Mié
18
Ago
2010
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 1-11

Me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y diles:
“¡Pastores!, esto dice el Señor: Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar las ovejas?
Os coméis las partes mejores, os vestís con su lana; matáis las más gordas, pero no apacentáis el rebaño. No habéis robustecido a las débiles, ni curado a la enferma, ni vendado a la herida; no habéis recogido a la descarriada, ni buscado a la que se había perdido, sino que con fuerza y violencia las habéis dominado.
Sin pastor, se dispersaron para ser devoradas por las fieras del campo. Se dispersó mi rebaño y anda errante por montes y altos cerros; por todos los rincones del país se dispersó mi rebaño y no hay quien lo siga ni lo busque.
Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: ¡por mi vida! —oráculo del Señor Dios—; porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje, y a ser devorado por las fieras del campo por falta de pastor; porque mis pastores no cuidaron mi rebaño, y se apacentaron a sí mismos pero no apacentaron mi rebaño, por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: Esto dice el Señor Dios: Me voy a enfrentar con los pastores:
les reclamaré mi rebaño, dejarán de apacentar el rebaño, y ya no podrán apacentarse a sí mismos. Libraré mi rebaño de sus fauces, para que no les sirva de alimento”».
Porque esto dice el Señor Dios:
«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré».

Salmo

Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.
Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?».
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más,
pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Reflexión del Evangelio de hoy

Lo de hoy es una parábola, no una alegoría. La parábola es un género literario en el que hay que buscar una verdad fundamental, hacia la cual se dirigen el resto de detalles, cuyo valor estriba no en lo que ellos mismos dicen sino en lo que ayudan a la comprensión de la verdad central. De esta parábola no se puede concluir la posible injusticia de no pagar al obrero según su trabajo o la de fijar salarios arbitrarios según el antojo o extravagancia del propietario. Hoy la verdad fundamental es: “El Reino de Dios es semejante a un propietario…” Un propietario, que favorece a los más pobres, para quien los últimos son como los primeros, no puede ser más que Dios.

  • “Vuestros caminos no son mis caminos, dice el Señor”

Si nos dejamos llevar por la espontaneidad y por “nuestros caminos”, todos nos rebelamos contra las injusticias a todos los niveles y en todos los terrenos. Y, en positivo, todos procuramos hacer las cosas según los parámetros del éxito y de la rentabilidad. Si la viña de la parábola fuera nuestra viña, intentaríamos hacerla rentable y competitiva, sirviéndonos de las marcas y medidas del mercado.

Si la viña fuera nuestra viña, no podríamos permitirnos el lujo de que “nuestros caminos” incidieran en vaciar nuestras arcas por una caridad “mal entendida”. Si el trabajo es el mismo, y la preparación para ejercerlo la misma, el salario deberá ser el mismo. Cualquier alteración de estos presupuestos supondría una injusticia o, en el mejor de los casos, una arbitrariedad inaceptable.

  • “Mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor”

Jesús, buen conocedor de “nuestros caminos”, replica a nuestro modo de pensar: “¿No te ajusté en un denario?... ¿Vas a tener malos ojos porque yo soy bueno?” En otras palabras: “Colócate en los caminos de Dios”. Aunque, de entrada, nos parezcan humanamente “injustos” y desconcertantes. Abandona tu lógica y colócate “en la lógica de Dios”. Recordemos la reprimenda de Jesús a Pedro: “Tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16,23).

La parábola de hoy critica cualquier postura religiosa en la que nos sintamos con derecho de reclamación ante Dios. Nadie, por más bueno que crea ser, puede exigir nada a cambio. Sencillamente se es: cristiano, religioso, seguidor de Jesús. Sin sentir nunca agravios comparativos ni derechos de preferencia sobre nadie. ¿Quién es primero, medio, último? Dejémoslo a Dios. Sólo él lo sabe. 

  • Beato Manés de Guzmán

Sabemos poco de la vida del Beato Manés. Pero, lo suficiente para que nos pueda servir de modelo entrañable en este día de su fiesta.

Nació poco antes que su hermano Santo Domingo. Entró en el Monasterio Cisterciense de san Pedro de Gumiel de Izán. Hacia el año 1216 ingresa en la Orden dominicana con su hermano. Y en 1217, en el Pentecostés dominicano, Fray Manés es enviado a París, donde funda el famoso convento de Santiago. Desde finales de 1219 y hasta 1234 estuvo de Vicario de las Dominicas contemplativas de Madrid, luego Santo Domingo el Real. Murió en el Monasterio Cisterciense de san Pedro de Gumiel a los 71 años.

La familia dominicana, al celebrar hoy su fiesta, tenemos la oportunidad de rememorar nuestros orígenes. Siempre es saludable recordar de dónde venimos, nuestros comienzos, para que, por más aggiornamento que le echemos a la vida, no perdamos nunca nuestra identidad.