compasivas” de todos los miembros de las comunidades cristianas. Ahora que comienzan las actividades de nuestras parroquias este texto de Pablo establece unos valores fundamentales que pueden sustentar el proyecto comunitario y pastoral. Y lo mismo que vale para nuestras parroquias vale para nuestras comunidades religiosas y para otros proyectos pastorales. “Reunirnos en el nombre de Jesús” significa una actitud clara de dejarnos invadir por “los sentimientos propios de Jesús” en toda nuestra vida.

Ni eucaristía sin compromiso ni compromiso sin eucaristía. Es precisamente en la eucaristía donde renovamos los sentimientos de Jesús de los que habla San Pablo en su carta. También hoy podemos recordar esto ante el vaciamiento de nuestras iglesias por los muchas ofertas dominicales del entorno humano.